Fragmento del texto inédito "En el torbellino", próximo a publicarse.
En su artículo “El narrador en la tormenta revolucionaria”, el ya mítico crítico uruguayo Ángel Rama rompió con todo lo que hasta ese momento se había publicado sobre el llamado Caso Padilla, y le aportó una mirada fresca a la autocrítica del poeta cubano Heberto Padilla, la noche del 27 de abril de 1971, en la sede de la Unión de Escritores y Artista de Cuba (UNEAC), donde —tras permanecer detenido más de un mes— confesó ser antirrevolucionario e involucró a otros a escritores y amigos en sus mismos “crímenes”. Ese cuadro, especial y aparentemente cuidado, fue el detonante del quiebre de buena parte de la intelectualidad latinoamericana y europea con la Revolución Cubana. “Estaba produciéndose en tierras americanas una confesión místico-socialista que seguía puntualmente el modelo de las confesiones en los procesos de Moscú en los años treinta, la cual, según el penitente dijo al comenzar, había sido pedida por él mismo y obviamente aceptada por sus colegas”, escribió Ángel Rama al introducir en el tema.
Pero destacó que su foco no estaba en esa escena integral ni en su protagonista, sino “en un actor secundario, poco o mal iluminado por los flashes periodísticos, en el cual sin embargo se tipifica la problemática del narrador dentro del vertiginoso sucederse de una historia revolucionaria. Analizada con objetividad, al margen de la emocional polémica que rodea estos sucesos, es tarea que compete a la crítica, pues es su misma existencia la que en ella se cuestiona”. Padilla enlodó en su autoinculpación, entre otros a su mujer Belkis Cuzá Malé, a Pablo Armado Fernández y a un joven Norberto Fuentes. Sin embargo, Fuentes, autor del libro de cuentos Condenados de Condado, con el que había ganado el premio Casa de las Américas en 1968, “a diferencia de los restantes escritores aludidos, se negó a hacer su autocrítica, reivindicó sus convicciones revolucionarias y se rehusó a convalidar las explicaciones espiritualistas de Padilla, las cuales, para mayor sorpresa, fueron aprobadas por los funcionarios culturales allí presentes”, describió Rama e insistió que “oponiéndose a la posición asumida por Padilla, Norberto Fuentes defendió su derecho a tener opiniones críticas sobre los organismos del Estado y sobre los diversos aspectos de la vida nacional, entendiendo que ése es un derecho de todo ciudadano y que es parte del normal debate sobre la ‘res pública’ que les compete”.
Una de los párrafos esenciales de “El narrador en la tormenta revolucionaria” es el momento cuando Ángel Rama planteó que si desde 1967, cuando ya Heberto Padilla comenzó a tener conflictos con las autoridades cubanas, se habló de un “Caso Padilla”, algo que se vino a “perfeccionar” con la autocrítica de 1971, “con igual razón habría que hablar de un caso estrictamente paralelo, el ‘Caso Fuentes”. Y subrayó que el silencio —en Cuba y fuera de la isla— en torno al “Caso Fuentes” se explicó por el hecho de que “no era utilizable por la guerra fría pues [Norberto] se declaraba revolucionario, no se ponía en contacto con los corresponsales extranjeros, etcétera. Hubiera correspondido al pensamiento de izquierda su consideración y el silencio que ha guardado es una acusación y un testimonio de su atraso”.
lunes, 27 de agosto de 2018
sábado, 7 de octubre de 2017
Jon Lee Anderson: “Al Che siempre le faltó un Fidel a su lado después de la Sierra Maestra”
Para el autor de la más reconocida biografía sobre el guerrillero, Ernesto Guevara “nunca fue político. Era un tipo intelectualmente muy logrado, era un tipo carismático casi por su anticarisma. Quizá su carisma más místico o mágico era su indignación social, lo cual era su detonante, su gatillo”.
Por Pedro Schwarze
Publicada en Semanal de T13 el 6 de octubre de 2017
La biografía Che Guevara. Una vida revolucionaria (1997), del periodista estadounidense Jon Lee Anderson, no se quedó en el libro solamente. Durante su investigación Anderson obtuvo en 1995 la información clave que hizo posible encontrar los restos del guerrillero y sus compañeros de armas junto a la pista de aterrizaje en Vallegrande, Bolivia. El libro sirvió de fuente relevante para las películas que dirigió Steven Soderbergh y que fueron estrenadas en 2008. El mismo Anderson fungió como asesor en los filmes. Y el año pasado se lanzó una versión en comic de la biografía, ilustrada por José Hernández.
Al cumplirse 50 años de la muerte de Ernesto Che Guevara, cuando militares bolivianos lo ejecutaron el 9 de octubre de 1967, Anderson sostiene en esta entrevista con T13 Semanal que el legado del guerrillero se mantiene latente y que se ha convertido en un símbolo de rebeldía al status quo. El periodista asegura que escribir esa biografía fue “una experiencia humana y política” y reconoce que hubo un cambio en la recepción de Cuba a su libro, de la descalificación al reconocimiento.
“Supongo que para algunos, en una época, pudo haber sido incómodo que un yanqui estuviera tan metido en sus temas. Yo sé que había malestar, nunca entendí porque nunca me lo hicieron saber y no era monolítico”, asegura. Y sobre los cuestionamientos de la hija del Che, Aleida Guevara, a su libro, es tajante: “Parece que ya no está molesta. Nunca he sabido por qué estaba molesta y en ningún momento me dio las gracias por ayudar a encontrar los restos de su papá, cosas que a mí me molestaron, francamente. Porque si ella se molestó, yo me molesté más por su molestia”.
-¿Por qué cree que sigue el interés por el Che a 50 años de su muerte?
-Primero por el hito del 50° aniversario. Además es un momento coyuntural en América Latina: ha muerto Fidel, finalmente, y murió Chávez. Los dos pilares en vida de lo que quedó de la época de revolución e idealismo de la izquierda en América Latina murieron en los últimos años. El Che queda como el pregón por excelencia, el santo patrón de eso. Supongo que es por eso, porque hay una especie de bajón o desazón en lo que es el idealismo, la ideología, más allá de la ideología de mercado, en las Américas y con un Trump en la Casa Blanca. Supongo que sí, que es un cruce de caminos que ofrece la posibilidad de rumiar sobre lo que pasó. El Che siempre ha inspirado interés por la forma en que vivió su vida y cómo la terminó. Como pocos hombres públicos de Occidente en el último medio siglo y más, ha sido un hombre consecuente con sus ideales. Eran ideales muy radicales, ostentó cambiar el mundo por las armas para crear un mundo socialista en plena Guerra Fría. Al final de la Guerra Fría, hace 25 años era el único que emergió de las cenizas con algo de romanticismo e ilusión. Ciertamente ningún joven en Italia ni en Lima andaban tratando de reivindicar el legado de Leonid Brezhnev. Era el Che Guevara, pues. Murió joven, bello, valiente, murió en aras de su ideal y eso es desde tiempos mitológicos, desde tiempos primordiales lo reconocemos como algo heroico y resuena en el imaginario popular.
-¿Pero se percibe de una manera distinta en América Latina que en Estados Unidos y en Europa?
-Creo que sí. Por supuesto que en América Latina está más cercana al mundo inconcluso. Tenemos una América Latina muy frágil en lo que es su estado de derecho, con los índices de homicidios más altos del mundo en media decena de países, con una narcoeconomía y una narcocultura muy arraigada que amenaza incluso a la estabilidad de algunas de estas sociedades. Estamos hablando todavía de una región muy incierta en torno a lo que es su configuración política futura, la consolidación de un estado de derecho que daría seguridad a sus sociedades. Creo que las Américas en general es todavía una olla en fundición. Estamos en un momento en que las piezas, todas, están en movimiento, como si el mundo político y social fueran placas tectónicas. Entonces el Che si bien está entendido como un ser universal, de referencia en lo que es un símbolo de desafío juvenil, sobre todo, al status quo, de rebeldía al status quo en cualquier tiempo y en cualquier lugar. El Che tiende a ser desvestido de su contenido. Cada generación se queda con la cara, al rostro, al emblema no más, y hay que volver a ponerle carne y hueso.
-¿Qué tanto queda del legado del Che?
-Depende de a qué legado te refieres. Si es el legado que buscó él, de ser alguien como en sus llamados más sonados o románticos, “con mi sangre nutriré el suelo que abonará las revoluciones futuras”, está ahí. En este momento no lo estamos viendo pero si anduviéramos entre los de las Farc, en Colombia, que acaban de dejar las armas, todos veneran al Che. Los elenos (los guerrilleros colombianos del ELN) me imagino que también. El Che es el ejemplo de lo que un hombre puede hacer cuando toma la decisión de empuñar un arma a partir de una indignación social y busca justicia de la manera que él la concibe. Hay muchos calificativos que uno puede agregar a ese escudo, a ese emblema, a ese rostro, pero es un legado muy potente. Esto no quiere decir que su noción de economía política, o el socialismo, o sus teorías tal cual fueron trazadas en los años 60, medio siglo atrás, son tan vigentes como su legado personal. Yo creo que él, como el hombre que vivió y murió de una manera consecuente con sus ideas, por varias razones se cuajó y se quedó ahí cuajado. Incluso con las olas de comercializaciones (de su imagen), que cualquiera pensaría que eso mismo terminaría por ridiculizarlo o vaciarlo de contenido, no lo ha logrado.
-Ahora que el Che y Fidel Castro está muertos, ¿qué batallas ganó el Che sobre Castro y cuáles ganó Guevara sobre Fidel? El Che se quedó con la juventud, pero Castro gobernó por cinco décadas.
-Claro, pero el Che nunca busco gobernar. El Che era un revolucionario en el sentido más arquetípico. Nunca ostentó el liderazgo de Cuba estando ahí, por más que le dieron ciudadanía. Y cuando volvió al continente, Bolivia era el país de paso para que él liderara la revolución en Argentina. A él siempre le faltó un Fidel a su lado después de la Sierra Maestra. Nunca fue político. Era un tipo intelectualmente muy logrado, era un tipo carismático casi por su anticarisma. Quizá su carisma más místico o mágico era su indignación social, lo cual era su detonante, su gatillo, y lo llevó a vivir y construirse como el Che.
-¿Y Fidel Castro?
-Fidel tenía obviamente un carisma propio muy elevado, un don de mando desde muy joven, una obsesividad al detalle. De Fidel podemos hablar mucho porque vivió casi tres veces más que el Che, gobernó medio siglo, es decir, es el patriarca de mil novelas, es la figura patriarcal, el hidalgo que gobernó la isla, que le quedó chica, responsable de que Cuba montara el escenario mundial durante décadas y quedara ahí como un actor de relevancia e interés. Entonces tenían roles o papeles muy distintos, uno como casi místico, simbólico, puro, entre comillas, el Che, y el otro el gran estratega, el comelotodo, el tragahistorias, el gran patriarca que era Fidel. Fidel decía las cosas como son. El Che hacía lo mismo, pero él era de romper sables y dejó el ejemplo de que si un puñado de hombres quieren, pueden intentar revertir el orden de las cosas. Hasta cierto punto su legado es más “peligroso” para el status quo que el de Fidel. Pero Fidel y el Che representan un dúo súper potente, y casi nos devuelve a la teoría del foco, por más repudiada que fuera, de que un puñado de hombre decidido y armado pueden cambiar las cosas.
-¿Cree que los restos del Che fueron encontrados y ahora está en Santa Clara, Cuba, o tiene dudas de eso como plantean algunas versiones en el sentido de que no fueron hallados?
-Esa tesis proviene de (los periodistas) Maite Rico y Bertrand de la Grange, de Humberto Fontova, un cubano americano de Miami que inventa las cosas y las dice, y originalmente viene de uno de los dos agentes de la CIA que estuvieron en Vallegrande cuando mataron al Che, Gustavo Villoldo. Yo sé (que fueron encontrados los restos) porque, como yo estuve involucrado en el descubrimiento, cuando finalmente los encontraron me llamaron los forenses para decirme “Jon, lo tenemos. Vente”. Yo debía ser el testigo de la boda de una de mis hermanas, pero tuve que decirle que no estaría y me fui a Bolivia. Fui el primero en ver los restos que no fuera un forense o un antropólogo forense. Las manos cercenadas las vi.
-¿Qué le dijeron los forenses entonces?
-Me dijeron: “Hemos hecho la prueba de la dentadura. Es él. Encontramos la picadura (de su pipa) en uno de sus bolsillos de la chaqueta. Encontramos el yeso de la máscara de muerte que le hicieron”. Es decir, era él. Yo vi los restos. Estaba recostado con cierta dignidad al lado de cinco esqueletos promiscuamente tirados al lado. Era el Che. ¿Por qué me lo iba a inventar (el general Mario) Vargas Salinas (que le reveló la ubicación del entierro) para luego pagar siete años de arresto domiciliario por romper el silencio conmigo? En ningún momento la gente que ha tejido esta tesis me entrevistó a mí, en ningún momento, y yo soy el que tiene más información sobre ese tema. No tiene que ver con ideología ni con bandos, sino que nunca lo hicieron y eso por lo menos es mal periodismo o mala investigación y muestra una vez más el ímpetu ideológico de esa investigación.
Por Pedro Schwarze
Publicada en Semanal de T13 el 6 de octubre de 2017
La biografía Che Guevara. Una vida revolucionaria (1997), del periodista estadounidense Jon Lee Anderson, no se quedó en el libro solamente. Durante su investigación Anderson obtuvo en 1995 la información clave que hizo posible encontrar los restos del guerrillero y sus compañeros de armas junto a la pista de aterrizaje en Vallegrande, Bolivia. El libro sirvió de fuente relevante para las películas que dirigió Steven Soderbergh y que fueron estrenadas en 2008. El mismo Anderson fungió como asesor en los filmes. Y el año pasado se lanzó una versión en comic de la biografía, ilustrada por José Hernández.
Al cumplirse 50 años de la muerte de Ernesto Che Guevara, cuando militares bolivianos lo ejecutaron el 9 de octubre de 1967, Anderson sostiene en esta entrevista con T13 Semanal que el legado del guerrillero se mantiene latente y que se ha convertido en un símbolo de rebeldía al status quo. El periodista asegura que escribir esa biografía fue “una experiencia humana y política” y reconoce que hubo un cambio en la recepción de Cuba a su libro, de la descalificación al reconocimiento.
“Supongo que para algunos, en una época, pudo haber sido incómodo que un yanqui estuviera tan metido en sus temas. Yo sé que había malestar, nunca entendí porque nunca me lo hicieron saber y no era monolítico”, asegura. Y sobre los cuestionamientos de la hija del Che, Aleida Guevara, a su libro, es tajante: “Parece que ya no está molesta. Nunca he sabido por qué estaba molesta y en ningún momento me dio las gracias por ayudar a encontrar los restos de su papá, cosas que a mí me molestaron, francamente. Porque si ella se molestó, yo me molesté más por su molestia”.
-¿Por qué cree que sigue el interés por el Che a 50 años de su muerte?
-Primero por el hito del 50° aniversario. Además es un momento coyuntural en América Latina: ha muerto Fidel, finalmente, y murió Chávez. Los dos pilares en vida de lo que quedó de la época de revolución e idealismo de la izquierda en América Latina murieron en los últimos años. El Che queda como el pregón por excelencia, el santo patrón de eso. Supongo que es por eso, porque hay una especie de bajón o desazón en lo que es el idealismo, la ideología, más allá de la ideología de mercado, en las Américas y con un Trump en la Casa Blanca. Supongo que sí, que es un cruce de caminos que ofrece la posibilidad de rumiar sobre lo que pasó. El Che siempre ha inspirado interés por la forma en que vivió su vida y cómo la terminó. Como pocos hombres públicos de Occidente en el último medio siglo y más, ha sido un hombre consecuente con sus ideales. Eran ideales muy radicales, ostentó cambiar el mundo por las armas para crear un mundo socialista en plena Guerra Fría. Al final de la Guerra Fría, hace 25 años era el único que emergió de las cenizas con algo de romanticismo e ilusión. Ciertamente ningún joven en Italia ni en Lima andaban tratando de reivindicar el legado de Leonid Brezhnev. Era el Che Guevara, pues. Murió joven, bello, valiente, murió en aras de su ideal y eso es desde tiempos mitológicos, desde tiempos primordiales lo reconocemos como algo heroico y resuena en el imaginario popular.
-¿Pero se percibe de una manera distinta en América Latina que en Estados Unidos y en Europa?
-Creo que sí. Por supuesto que en América Latina está más cercana al mundo inconcluso. Tenemos una América Latina muy frágil en lo que es su estado de derecho, con los índices de homicidios más altos del mundo en media decena de países, con una narcoeconomía y una narcocultura muy arraigada que amenaza incluso a la estabilidad de algunas de estas sociedades. Estamos hablando todavía de una región muy incierta en torno a lo que es su configuración política futura, la consolidación de un estado de derecho que daría seguridad a sus sociedades. Creo que las Américas en general es todavía una olla en fundición. Estamos en un momento en que las piezas, todas, están en movimiento, como si el mundo político y social fueran placas tectónicas. Entonces el Che si bien está entendido como un ser universal, de referencia en lo que es un símbolo de desafío juvenil, sobre todo, al status quo, de rebeldía al status quo en cualquier tiempo y en cualquier lugar. El Che tiende a ser desvestido de su contenido. Cada generación se queda con la cara, al rostro, al emblema no más, y hay que volver a ponerle carne y hueso.
-¿Qué tanto queda del legado del Che?
-Depende de a qué legado te refieres. Si es el legado que buscó él, de ser alguien como en sus llamados más sonados o románticos, “con mi sangre nutriré el suelo que abonará las revoluciones futuras”, está ahí. En este momento no lo estamos viendo pero si anduviéramos entre los de las Farc, en Colombia, que acaban de dejar las armas, todos veneran al Che. Los elenos (los guerrilleros colombianos del ELN) me imagino que también. El Che es el ejemplo de lo que un hombre puede hacer cuando toma la decisión de empuñar un arma a partir de una indignación social y busca justicia de la manera que él la concibe. Hay muchos calificativos que uno puede agregar a ese escudo, a ese emblema, a ese rostro, pero es un legado muy potente. Esto no quiere decir que su noción de economía política, o el socialismo, o sus teorías tal cual fueron trazadas en los años 60, medio siglo atrás, son tan vigentes como su legado personal. Yo creo que él, como el hombre que vivió y murió de una manera consecuente con sus ideas, por varias razones se cuajó y se quedó ahí cuajado. Incluso con las olas de comercializaciones (de su imagen), que cualquiera pensaría que eso mismo terminaría por ridiculizarlo o vaciarlo de contenido, no lo ha logrado.
-Ahora que el Che y Fidel Castro está muertos, ¿qué batallas ganó el Che sobre Castro y cuáles ganó Guevara sobre Fidel? El Che se quedó con la juventud, pero Castro gobernó por cinco décadas.
-Claro, pero el Che nunca busco gobernar. El Che era un revolucionario en el sentido más arquetípico. Nunca ostentó el liderazgo de Cuba estando ahí, por más que le dieron ciudadanía. Y cuando volvió al continente, Bolivia era el país de paso para que él liderara la revolución en Argentina. A él siempre le faltó un Fidel a su lado después de la Sierra Maestra. Nunca fue político. Era un tipo intelectualmente muy logrado, era un tipo carismático casi por su anticarisma. Quizá su carisma más místico o mágico era su indignación social, lo cual era su detonante, su gatillo, y lo llevó a vivir y construirse como el Che.
-¿Y Fidel Castro?
-Fidel tenía obviamente un carisma propio muy elevado, un don de mando desde muy joven, una obsesividad al detalle. De Fidel podemos hablar mucho porque vivió casi tres veces más que el Che, gobernó medio siglo, es decir, es el patriarca de mil novelas, es la figura patriarcal, el hidalgo que gobernó la isla, que le quedó chica, responsable de que Cuba montara el escenario mundial durante décadas y quedara ahí como un actor de relevancia e interés. Entonces tenían roles o papeles muy distintos, uno como casi místico, simbólico, puro, entre comillas, el Che, y el otro el gran estratega, el comelotodo, el tragahistorias, el gran patriarca que era Fidel. Fidel decía las cosas como son. El Che hacía lo mismo, pero él era de romper sables y dejó el ejemplo de que si un puñado de hombres quieren, pueden intentar revertir el orden de las cosas. Hasta cierto punto su legado es más “peligroso” para el status quo que el de Fidel. Pero Fidel y el Che representan un dúo súper potente, y casi nos devuelve a la teoría del foco, por más repudiada que fuera, de que un puñado de hombre decidido y armado pueden cambiar las cosas.
-¿Cree que los restos del Che fueron encontrados y ahora está en Santa Clara, Cuba, o tiene dudas de eso como plantean algunas versiones en el sentido de que no fueron hallados?
-Esa tesis proviene de (los periodistas) Maite Rico y Bertrand de la Grange, de Humberto Fontova, un cubano americano de Miami que inventa las cosas y las dice, y originalmente viene de uno de los dos agentes de la CIA que estuvieron en Vallegrande cuando mataron al Che, Gustavo Villoldo. Yo sé (que fueron encontrados los restos) porque, como yo estuve involucrado en el descubrimiento, cuando finalmente los encontraron me llamaron los forenses para decirme “Jon, lo tenemos. Vente”. Yo debía ser el testigo de la boda de una de mis hermanas, pero tuve que decirle que no estaría y me fui a Bolivia. Fui el primero en ver los restos que no fuera un forense o un antropólogo forense. Las manos cercenadas las vi.
-¿Qué le dijeron los forenses entonces?
-Me dijeron: “Hemos hecho la prueba de la dentadura. Es él. Encontramos la picadura (de su pipa) en uno de sus bolsillos de la chaqueta. Encontramos el yeso de la máscara de muerte que le hicieron”. Es decir, era él. Yo vi los restos. Estaba recostado con cierta dignidad al lado de cinco esqueletos promiscuamente tirados al lado. Era el Che. ¿Por qué me lo iba a inventar (el general Mario) Vargas Salinas (que le reveló la ubicación del entierro) para luego pagar siete años de arresto domiciliario por romper el silencio conmigo? En ningún momento la gente que ha tejido esta tesis me entrevistó a mí, en ningún momento, y yo soy el que tiene más información sobre ese tema. No tiene que ver con ideología ni con bandos, sino que nunca lo hicieron y eso por lo menos es mal periodismo o mala investigación y muestra una vez más el ímpetu ideológico de esa investigación.
domingo, 23 de julio de 2017
El regreso de los dulces guerreros
Casi 20 años tuvieron que pasar para que estuviese otra vez a la venta el libro de Norberto Fuentes Dulces guerreros cubanos. Un texto que no dejó indiferente a nadie y que fue el primero —y quizá el único— en revelar en forma descarnada qué ocurrió en 1989 en Cuba con los fusilamientos del general Arnaldo Ochoa y el coronel Antonio de la Guardia. Norberto no solo es un testigo de esos hechos, sino también un protagonista y un sobreviviente. Dulces guerreros vuelve a ser publicado contra viento y marea, de La Habana y de Miami. A la venta en Amazon.
sábado, 24 de diciembre de 2016
O llevarás luto por mí
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| Fidel Castro da un discurso en El Uvero, en 1959. Foto de Lee Lockwood. |
Fidel quiso volver. En el invierno cubano de 2010, cuatro años después que delegara sus funciones, Castro se volvió a calzar su traje verde olivo y se sintió con fuerzas para retomar el poder y ponerles freno a las reformas de Raúl y, sobre todo, para impedir que su hermano avanzara en el establecimiento de un diálogo con Estados Unidos. Pero, como pocas veces en su historia política, Fidel no olfateó que ya era demasiado tarde, que Raúl ya tenía el poder absoluto.
No había vuelta atrás. Ni en su declive vital ni en el curso hacia donde estaba conduciendo Cuba el nuevo presidente. Por eso cuando algunos se preguntaron el último fin de semana de noviembre, con ánimo conspirador, si acaso el gobierno de ese país había retenido la noticia de la muerte de Fidel –informada la noche de ese viernes 25 por el mismo Raúl Castro- para preparar el ambiente, acallar cualquier conato de festejo y ajustar las ceremonias fúnebres, la respuesta fue clara: no había necesidad. Cuba y su régimen, e incluso buena parte del mundo, llevaban 10 años haciéndose la idea, sólo faltaba el desenlace; la maquinaria de las exequias mortuorias había sido montada con tiempo, y en la práctica hacía mucho que Fidel parecía que sus comentarios y “reflexiones” llegaban del pasado.
De cualquier forma, Fidel Castro dejó una marca indeleble y que se extendió por más de seis décadas. Puso a Cuba en el mapa, le dio protagonismo mundial, jaqueó a Estados Unidos y derramó su influencia no sólo por América Latina sino también por África. ¿Que si es un personaje del siglo XX? Claro que sí, pero supo aprovechar su tiempo, cabalgar la Guerra Fría y seducir a la Unión Soviética. Y sobrevivió a la caída de la URSS y al cambio de siglo, al punto que pudo extender nuevamente su influencia en países como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.
Yamileé, una médico cubana que cambió su oficio y su casa para recibir visitantes extranjeros en La Habana, se preguntaba en los días de luto decretados por su muerte, si Fidel Castro se convertiría en una imagen de camiseta, como de alguna manera se transformó el Che Guevara. A primera vista uno pensaría que no. A diferencia del argentino, Fidel murió de 90 años y su atractivo se perdió en los setenta u ochenta. Pero su orden de que no lo conviertan en estatuas y su nombre no sea utilizado ni en calles ni en edificios públicos podría alentar la aparición de poleras con su imagen. Claro, no la del viejito en silla de ruedas y con buzo deportivo, sino esas de joven fumando puros, cortando caña o jugando béisbol. Las mismas que llevan décadas colgadas en las casas de millones de cubanos.
La gran duda es hasta dónde llegará el legado de Fidel. Su hermano ha puesto en marcha lentamente su proceso de “actualización” del modelo (que algunos ven como desmantelamiento), y tiene nominado a un posible sucesor (Miguel Díaz-Canel), aunque podría estar deseoso de poner a su hijo, Alejandro Castro Espín. Pero en ese escenario de reformas, quien parece tener los mejores pergaminos es uno de los hijos de Fidel, Antonio, médico y vicepresidente de la Federación Cubana de Béisbol, quien mantuvo una relación muy estrecha con su padre y a quien, sostienen algunas fuentes, preparó para ese cometido, de la misma forma como Vito Corleone lo hizo con su hijo Michael.
Publicado en La Tercera el 24 de diciembre de 2016.
martes, 29 de diciembre de 2015
Un hijo de Fidel Castro
despunta en la Cuba del deshielo
Publicado en La Tercera el 27 de diciembre de 2015
“Necesitamos avanzar. El pasado es el pasado”. Con esta potente frase Antonio Castro, uno de los nueve hijos de Fidel Castro, y actual vicepresidente de la Federación Cubana de Béisbol y de la Confederación Mundial de Béisbol y Softbol (Wbsc), respondió a un periodista de la cadena Espn sobre la presencia en la isla de cuatro beisbolistas cubanos, quienes dejaron su país para jugar en las Grande Ligas en EE.UU, pese a que hasta hace poco los deportistas que desertaban eran calificados por las autoridades como “traidores”.
Castro se transformó la semana pasada en el anfitrión por excelencia de la visita de una delegación de beisbolistas que juegan en la liga norteamericana, la MLB, y que impartieron una clínica a jóvenes deportistas como parte de un intercambio académico con la isla. Todo eso cuando se cumple el primer aniversario del anuncio de Raúl Castro y Barack Obama, de que abrían una nueva era en las relaciones y dieran los pasos para la apertura de las embajadas en Washington y La Habana. Y el béisbol puede ser fundamental. Al punto que el propio Antonio Castro, como ha venido argumentando desde hace al menos dos años, aboga para que los “peloteros” que dejaron Cuba puedan regresar e incluso formar parte de la selección nacional de ese deporte, el más popular del país.
Así Antonio Castro Soto del Valle, de 46 años, comienza a aparecer en un lugar destacado al frente de la Cuba del deshielo y las reformas, una nueva etapa que quedó ejemplificada en los abrazos que les dio a los beisbolistas cubanos de las Grandes Ligas José Dariel Abreu y Yasiel Puig. Sin embargo, no es ningún desconocido en Cuba, ya que su ascenso se ha venido produciendo desde hace algunos años.
Es el tercero de los cinco hijos que Fidel Castro tiene con Dalia Soto del Valle. Comenzó a salir del anonimato y de la sombra que impuso su padre a su familia cuando fue nombrado médico de la selección nacional de béisbol. Según algunas fuentes, mantiene una relación muy estrecha con su padre, algo que se acrecentó con los problemas de salud de éste. Como en 2001: cuando Castro se desmayó durante un discurso, fue Antonio el primero en llegar a su lado. Y a partir de 2006 formó parte del equipo médico del gobernante, desde la crisis intestinal de 2006 que obligó a Fidel Castro a delegar el poder en su hermano Raúl.
Antonio ya mostró su clase en 2013 cuando ganó la Copa Montecristo de golf, que fue disputada en el balneario de Varadero y en el que participaron 100 jugadores de 15 países. Su participación fue un claro respaldo al tímido intento de hacer surgir a Cuba en el circuito de ese deporte de elite que fue erradicado en los primeros años de la Revolución y que fue denostado por su padre y el Che Guevara -con una recordada partida, en 1960- para burlarse de Eisenhower.
Esa presencia disparó algunas críticas contra Antonio Castro, especialmente en la blogosfera cubana. Pero no tuvo comparación con lo sucedido en junio pasado cuando se vio a Antonio de vacaciones en un lujoso yate en Turquía, y cuando sus guardaespaldas agredieron a unos periodistas locales que querían captar imágenes de él. Nuevamente las voces del exilio y los foros en internet cuestionaron duramente la vida de lujos y privilegios de este miembro del clan Castro.
Pero más llamó la atención la crítica lanzada desde el interior de la isla, a través de un medio de la prensa oficial. Sin mencionar nunca el nombre de Antonio Castro, el periodista Alexander Ricardo publicó el 24 de octubre en el periódico Tribuna de La Habana, un artículo críptico titulado “Los viajes de Gulliver junior” donde se lee que “gracias a su padre, Gulliver junior viaja bastante seguido. Se le ve de gigante disfrutando en costas del Mediterráneo, o de enano aventurero sin problema en su vida, en su visa”.
Un comentario como este, en un régimen como el cubano, muestra que el desplante y la agenda de Antonio Castro comienzan a molestar en el sector más sensible del poder. E incluso revalida la eterna disputa entre Fidel y Raúl Castro. Esto, especialmente cuando son muchas las voces, dentro y fuera de la isla, que sostienen que el actual Presidente cubano pretende dejar las riendas del poder a su hijo Alejandro Castro Espín, un personaje hasta ahora opaco y desconocido. “Toda la dotación genética de Fidel Castro cayó en Antonio. Nunca la tuvo Raúl y no la tiene Alejandro. Antonio, en cambio, es muy buen mozo, carismático y todo un playboy”, aseguró a La Tercera, el escritor cubano Norberto Fuentes, autor de La autobiografía de Fidel Castro.
sábado, 20 de junio de 2015
Nikolai Leonov: "La experiencia demostró lo dañino que fue para Cuba su alianza con un solo aliado"
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| Nikolai Leonov entre Fidel Castro y Nikita Krushov con una máscara de gas, en 1963, en la URSS. |
Por Pedro Schwarze
Publicado en La Tercera, el 20 de junio de 2015
El primer hito en el acercamiento entre la Revolución Cubana y la Unión Soviética se produjo mucho antes del triunfo de los guerrilleros de la Sierra Maestra en 1959 o del viaje del viceprimer ministro Anastas Mikoyan a La Habana en 1960. Fue en mayo de 1953 a bordo del barco Andrea Gritti, que iba desde Italia al Caribe. Ahí se conocieron y trabaron amistad el diplomático soviético de 25 años, Nikolai Leonov, que viajaba para asumir sus funciones en México, y un joven Raúl Castro que regresaba desde Bucarest (Rumania) tras participar en el comunista Festival de la Juventud y los Estudiantes de ese año, y que protagonizaría junto a su hermano Fidel, dos meses después el asalto al Cuartel Moncada, considerado el hecho inicial de la revolución cubana.
Castro y Leonov se volverían a encontrar en México en 1956, cuando ya estaba en planificación la expedición del Granma y el inicio de la lucha guerrillera en Cuba. Los vínculos con los Castro y con el Che Guevara impulsarían la carrera del soviético a tal nivel que, tras dejar el servicio diplomático (tuvo que salir de México después que los rebeldes fueron detenidos por la policía mexicana y descubrieron una tarjeta de presentación de Leonov en un libro que leía Guevara) ingresó al KGB (estaba en Moscú cuando se enteró del triunfo revolucionario) y llegó a ser el “número dos” de esa organismo de inteligencia.
Esta semana, Leonov (86), quien es considerado por algunas fuentes como uno de los mentores del Presidente Vladimir Putin y que en la década pasada ocupó un escaño de diputado en la Duma, lanzó una biografía sobre Raúl Castro, en cuya presentación participó el canciller ruso, Sergei Lavrov. Nikolai Leonov, que llegó a tener el cargo de general de división del KGB, respondió por escrito a preguntas de La Tercera sobre algunos momentos históricos que le tocó vivir y donde explica su visión sobre el actual pie en las relaciones de Estados Unidos y Cuba.
Mucho se recalca la frase de que “en política no hay casualidades”. ¿Cuánto hubo de suerte y cuánto de planificación en su trabajo y en su amistad con los cubanos, incluido Raúl Castro?
Todos los episodios que marcaron el comienzo y el proceso de cimentación de mi amistad con Raúl Castro fueron el capricho de la suerte, las casualidades del destino en la época prerrevolucionaria.
¿Su experiencia en México y sus contactos con los cubanos de la expedición del Granma fueron determinantes en su intención de dejar el servicio diplomático e ingresar al KGB?
Mis encuentros con Raúl y el Che en México sirvieron de base para que el embajador soviético tomara la decisión de poner fin a mi carrera diplomática y mandarme de vuelta a la URSS por violar las reglas de conducta de un diplomático (por mantener contactos con personas “sospechosas”). Con esta marca regresé a Rusia sin chances de un buen empleo.
¿Cómo se enteró de que la revolución de los hermanos Castro había vencido?
Seguí la lucha revolucionaria de Cuba por la radio y la prensa, y estaba seguro de que terminaría inevitablemente en el triunfo de los barbudos. Pensar así era lógico, si se toman en cuenta todos los factores y, sobre todo, por la calidad de los líderes de aquella hazaña.
¿Su carrera recibió un impulso y tomó un camino distinto gracias al triunfo revolucionario en Cuba y su relación con los Castro?
En Moscú había poca información sobre los sucesos en la lejana Cuba porque en La Habana no había embajada soviética. Resultó que el único ciudadano soviético que había conocido a los líderes revolucionarios de Cuba en carne y hueso era yo. Me encontraron y comenzó otro etapa de mis ocupaciones. En 1958 comencé a trabajar con la Inteligencia soviética para ayudar, desde esas posiciones, al fortalecimiento de la Revolución Cubana.
¿Se le pasó por la cabeza sumarse al proceso cubano y quedarse en la isla?
Nunca pensé dejar Rusia para unirme a los revolucionarios cubanos. Estaba seguro que podía hacer mucho más quedándome en mi nuevo puesto. Creo que mi decisión fue correcta.
Con la elección de Allende, la vía armada de Fidel Castro se vio en peligro ante la opción electoral de Chile ¿Qué discusión se dio en la URSS sobre eso?
La victoria de Allende no convenció al Kremlin de que esa vía era viable. La teoría reinante, basada en el libro de Lenin El Estado y la Revolución, rezaba que el cambio radical era posible solamente si se destruía el Ejército tradicional y el aparato gubernamental antiguo. El golpe de Estado de Pinochet al parecer convenció al Kremlin en lo correcto de la teoría de Lenin.
Con Raúl Castro al frente del poder, Cuba inició un proceso de reformas. ¿Considera que esas reformas avanzan con un pie puesto en el freno, como consecuencia de la experiencia traumática que fue el término la URSS con la Perestroika?
Los cubanos acumularon una enorme experiencia en reformas positivas y negativas. La tragedia de la variante soviética es evidente y aleccionadora. El ejemplo chino también está a la vista. Ellos construyen su propio modelo del socialismo. La reforma es como la medicina. Si el reformista no cuida la dosis necesaria, el efecto puede ser dañino en vez de ser curativo. De la libertad es fácil caer en el libertinaje. En Rusia hemos visto de sobra los efectos de Perestroika.
Usted dijo que EE.UU. está perdiendo el control de América Latina, pero a la vez la apertura del entendimiento entre Washington y La Habana es interpretado como la apuesta de Obama por buscar una mayor influencia sobre la región ¿Acaso no es eso contradictorio?
Estados Unidos ya ha perdido el control que tenía antes sobre América Latina. Es obsoleto recordar la doctrina Monroe, la política del garrote, todas las formas de panamericanismo tradicional. El nacimiento de la Celac es la forma convincente de la madurez de la mentalidad latinoamericana y caribeña. La creciente presencia de China en el continente sudamericano es un factor que pesa más de lo que se ve en la superficie. EE.UU., que trató de aislar a Cuba, se vio en la situación de quedar aislado. Obama se dio cuenta de eso. Por eso trata de conservar los puentes y reparar aquellos destruidos.
¿Cómo se entiende el siguiente enredo: que Raúl Castro elogie a Obama y Obama se enfrente con Putin, cuando Putin se acerca cada vez más a la Cuba de Raúl Castro? ¿Ya no cuenta eso de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”?
En el mundo bipolar todo era claro. Cuba para sobrevivir necesitaba un poderoso aliado, que era la URSS. Ahora el mundo es diferente. La Habana es parte de la familia latinoamericana y caribeña. Su cuerpo y alma están allí. La experiencia histórica demostró lo dañino que significó para Cuba su alianza con un solo aliado, independiente del poderío que este tenga en ese momento. Del trío que usted menciona (EE.UU., Rusia, Cuba) cada uno de esos estados tiene sus propios intereses y actúa de acuerdo a ellos. Es un triángulo donde no hay aliados, ni visibles enemigos con intereses en conflicto en el continente americano. Rusia y EE.UU. arreglan sus cuentas en otros parajes.
Cuando la entrevista ya había sido publicada en La Tercera, llegaron estas dos respuestas.
Hubo muchos momentos de tensión entre La Habana y Moscú. ¿Qué rol jugó usted en esos momentos?
Los momentos de tensión en las relaciones entre Moscú y La Habana fueron muchos, los más importantes se mencionan en el libro. Siempre cuando tenía oportunidad empeñaba todos los recursos para suavizar o limar definitivamente los obstáculos que causaban problemas. Las razones de carácter estratégicas lograban superar las diferencias de criterio menos importantes.
Cuando se produce lo de Playa Girón o Bahía de Cochinos en 1961 ¿es cierto que Nikita le dejó a usted su despacho de líder máximo para que averigüe lo que estaba pasando en Cuba?
En los días de la intervención armada de la brigada de mercenarios apoyados por la CIA yo realmente me encontraba en el despacho del presidente del KGB (Vladimir Semichastny) y reflejaba en dos mapas de Cuba la situación que pintaban las agencias informativas de EE.UU., por un lado, y la que resultaba según informaciones de la embajada soviética en La Habana y fuentes del gobierno Cubano. La diferencia resultaba abismal. Verdad y mentira, en rojo y negro. A ratos Kruschev llamaba para recibir la información fresca.
lunes, 13 de octubre de 2014
El "zar de las reformas" cubanas gana más poder
Publicado en La Tercera,
el 11 de octubre de 2014
La medida anunciada hace dos semanas muestra que las cosas no caminan como se esperaba. De otra forma no se explica que el “zar de las reformas”, Marino Murillo, el mismo que estuvo al frente del Ministerio de Economía entre 2009 y 2011, tras lo cual ascendió a jefe de la Comisión Permanente para el Desarrollo y la Implementación de los lineamientos (a cargo de las reformas), regrese como titular de esa cartera, pero con mayores atribuciones. Eso, en momentos en que hay pocas señales de que la economía cubana gana dinamismo y cuando se apuesta al siguiente paso en las reformas y quizás uno de los más difíciles: la unificación monetaria en la isla (actualmente existe el peso cubano y el CUC, o peso convertible que tiene paridad con el dólar).
Murillo es un economista de 53 años que pertenece a la generación de jóvenes dirigentes comunistas, igual que el primer vicepresidente del Consejo de Estado, Miguel Díaz-Canel, señalado como un fuerte candidato para relevar a Raúl Castro en 2018. Nació en febrero de 1961, es decir, dos años después del triunfo revolucionario. Asistió al Colegio de la Defensa Nacional, donde se especializó en Economía, y buena parte de sus estudios universitarios los hizo en la ahora desaparecida Unión Soviética.
De “funcionario de base”, tuvo una progresiva carrera en el aparato estatal, con varios cargos en el Ministerio de Industria Alimentaria. Pero sus verdaderos ascensos los logró cuando en 2006 fue designado viceministro de Comercio Interior y en 2009, cuando fue nombrado titular del Ministerio de Economía y Planificación. Esos nombramientos se dieron en momentos de fuertes cambios en la cúpula del poder cubano. En 2006, Fidel Castro -quien fue operado a consecuencia de una grave enfermedad- fue relevado por su hermano Raúl. Dos años después, el nuevo gobernante isleño asumió en propiedad como jefe de Estado y poco a poco puso a hombres de su confianza en los cargos ejecutivos.
El desafío con el que Murillo asumió era impulsar la apertura económica, hacer rentables las empresas estatales y sentar las bases para que la economía cubana fuese viable y no sucumbiera en la falta de recursos y la inoperancia, después de décadas subsistiendo gracias a la ayuda soviética y después plenamente dependiente del sector turístico.
Con ese objetivo se recortaron puestos en el aparato estatal y se permitió la aparición de pequeños negocios particulares, muchos de los cuales ya funcionaban en forma clandestina o sumergida. Se aprobó la compra y venta de viviendas y vehículos y se eliminaron muchas de las trabas para viajar al extranjero. Además, Marino Murillo fue la cara visible de iniciativas como la Ley de Inversión Extranjera, que busca atraer capitales foráneos.
A Murillo no se le atribuyen ambiciones políticas y tiene fama de administrador pragmático y tecnócrata meticuloso. Quizás por eso no afectó a su carrera la huida de su hija a Estados Unidos en 2012.
Pero los ansiados beneficios de esas reformas no se traducen en una mejora en las condiciones de vida y el gobierno ahora se enfrenta al desafío de terminar con la duplicidad monetaria, que en opinión de algunos analistas ha sentado, durante años, las bases para el establecimiento de una doble economía ficticia.
Murillo, pese a regresar a ser ministro de Economía -con la apuesta de “armonizar e integrar a un nivel superior el proceso de actualización del modelo económico”, como sostuvo el comunicado oficial-, mantiene los puestos que acumuló en estos años: vicepresidente del Consejo de Ministros, miembro del Politburó del Partido Comunista y jefe del equipo económico.
Lo cierto es que los números no son auspiciosos. La desaceleración de la economía es mayor a la esperada; los ingresos por turismo bajan; los de las exportaciones de níquel no crecen, pese al aumento del precio; buena parte del presupuesto nacional se va en importaciones de alimentos, y pese a los esfuerzos, la industria nacional no despega.
En marzo, Murillo declaró ante el Parlamento local que Cuba aspira alcanzar un ritmo de crecimiento anual de entre el cinco y el siete por ciento, “y para conseguirlo se hace necesario alcanzar tasas de acumulación (de capital) del 20 al 25%, mediante créditos e inversión extranjera directa”.
el 11 de octubre de 2014
La medida anunciada hace dos semanas muestra que las cosas no caminan como se esperaba. De otra forma no se explica que el “zar de las reformas”, Marino Murillo, el mismo que estuvo al frente del Ministerio de Economía entre 2009 y 2011, tras lo cual ascendió a jefe de la Comisión Permanente para el Desarrollo y la Implementación de los lineamientos (a cargo de las reformas), regrese como titular de esa cartera, pero con mayores atribuciones. Eso, en momentos en que hay pocas señales de que la economía cubana gana dinamismo y cuando se apuesta al siguiente paso en las reformas y quizás uno de los más difíciles: la unificación monetaria en la isla (actualmente existe el peso cubano y el CUC, o peso convertible que tiene paridad con el dólar).
Murillo es un economista de 53 años que pertenece a la generación de jóvenes dirigentes comunistas, igual que el primer vicepresidente del Consejo de Estado, Miguel Díaz-Canel, señalado como un fuerte candidato para relevar a Raúl Castro en 2018. Nació en febrero de 1961, es decir, dos años después del triunfo revolucionario. Asistió al Colegio de la Defensa Nacional, donde se especializó en Economía, y buena parte de sus estudios universitarios los hizo en la ahora desaparecida Unión Soviética.
De “funcionario de base”, tuvo una progresiva carrera en el aparato estatal, con varios cargos en el Ministerio de Industria Alimentaria. Pero sus verdaderos ascensos los logró cuando en 2006 fue designado viceministro de Comercio Interior y en 2009, cuando fue nombrado titular del Ministerio de Economía y Planificación. Esos nombramientos se dieron en momentos de fuertes cambios en la cúpula del poder cubano. En 2006, Fidel Castro -quien fue operado a consecuencia de una grave enfermedad- fue relevado por su hermano Raúl. Dos años después, el nuevo gobernante isleño asumió en propiedad como jefe de Estado y poco a poco puso a hombres de su confianza en los cargos ejecutivos.
El desafío con el que Murillo asumió era impulsar la apertura económica, hacer rentables las empresas estatales y sentar las bases para que la economía cubana fuese viable y no sucumbiera en la falta de recursos y la inoperancia, después de décadas subsistiendo gracias a la ayuda soviética y después plenamente dependiente del sector turístico.
Con ese objetivo se recortaron puestos en el aparato estatal y se permitió la aparición de pequeños negocios particulares, muchos de los cuales ya funcionaban en forma clandestina o sumergida. Se aprobó la compra y venta de viviendas y vehículos y se eliminaron muchas de las trabas para viajar al extranjero. Además, Marino Murillo fue la cara visible de iniciativas como la Ley de Inversión Extranjera, que busca atraer capitales foráneos.
A Murillo no se le atribuyen ambiciones políticas y tiene fama de administrador pragmático y tecnócrata meticuloso. Quizás por eso no afectó a su carrera la huida de su hija a Estados Unidos en 2012.
Pero los ansiados beneficios de esas reformas no se traducen en una mejora en las condiciones de vida y el gobierno ahora se enfrenta al desafío de terminar con la duplicidad monetaria, que en opinión de algunos analistas ha sentado, durante años, las bases para el establecimiento de una doble economía ficticia.
Murillo, pese a regresar a ser ministro de Economía -con la apuesta de “armonizar e integrar a un nivel superior el proceso de actualización del modelo económico”, como sostuvo el comunicado oficial-, mantiene los puestos que acumuló en estos años: vicepresidente del Consejo de Ministros, miembro del Politburó del Partido Comunista y jefe del equipo económico.
Lo cierto es que los números no son auspiciosos. La desaceleración de la economía es mayor a la esperada; los ingresos por turismo bajan; los de las exportaciones de níquel no crecen, pese al aumento del precio; buena parte del presupuesto nacional se va en importaciones de alimentos, y pese a los esfuerzos, la industria nacional no despega.
En marzo, Murillo declaró ante el Parlamento local que Cuba aspira alcanzar un ritmo de crecimiento anual de entre el cinco y el siete por ciento, “y para conseguirlo se hace necesario alcanzar tasas de acumulación (de capital) del 20 al 25%, mediante créditos e inversión extranjera directa”.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Treinta miradas de un
Lezama Lima íntimo y desconocido
El escritor cubano José Lezama Lima (1910-1976) no era muy dado a dejarse fotografiar. De hecho, la gran mayoría de las fotos que se encuentran en internet, corresponden al autor de Paradiso y Dador detrás de una mesa, durante una conferencia, en algún evento público o como mucho en su estudio. Ya por eso resulta llamativa la exposición del fotógrafo cubano Iván Cañas “Lezama inédito”, que acaba de abrirse al público en la Universidad del Claustro de Sor Juana, en Ciudad de México, porque muestra al poeta, novelista y ensayista en la intimidad de su casa o posando en el Paseo del Prado en La Habana. En esta entrevista con Cañas (La Habana, 1946), quien salió de Cuba en 1992, cuenta cómo y cuándo tomó las 30 fotos que componen su muestra, la cual ya fue exhibida en Miami en 2010 con motivo del centenario del nacimiento de Lezama Lima.
¿Cuándo tomó esas fotos?
En 1969 y en 1970. Las primeras fueron dentro de su casa, en la intimidad familiar, con su esposa… Tú sabes que él era gay, o sea, un gay de clóset, pero él estaba casado. Al año siguiente fui otra vez y logré sacarlo de la casa y fuimos al Museo de Artes Decorativas, que tiene un jardín muy lindo, muy lleno de vegetación. Ahí iba con otra ropa, con un traje, porque en las primeras fotos sale con una guayabera. Y la segunda vez también lo saqué caminando, a dos cuadras de su casa, al Paseo del Prado, un lugar muy emblemático de La Habana.
¿Cómo era como modelo, para las fotos?
Era un hombre que no le gustaba posar, no le gustaba la fotografía. Lo que pasa es que yo le caí bien. Hay muy pocas fotos de ese tipo, de la intimidad.
¿Para qué tomó esas imágenes de Lezama Lima?
La primera vez yo fui a su casa con mi maestro, que era el pintor Raúl Martínez, para mostrarle la maqueta de un libro de fotos, un ensayo fotográfico, sobre la vida del hombre común en Cuba (que años después se publicaría con el nombre de El cubano se ofrece). Con la ayuda de mi maestro, armamos un libro con unas 50 fotos. Hicimos una maqueta del libro, antes de llevarlo a imprenta, que quedó preciosa porque el mismo Raúl la diseñó, y cuando la tuvimos lista, me dijo: “Vamos a llevársela a un amigo mío”. Yo conocía a Lezama Lima de nombre, desde luego. Era una gloria, sobre todo de la literatura underground, porque no tenía cobertura en ese momento. Raúl me dijo “es una persona muy culta y vamos a ver qué opina del libro” y fuimos a su casa. Yo llevaba la cámara arriba y, estando ahí, parece que le caí bien al hombre. Vio el libro y le gustó mucho, el no sabía mucho de fotografía, pero bueno, nos atendió muy cordialmente. Como había un buen ambiente le pregunté: “Maestro, ¿le puedo hacer unas fotos?”. “Pero sí, muchacho, haz lo que tú quieras”, me respondió. Entonces lo empecé a mover por la casa con la que fue su nodriza y con la esposa, y tomé fotos de ellos tres, de él solo sobre todo, de él con los cuadros que le habían pintado sus amistades.¿Y la segunda ocasión?
Inexplicablemente, porque Lezama Lima ya estaba censurado, me mandaron de la revista Cuba a hacer unas fotos de él, para un reportaje para la agencia Prensa Latina. Al principio pensé que nunca se habían publicado, pero sí se llegaron a publicar unas cuatro o cinco fotos de esa segunda visita.
¿Cómo surgió la idea de hacer la exposición?
Los negativos de la primera visita eran míos, desde luego, pero los de la segunda no sé cómo me pude quedar con ellos. Pasó el tiempo, pasaron 40 años y un amigo en La Habana que me había guardado los negativos, me mandó un correo donde me decía: “Iván, dentro de cuatro o cinco meses va a ser el centenario de Lezama Lima” que había ido cogiendo un perfil mundial. Le encontré toda la razón, y me puse a buscar en mi archivo. Mi amigo me dijo “revisa las fotos porque son muy buenas”. Habían estado varios años en su casa, guardadas, y efectivamente me di cuenta que había fotos interesantísimas. Así fue como les plantee a los organizadores de la Feria internacional del Libro de Miami la idea de montar una exposición, les gustó la idea y se hizo la primera exposición. Le puse “Lezama inédito”, porque realmente eran fotos que no se conocían prácticamente en ningún lugar del mundo.
miércoles, 6 de agosto de 2014
El regreso de Alina
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| Con su padre biológico, el día de su primera boda, en 1973. |
Con un pasaporte cubano y acompañada de su hija llegó a La Habana, el domingo, Alina Fernández Revuelta, la hija extramatrimonial pero reconocida de Fidel Castro. Fue un viaje tan sorpresivo como inesperado, ya que la mujer, que ha vivido los últimos 21 años en Estados Unidos como una ácida y ferviente crítica del régimen que instaló su padre en Cuba, decidió volar hasta la isla ante el grave estado de salud de su madre, Natalia Revuelta, de 88 años. Así lo aseguraron a La Tercera varias fuentes con altos contactos en Cuba y con vínculos de amistad con Fernández.
Según esas versiones, el jueves de la semana pasada, Revuelta, quien tuvo una relación amorosa con Fidel Castro en 1955, estaba duchándose en su casa del Nuevo Vedado, donde vive sola, cuando se cayó y se golpeó la cabeza. Pensó que no había sido nada, se reincorporó y se arregló para salir. Sin embargo, cuando iba caminando, el dolor en la cabeza aumentó y la fiebre le subió. Fue llevada al prestigioso centro médico Cimeq, pero luego trasladada a la llamada “Clínica de 43”, donde fue internada. Tenía un coágulo en el cerebro, por lo que fue operada. En forma paralela comenzaron los frenéticos intentos por contactar a su hija Alina, en Miami, algo que sólo se logró el sábado. Ante la gravedad de la situación de su madre, tomó el primer vuelo disponible a La Habana, la mañana del domingo.
Fernández nació en marzo de 1956, fruto del romance entre Castro y Natalia Revuelta. En esos años, Revuelta, una mujer que deslumbraba por su belleza, vivía cómodamente y estaba casada con un afamado cardiólogo, Orlando Fernández, con quien tenía una hija. Pero estaba muy interesada en la política, gracias a lo cual conoció a Castro y quedó embarazada de él. Eso ocurrió antes de que Castro partiera a México, donde preparó su regreso a bordo del yate Granma.
Tras el triunfo revolucionario, su ex esposo y su primera hija, Natalí, partieron rumbo a Estados Unidos. Muchos años después, en 1993, en medio del Período Especial tras la caída del bloque socialista europeo y el fin de la Unión Soviética, hizo lo mismo Alina. Era impensable que la hija del Comandante en Jefe, que en ese tiempo estaba dedicada al modelaje y cuyos escándalos estallaban a cada momento, le permitieran dejar el país y sumarse al exilio. Por eso lo hizo disfrazada, con una peluca y con un pasaporte falso, rumbo a Madrid. Todo financiado por la revista Paris Match y con la ayuda, entre otros, de su amigo de infancia Osvaldo Fructuoso. Se instaló en Estados Unidos y en 1997 publicó el libro Alina. Memorias de la hija rebelde de Fidel Castro, que le costó una millonaria demanda de su tía, Juanita Castro -quien vive también exiliada en Florida-, por las descalificaciones en contra de sus abuelos Angel y Lina. Fernández (de los siete hijos reconocidos de Fidel Castro es la única mujer) se sumó a los sectores más radicales del anticastrismo y comenzó a participar en diferentes programas de radio.
Durante todos estos años, nunca completó sus trámites para obtener la ciudadanía estadounidense, razón por la que viajó a La Habana con un pasaporte cubano vigente. Sólo en mayo pasado y frente al cambio de las leyes migratorias cubanas impulsado por el gobierno de Raúl Castro, declaró en una entrevista con la agencia española Efe que tenía “la sensación y el instinto” de que “todavía” no era el momento de viajar a la isla. “No quiero tener problemas. A estas edades (58 años) una es menos aventurera (...). Me da mucha pena, porque mi madre está mayor (...) y ver a tu madre y querer hacer algo por ella es una ley de la naturaleza, es algo visceral”.
Es conocido que Fidel Castro le mandó a decir a Alina Fernández que era libre de volver a Cuba cuando lo quisiera. Y Raúl Castro ha sido un firme partidario de los reencuentros en su familia, tanto así que facilitó durante años los viajes de la primera esposa de Fidel, Mirta Díaz-Balart, desde España a Cuba, para reunirse con su hijo “Fidelito”, y visitó el sábado pasado a Natalia Revuelta para enterarse de su situación. De cualquier forma, la noticia del viaje de Fernández demuestra la capacidad del gobierno cubano para movilizar al exilio de Miami con una noticia que con seguridad estará en boca de esa ciudad durante algunas semanas.
miércoles, 23 de abril de 2014
El que calla
Es posible que apenas suba estas líneas, Fidel Castro se pronunciará sobre la muerte de Gabriel García Márquez. Aun así, cuando los últimos compases de los vallenatos se han apagado y las rosas amarillas comienzan a marchitarse, todo en homenaje al autor de El coronel no tiene quien le escriba, llama la atención que Castro no se halla referido al escritor y Nobel que logró utilizar a su antojo y mantener a su lado contra viento y marea. Eso sin contar la corona de flores que llegó hasta el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México con la escuálida leyenda “De Fidel Castro Ruiz. Al amigo entrañable”. En todo caso ese silencio, que da rienda suelta a las elucubraciones sobre el verdadero estado de salud del líder de la Revolución Cubana, no es nuevo. Cuando el Presidente venezolano Hugo Chávez, murió el 5 de marzo de 2013, tardó seis días en publicar una líneas, y demoró casi dos semanas en reaccionar —como lo hace desde que se retiró del poder en 2006, a través de un texto en la prensa cubana— a la muerte del sudafricano Nelson Mandela, el 5 de diciembre de 2013. Quizá no esté pasando por un buen momento de su etapa jubilatoria, que una sequía creativa lo esté afectando o simplemente no sabe cómo escribir algunas de las anécdotas que compartió con Gabo sin descubrir algo de su propio historial y sus propósitos más ocultos. Lo que sea siempre es mejor quedarse callado que terminar con unos mensajes que nadie entiende, como cuando mencionó la expansión del universo o aquello que hacen los yogas.
viernes, 28 de marzo de 2014
Todo un siglo con SALAS
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| Che. 1964 |
En todo caso Osvaldo Salas tiene el récord de ser uno de los pocos que fotografió a Fidel antes de que se hiciera conocido con su barba y su traje verde olivo, y también después de la victoria de 1959. Las primeras de esas imágenes las tomó en 1955, cuando Salas vivía en Nueva York, y las otras en Cuba, cuando la marea de esos años lo llevó de regreso a la isla. De esos tiempos son imágenes que están en la retina de la historia: la de Fidel y Raúl Castro, con el Che; la de Celia Sánchez, de perfil, fumando, o la de Guevara, divertido, con las botas enbarradas.
Este sábado 29, Osvaldo Salas, quien falleció en 1992, habría cumplido 100 años, y su hijo, Roberto, aún un fotógrafo activo, lo recuerda con cariño y admiración, y relata algunos de los pasajes de su vida en esta entrevista telefónica con Toda la noche oyendo pasar pájaros.
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| Osvaldo Salas. |
Mi padre fue a Estados Unidos de muy joven, a los 14 años. Mi abuelo emigró a Estados Unidos, más o menos en la época de la depresión económica mundial. Mi abuelo era soldador, y mi padre con su hermano menor comenzaron a trabajar de muy jóvenes con mi abuelo. Tenían un taller de mecánica, de soldaduras y esas cosas. Mi viejo en Estados Unidos estuvo 34 años, hasta 1959.
¿Y cómo llegó a la fotografía?
Por tropezones, de casualidad. En los años 40, él estaba trabajando como soldador en una empresa en Nueva Jersey. El hacía trabajos de especialidad, de soldadura de banco, de acero inoxidable, de alta precisión. En ese centro de trabajo había un club de fotografía, y los miembros de ese club iban a ver a mi padre para que les hiciera bandejitas, pinzas y distintos aparatos de acero inoxidable que se utilizaban en la fotografía (en el laboratorio). Entonces él se fue interesando en aquello, porque le llamaba la atención, y con el tiempo mi padre se hizo miembro de aquel club. Todo esto fue antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial. Cuando se acabó la guerra mi padre ya era miembro activo en ese club y en 1947 se ganó el primer premio del club por una fotografía. Así el viejo, que ya venía con esa atracción por la imagen, empieza a trabajar simultáneamente de soldador y a tirar fotografías. Al principio eran de nosotros, de mi hermana y yo, cuando éramos más pequeños, de gente del barrio que le pedía hacer una foto de un cumpleaños. Así poco a poco fue haciendo cosas. Y comenzó a ver que había un ingreso por ese lado y empezó a comercializarse. Pero llegó un momento, en 1948 más o menos, que con el volumen que tenía de fotografías que hacía en la casa, más el trabajo que tenía (de soldador), tenía un horario muy extenso y ya no podía seguir con las dos cosas. Tenía que escoger: “O soy fotógrafo o soy soldador”. Ese es el momento en que decide dedicarse a la fotografía. Instala un pequeño laboratorio en la casa donde nosotros vivíamos en el Bronx, comienza a hacer algunas cosas comercialmente y después abre un local en Manhattan y establece su estudio de fotografía, a dos cuadras de Times Square. Empieza a hacer cosas deportivas, cosas periodísticas, en fin, todo lo que entraba por la puerta para poder ganarse la vida. Lo mismo era una boda, que un bautizo, fotografías de carné. En fin, todo lo que era posible hacer.
A él, en esa época, ¿qué era lo que más le gustaba hacer en cuanto a fotografía?
Bueno, realmente, no puedo decir qué era lo que más le gustaba. No creo que ese momento él se haya decidido por alguna forma, por algún estilo. El hacia un trabajo generalizado, de cualquier cosa. He dicho en otras ocasiones que nosotros (porque yo me incluyo en eso, yo dejé la escuela a los 15 y me puse a trabajar con él) realmente tirábamos fotografías, y yo creo que después de 1959 empezamos a desarrollarnos, a hacer fotografía. En Nueva York nosotros teníamos que hacer lo que querían los demás. Pero ya en 1959, aquí, empezamos a hacer el estilo de fotografía que nos gustaba a nosotros. Yo creo que ese es el momento en que el viejo empieza a madurar más y a perfeccionar más su estilo.
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| Fidel en Nueva York, en 1955. |
En todos esos trabajos múltiples que él hacía, él también hacia trabajos de free-lance, para periodistas, gente que le pedían trabajos, periodistas latinoamericanos, fundamentalmente de Venezuela, de México, de Cuba. En 1955 él recibe una solicitud de trabajo para la revista cubana Bohemia, conjuntamente con un periodista que había en Nueva York, que se llamaba Vicente Cubillas, para hacer unas fotografías de un pequeño grupo de personas que eran de oposición al gobierno de Batista. Como la revista Bohemia estaba en contra del gobierno de Batista, tenía interés en mostrar que esta gente seguía activa, ya que habían rumores que sostenían que estaban escondidos, que habían desistido de sus demandas. Llegaron a Nueva York a recoger fondos, a buscar apoyos para lo que ellos posteriormente iban a hacer. Entonces, llegó al estudio de mi padre, se ponen de acuerdo ahí y el viejo hace el reportaje para Bohemia, que salió publicado en 1955.
¿En ese tiempo su papá ya tenía alguna idea política definida?
No, absolutamente ninguna. En ese momento no. El viejo estaba totalmente alejado de ese tipo de cuestiones. Mi padre hizo ese trabajo (de Fidel en 1955) como cualquier otro trabajo, porque nosotros en ese momento no teníamos elementos, porque no vivíamos en Cuba. Lo que pasa es que después nos vinculamos ahí (con la gente opositora a Batista), entonces al triunfo de la revolución ya estábamos más o menos definidos, siguiendo al Movimiento 26 de Julio.
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| Roberto Salas. |
No, yo no creo. Nunca lo vi así. Era un trabajo más. El hacía sus cosas y yo hacía las mías. Nunca pensé en una competencia. Se dice que cuando padre e hijo están en la misma profesión, subconscientemente la segunda generación siempre trata de hacer las cosas algo distinto de la primera generación. Realmente mi padre trabajaba por un lado y yo, por otro. No coincidíamos. Lo que sí hace él aquí es perfeccionar su estilo, buscando lo que había sido su nacimiento en la fotografía. Hay que acordarse de que él era retratista, que tenía un estudio de fotografía en Nueva York. Entonces él trae ese concepto adentro, de hacer el retrato, la fotografía más cercana, y él se convierte en un retratista.
¿Cómo fue que regresaron a Cuba? ¿Fue una petición de Fidel?
Hasta cierto punto, sí. No fue un “ordene y mande”, ni mucho menos. Mi padre siempre quizo, de alguna forma, de alguna manera, a lo largo de los 34 años que estuvo allá, regresar para Cuba algún día y vivir aquí. Entonces, al surgir este proceso, vio la oportunidad. Fidel nos dio la oportunidad, más o menos directamente, de que nosotros hacíamos falta aquí, que se iba a hacer una nueva prensa, que teníamos trabajo. Eso nos dijeron Fidel como otros compañeros. Nosotros vimos la posibilidad del “cielo abierto”, y el viejo lo vio como la oportunidad para definitivamente quedarse en su país, que era lo que siempre él quería. Porque en el fondo, él era muy cubano. El estuvo 34 años allá y nunca se hizo ciudadano norteamericano. El siempre pensaba que “algun día, algún día”. Y el proceso político en Cuba abrió muchas oportunidades de trabajo aquí, y podíamos hacer muchas cosas. El viejo lo aprovechó y por eso fue que se vino para acá. Entre enero y febrero (de 1959) ya estaba aquí. Va y viene a Nueva York como tres veces, pero ya en 1960 él ya está establecido definitivamente en Cuba, hasta que falleció, en 1992. Ahora, ¿cuál es la vinculación de nosotros directamente con Fidel? Bueno, había un antecedente: que ya nosotros lo conocíamos desde 1955, fundamentalmente el viejo, y entonces después fue más fácil una serie de cuestiones.
El triunfo de la revolución, el regreso a Cuba ¿le cambio a su padre el sentido que tenía para él la fotografía?
Si. Desde el punto de vista técnico, nosotros dejamos la grandes cámaras, los grandes flash y todas esas cosas. No los utilizábamos. Y empezamos a trabajar con cámaras de 35 milímetros y a hacer fotografías con luz ambiental, a hacer reportajes. Toda una serie de cosas que nosotros allá no hacíamos. Y tirábamos fotografías de lo que nosotros queríamos, que creo que era lo más fresco del asunto, no?
Cuando él regresó a Cuba ¿se mantuvo como independiente o entró a formar parte de algún medio?
Nosotros somos fundadores del periódico Revolución, que nació más o menos en enero de 1959. El periódico fue, con la perspectiva de los años, pilar del desarrollo de la fotografía de aquel entonces, que después llegó a conocerse como la fotografía épica de la Revolución Cubana, que éramos un grupo –no muy grande– donde estaba Korda, el viejo, Corrales, Liborio (Noval), yo y algunos compañeros más. Pero un pequeño grupo, de ocho o 10 personas. Cambiamos el estilo, la forma en que se hacía fotografía de prensa en Cuba, y la hacíamos en una base diaria, en fotorreportaje. Nadie sabía lo que estábamos haciendo, que estábamos haciendo cambios, ni haciendo historia. Eso se descubre con los años, retrospectivamente. Nosotros trabajamos directamente con el periódico Revolución, y también hacíamos cosas con la revista Bohemia. Después empezamos a hacer otros trabajos. Desde el punto de vista económico para nosotros era mucho más conveniente estar en Cuba, porque estábamos ganando mucho más de lo que ganábamos en Nueva York. Y la vida era más barata, más fácil que aquí.
En los 70 y en los 80 ¿qué siguió haciendo su padre?
El siguió trabajando en el periódico hasta los años 80, por ahí. El siguió trabajando todo ese tiempo, haciendo distintos reportajes, hacía exposiciones de fotografía, que presentaba en distintos países. Viajó mucho haciendo distintos reportajes por muchos países, a nombre del periódico, a nombre de revistas. El se mantuvo en la prensa todos esos años. Tiene un trabajo muy amplio que abarcaba muchos terrenos.
¿Y después buscó un nicho distinto de fotografía o siguió con los reportajes, los retratos?
Realmente yo creo que al viejo no se le puede definir por un estilo determinado. O sea que él hacia muchas cosas. Realmente como fotógrafo de prensa él hacia de todo. Ahora, él, particularmente, se perfeccionaba y hacia algunas cosas particulares para él.
¿El nunca hizo clases?
No. Nunca dio clases. Lo que sí, los jóvenes se acercaban a él, le daba explicaciones, pero como profesor en algo, él nunca lo hizo. El era más bien espontáneo. Tú le preguntabas algo y él te decía, te ayudaba. El fue responsable de fotografía del periódico, por muchos años, de Revolución, que después se llamó Granma. El también es fundador de Granma, y también el era el responsable de fotografía.
¿Tenía alguna foto a la que le tenía más cariño?
Yo no te pudiera decir una… él tenía unas cuantas. Por ejemplo, una que le gustaba mucho y que se hizo muy famosa, que es el perfil del Che donde está fumando. También le gustaba una donde está Fidel y Hemingway, que es un retrato, casualmente, de la cara de Hemingway y de la cara de Fidel. Y una serie de imágenes sueltas, de cosas que políticamente no eran destacadas, ni mucho menos, pero eran imágenes que a él le gustaban: escenas callejeras, escenas de niños, personas caminando por la calle. Muchas de esas cosas que a él le gustaban y presentaba en sus exposiciones. Eran fotografías de Cuba, pero no eran de personalidades ni mucho menos. De todas formas a él le gustaba todo su trabajo. Si él lo mostraba era porque le gustaba. Lo que no le gustaba, no lo enseñaba.
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| Hemingway y Castro. 1960 |
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| Fidel, Raúl y el Che. 1963 |
lunes, 24 de febrero de 2014
Muere el general Pascual Martínez Gil
Fiel a su estilo, en lo que se refiere al pasado y nombres incómodos, el gobierno cubano tiró un manto de silencio sobre el reciente fallecimiento de Pascual Martínez Gil, general del Ministerio del Interior y jefe de las Tropas Especiales, quien llegó a ser viceministro primero del Minint pero que fue condenado a 12 años de prisión en 1989. Su caída en desgracia se produjo en el marco de la Causa N°2, el proceso que llevó al desmantelamiento del Ministerio del Interior que entonces encabezaba José Abrantes, y que estuvo vinculado estrechamente a la Causa N°1, el juicio por supuestos delitos de narcotráfico que terminó con el fusilamiento, entre otros, del general Arnaldo Ochoa y el coronel Antonio de la Guardia.
Al frente de las Tropas Especiales y de la Seguridad Personal, le correspondió acompañar a Fidel Castro en la mayoría de sus viajes al extranjero en la década de 1970 y hasta 1989, y cumplió misión en Angola donde sufrió severas heridas al activar una mina anticarro en los combates contras las fuerzas sudafricanas. La misma acción le costó la vida al general Raúl Díaz Argüelles. Martínez Gil era conocido como un militar muy laborioso, con una reputación a base de trabajo y golpes audaces, y considerado como un cuadro emblemático del Minint de esos años.
En 1989, al conocer la sentencia en su contra, Martínez Gil lanzó una frase que aún resuena: “El mayor castigo es no poder volver a estrechar la mano del Comandante en Jefe”. Una clara muestra de un hombre que fue forjado por la Revolución, que era de la confianza del propio Fidel, que siempre acató sus órdenes y que no sabría, tras su condena, cómo reaccionar cuando fue señalado como un enemigo.
Según fuentes que conocieron de su deceso, Martínez Gil, de 71 años, presentó malestares a pincipios de la semana pasada, por lo que fue atendido en el famoso Hospital Cimeq, donde se atiende la alta nomenclatura cubana. Falleció pocos días después y a los familiares se les indicó que mantuvieran la discreción y que realizaran una ceremonia muy íntima, "que no era necesario armar espectáculos". Muy pocas personas asistieron a su entierro, que se llevó a cabo al parecer el miércoles. Martínez Gil deja a su esposa y a un hijo en Cuba, y a una hija que está en Estados Unidos.
Martínez Gil durante la Causa N°2 y el proceso contra Abrantes.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Un trompetista revolucionario
Es un apasionado trompetista y un convencido revolucionario. Eso sí, esconde un enorme secreto. Nada de lo que puedan estar pensando. Pepe es un vampiro y su tío es el científico Werner Amadeus von Dracula, quien ha encontrado la fórmula para que su querido sobrino pueda disfrutar del sol y las bondades de La Habana de los años 30: el Vampisol. Así, sin saber su origen, Pepe, o Joseph, ama con locura a su novia, Lola, combate a la dictadura de Machado e incluso desafía al jefe de la policía poniéndole los cuernos con su mujer. Eso es parte del argumento de la película de animación Vampiros en La Habana (1985), de Juan Padrón. Y quien pone la música en la trompeta de Pepito es nada más ni nada menos que Arturo Sandoval, el mismo al que la semana pasada el Presidente de Estados Unidos le impuso la Medalla de la Libertad, al igual que otros 16 personajes estadounidenses, incluido Bill Clinton.
Obama destacó que Sandoval es "uno de los trompetistas más reconocidos en el planeta" y recordó que fue arrestado en Cuba por escuchar jazz en la radio del gobierno estadounidense La Voz de América. "Músicos como él han sacrificado tanto por tocar" jazz, declaró Obama. Pero el gobernante no dijo nada de Pepe, ni del Vampisol, ni de que Sandoval, al igual que el sobrino de Von Dracula, fue un ferviente revolucionario. Tampoco que fue militante del Partido Comunista de Cuba, que formó parte de Irakere, que organizó muchos festivales de jazz en la isla y que hizo escenario suyo el teatro Karl Marx. Como si lo bueno de su historia hubiese comenzado cuando se marchó a Estados Unidos.
Vampiros en La Habana llegó a Chile en los años finales de la dictadura y se exhibió en algunas salas de cine-arte, como el Normandie y El Biógrafo, en Santiago. Para muchos de nosotros los “¡Abajo Machado!” los leíamos como “¡Abajo Pinochet!”. Quizá por eso me quedo con Pepito, que pese a reconocerse luego como un vampiro, se mantuvo firme junto a sus convicciones y sus ideales.
Obama destacó que Sandoval es "uno de los trompetistas más reconocidos en el planeta" y recordó que fue arrestado en Cuba por escuchar jazz en la radio del gobierno estadounidense La Voz de América. "Músicos como él han sacrificado tanto por tocar" jazz, declaró Obama. Pero el gobernante no dijo nada de Pepe, ni del Vampisol, ni de que Sandoval, al igual que el sobrino de Von Dracula, fue un ferviente revolucionario. Tampoco que fue militante del Partido Comunista de Cuba, que formó parte de Irakere, que organizó muchos festivales de jazz en la isla y que hizo escenario suyo el teatro Karl Marx. Como si lo bueno de su historia hubiese comenzado cuando se marchó a Estados Unidos.Vampiros en La Habana llegó a Chile en los años finales de la dictadura y se exhibió en algunas salas de cine-arte, como el Normandie y El Biógrafo, en Santiago. Para muchos de nosotros los “¡Abajo Machado!” los leíamos como “¡Abajo Pinochet!”. Quizá por eso me quedo con Pepito, que pese a reconocerse luego como un vampiro, se mantuvo firme junto a sus convicciones y sus ideales.
martes, 19 de noviembre de 2013
En carrera por la sucesión de Raúl Castro
Pedro Schwarze
Publicado en La Tercera, 17 de noviembre de 2013
Durante casi cinco décadas Fidel Castro tuvo a su hermano, Raúl, cinco años menor, como el número dos del régimen, como su carta de recambio. Tras la salida abrupta de Fidel por enfermedad en 2006, y después de 19 meses de transición, en febrero de 2008 Raúl Castro asumió formalmente el mando y puso como su segundo a bordo a José Ramón Machado Ventura, un año mayor que el Presidente cubano. En febrero pasado, Raúl asumió su segundo y, según su promesa, último período de gobierno, de cinco años. Los personajes antes mencionados son todos octogenarios. Fidel Castro, 87; Raúl Castro, 82, y Machado Ventura, 83. Quizás por eso, pensando en un recambio generacional y considerando que los imponderables son más frecuentes en personas de esa edad, que el menor de los Castro decidió nombrar como vicepresidente del país a un hombre que actualmente tiene 53 años.
Se trata de Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, un ingeniero eléctrico y profesor universitario, que nació en abril de 1960, después del triunfo de la Revolución en 1959, a diferencia de una buena parte de la dirigencia cubana aún vigente que son veteranos de la lucha contra Fulgencio Batista. De hecho, es el más alto dirigente nacido tras la victoria de los “barbudos” de Sierra Maestra. Fue primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas de su Villa Clara natal y en 1994 fue elegido primer secretario del Comité Provincial del PC en Villa Clara. Eso le permitió alcanzar el Politburó del PC en 1997. Además, en 2003, fue elegido al frente del Comité Provincial del PC en Holguín.
Pero fue con la llegada a la cumbre del poder de Raúl Castro, que Díaz-Canel escaló más arriba y quedó más cerca de la primera línea. En mayo de 2009 fue nombrado ministro de Educación Superior, en marzo de 2012 fue designado vicepresidente del Consejo de Ministros y en febrero pasado, tras la salida de Machado Ventura, quedó como número dos del aparato de gobierno al concentrar en sus manos la primera vicepresidencia de los Consejos de Estado y de Ministro. En todo caso, aún no es el número dos de la jerarquía del país, debido a que Machado (considerado un hombre de Fidel) sigue siendo segundo secretario general del PC de Cuba.
Como sea, ocho meses ha sido llamativa la amplia presencia y el protagonismo que ha asumido Díaz-Canel, muy por encima de lo que hacía el gris Machado Ventura, y en cierto sentido que el propio Raúl Castro, quien desarrolló un gusto por trabajar, actuar y operar en las sombras, lejos de los focos casi completamente reservados para su hermano Fidel.
Sólo en las últimas semanas sus palabras han resonado en la prensa cubana, que ilustran el cambio y las reformas que está impulsando en diversas áreas que el propio Raúl Castro está conduciendo, con frases llamativas como que “hace falta un pensamiento más fresco y revolucionario en la promoción cultural”, cuando llamó a fomentar el diálogo y acentuar la acción o cuando destacó “la importancia de romper con el secretismo existente en determinados sectores porque sus directivos se oponen a dar informaciones (a la prensa) de diversos temas”. Y en junio fue él quien viajó a China y se reunió con el nuevo máximo dirigente del gigante asiático: Xi Jinping.
De cualquier forma aún falta mucho para la fecha clave: 2018. Cuando está planificado que se produzca el paso al costado de Raúl Castro, cuando tenga 86 años. Y no sería la primera vez que las cartas de futuro en el régimen cubano cae bajo fuertes acusaciones de corrupción, como fueron los casos de los ex cancilleres Roberto Robaina y Felipe Pérez Roque y el ex vicepresidente económico Carlos Lage. Para el escritor Norberto Fuentes, ex miembro del hard core cubano y autor de La autobiografía de Fidel Castro, Miguel Díaz-Canel aparece más bien “como una figura de transición. Hasta ahora no está demostrando tener mucho en la canasta. Yo veo con mejores perspectivas a Alejandro Castro, el hijo de Raúl. Fidel lo entrena a diario”.
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Entrevista a Alcibíades Hidalgo
Ex jefe de despecho político de Raúl Castro
¿Miguel Díaz-Canel es el hombre que Raúl Castro escogió como su relevo?
Creo que Díaz-Canel ha sido escogido como la carta del futuro, para suceder o encabezar la sucesión de los ancianos gobernantes.
¿En que basa esa afirmación?
El asunto tiene toda la impronta raulista. Lo nombra con mucha anticipación. Hay un período de prueba, en este caso de varios años, y asume progresivamente responsabilidades. Es lo que están hacienda ahora. Raúl Castro siempre ha preferido designar de esta manera. No le gustan las improvisaciones. Díaz-Canel ya es el primer vice de todo lo importante y si falta algo se lo darán en el camino. Ya es más importante jerárquicamente que Machado Ventura, pero el poder real sigue en manos de Raúl y Machado, mientras siga el lapso de prueba del escogido.
En todo caso aún faltan más de cuatro años para ese retiro...
Falta un largo tramo para el retiro de Raúl y hará todo lo posible por apuntalar este esquema. Tiene que reforzar la autoridad del designado ante los militares más jóvenes. De hecho Díaz-Canel tiene muchos antecedentes de servicios y colaboración con las Fuerzas Armadas. Para él sería lo ideal. La realidad dirá.
viernes, 31 de mayo de 2013
Comandante de las letras revolucionarias
Luis Pavón Tamayo, señalado como el artífice del llamado “quinquenio gris” y como uno de los censores en Cuba en los 70, falleció el pasado sábado 25, a los 83 años en La Habana. Pavón, quien fue director Verde Olivo, la revista de las Fuerzas Armadas, y presidente del Consejo Nacional de Cultura, entre 1971 y 1976 (instancia que después pasaría a ser el Ministerio de Cultura), fue acusado de haber encabezado una campaña para vetar a algunos intelectuales y artistas, como José Lezama Lima y Virgilio Piñera, muchos de ellos por su condición de homosexuales.
Revuelo causó en algunos círculos su aparición en 2007 en la televisión cubana —en el espacio Impronta, dedicado a rescatar la obra de personalidades de la cultura nacional—, y especularon con el regreso de algunas de las prácticas de ese “quinquenio”, en esos primero meses de la gestión de Raúl Castro, tras el retiro de Fidel. Pero nada de eso pasó. Sólo fue una histeria, luego llamada la “guerrita de los emails”.
Curiosamente el fallecimiento de Pavón no ha sido publicado por ningún medio relevante, ni en Cuba ni en el exterior, y todas las informaciones divulgadas se han remitido al blog Libreta de apuntes del escritor Norberto Fuentes, que fue quien divulgó la noticia. El silencio sobre el deceso de Pavón llama la atención considerando su relevancia en las décadas de los 60 y 70 en el ámbito cultural de la isla.
Luis Pavón, quien nació en Holguín el 31 de marzo de 1930, participó en la lucha clandestina contra Batista. Estudió Leyes pero se dedicó al periodismo. Trabajó en varios medios escritos cubanos como Norte, Verde Olivo, Cuba, Bastión, Granma, Bohemia. Fue profesor de la Escuela de Periodismo de las Fuerzas Armadas entre 1967 y 1969. Publicó varios libros de poemas y dos novelas policíacas. Y fue miembro fundador de la Unión de Periodistas de Cuba.
Pese a las palabras y los litros de tinta que se emplearon durante las últimas décadas en su contra, Pavón nunca salió a responder ni a defenderse, ya que entendía —según algunos cercanos— que había hecho lo que le correspondía hacer y eso era acatar las decisiones del Comandante en Jefe, Fidel Castro. Pero no se limitó a eso. Pavón fue un gestor cultural y estuvo detrás de la carrera de no pocos, como el cantautor de Silvio Rodríguez, desde sus tiempos como conscripto, y fue un pluma ágil para pulir los escritos de Ernesto Guevara en Verde Olivo. No por nada el Che decía de él que era “el comandante de las letras revolucionarias”.
Precisamente fue Norberto Fuentes uno de quienes ‘sufrió’ la mano de Pavón. En septiembre de 1968 una crítica no firmada en Verde Olivo sobre Condenados de Condado fue el comienzo de los años grises de Norberto. El propio Fidel Castro había exigido a Pavón que destrozara el libro de cuentos de Fuentes con el que había ganado el Premio Casa de las Américas a comienzos de ese año. El director de la revista hizo la crítica, pero —para desagrado de Fidel— no arrasó con el texto, sino que dejó la puerta entreabierta para el regreso de Norberto. Dicho y hecho, Pavón fue clave en la reincorporación de Fuentes a la primera línea de literatura cubana y quien le encargó una nota que a la postre terminaría convirtiéndose en el libro Hemingway en Cuba.
Revuelo causó en algunos círculos su aparición en 2007 en la televisión cubana —en el espacio Impronta, dedicado a rescatar la obra de personalidades de la cultura nacional—, y especularon con el regreso de algunas de las prácticas de ese “quinquenio”, en esos primero meses de la gestión de Raúl Castro, tras el retiro de Fidel. Pero nada de eso pasó. Sólo fue una histeria, luego llamada la “guerrita de los emails”.
Curiosamente el fallecimiento de Pavón no ha sido publicado por ningún medio relevante, ni en Cuba ni en el exterior, y todas las informaciones divulgadas se han remitido al blog Libreta de apuntes del escritor Norberto Fuentes, que fue quien divulgó la noticia. El silencio sobre el deceso de Pavón llama la atención considerando su relevancia en las décadas de los 60 y 70 en el ámbito cultural de la isla.
Luis Pavón, quien nació en Holguín el 31 de marzo de 1930, participó en la lucha clandestina contra Batista. Estudió Leyes pero se dedicó al periodismo. Trabajó en varios medios escritos cubanos como Norte, Verde Olivo, Cuba, Bastión, Granma, Bohemia. Fue profesor de la Escuela de Periodismo de las Fuerzas Armadas entre 1967 y 1969. Publicó varios libros de poemas y dos novelas policíacas. Y fue miembro fundador de la Unión de Periodistas de Cuba.
Pese a las palabras y los litros de tinta que se emplearon durante las últimas décadas en su contra, Pavón nunca salió a responder ni a defenderse, ya que entendía —según algunos cercanos— que había hecho lo que le correspondía hacer y eso era acatar las decisiones del Comandante en Jefe, Fidel Castro. Pero no se limitó a eso. Pavón fue un gestor cultural y estuvo detrás de la carrera de no pocos, como el cantautor de Silvio Rodríguez, desde sus tiempos como conscripto, y fue un pluma ágil para pulir los escritos de Ernesto Guevara en Verde Olivo. No por nada el Che decía de él que era “el comandante de las letras revolucionarias”.
Precisamente fue Norberto Fuentes uno de quienes ‘sufrió’ la mano de Pavón. En septiembre de 1968 una crítica no firmada en Verde Olivo sobre Condenados de Condado fue el comienzo de los años grises de Norberto. El propio Fidel Castro había exigido a Pavón que destrozara el libro de cuentos de Fuentes con el que había ganado el Premio Casa de las Américas a comienzos de ese año. El director de la revista hizo la crítica, pero —para desagrado de Fidel— no arrasó con el texto, sino que dejó la puerta entreabierta para el regreso de Norberto. Dicho y hecho, Pavón fue clave en la reincorporación de Fuentes a la primera línea de literatura cubana y quien le encargó una nota que a la postre terminaría convirtiéndose en el libro Hemingway en Cuba.
jueves, 9 de mayo de 2013
El libro ajeno
Documentos de Hemingway en Cuba a Biblioteca JFK
Por Brett Zongker (The Associated Press), Washington
6 de mayo de 2013
Académicos y el público en general podrán tener mayor acceso a los libros y grabaciones que Ernest Hemingway dejó en Cuba, donde escribió algunas de sus obras más famosas, al partir hacia Estados Unidos.
Cuba y una fundación privada estadounidense colaboran para preservar más de los documentos y pertenencias que quedaron en la casa, cerca de La Habana, desde la partida del novelista, que murió en Estados Unidos en 1961. El lunes en el Capitolio estadounidense, el representante James McGovern de Massachusetts y la Finca Vigia Foundation con sede en Boston anunciaron la digitalización de 2.000 documentos de Hemingway y otros materiales. Las copias digitales serán transferidas a la Biblioteca John F. Kennedy en Boston.
Esta es la primera vez que alguien en Estados Unidos ha podido examinar estas pertenencias del escritor guardadas por años en su casa en Cuba, la Finca Vigía. Los documentos incluyen pasaportes que muestran los viajes de Hemingway y cartas que hablan de obras como El viejo y el mar.
Jenny Phillips, la nieta del editor de Hemingway, Maxwell Perkins, creó la Fundación Finca Vigia en 2004 tras una visita a La Habana en la que vio la casa del escritor en el abandono y se enteró de que había muchas grabaciones en el sótano de la vivienda. Phillips hizo las gestiones para que el Departamento de Estado y el Tesoro le dieran permiso para enviar a conservadores y archivistas a Cuba para ayudar a salvar los archivos literarios.
"Son los despojos y los desechos de la vida de un escritor. Es su vida y su obra", dijo Phillips. "Todos esos pedacitos y piezas se juntan para crear un gran rompecabezas".
Los archivos recientemente digitalizados incluyen cartas de Hemingway a la actriz Ingrid Bergman y otras a su esposa Mary, pasaportes documentando sus viajes, cuentas en bares, listas de compras y anotaciones sobre huracanes. No incluye ningún manuscrito.
Un esfuerzo de digitalización anterior divulgó 3.000 archivos de Hemingway en 2008 y presentó por primera vez fragmentos de manuscritos, incluyendo un final alternativo para Por quién doblan las campanas y correcciones a borradores de El viejo y el mar.
En la Finca Vigía continúan las obras de restauración. Se está construyendo un nuevo edificio climatizado en el que se albergarán los libros del escritor y las grabaciones originales.
"Desde hace años los académicos tratan de ver qué hay ahí, y por la situación política entre ambos países los cubanos se aferraron muy pronto a lo que tenían", dijo Phillips, quien ha negociado entre los cubanos y los estadounidenses para tener acceso a la colección de Hemingway. "Creo que es una colaboración extraordinaria y única entre los dos países".
McGovern, quien aboga por regularizar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, ha calificado la colaboración por Hemingway como histórica.
La biblioteca Kennedy tiene una gran colección de Hemingway con más de 100.000 páginas de escritos y 10.000 fotografías gracias a la intervención de Jacqueline Kennedy para albergarlos. Tras la muerte del escritor en 1961 el presidente John F. Kennedy ayudó a que la esposa del escritor, Mary Welsh Hemingway, regresara a Cuba para recuperar sus pertenencias, pero Mary sólo se pudo llevar lo que cupo en un bote. El resto lo quemó, por considerarlo demasiado íntimo, o lo dejó en la casa.
— O —
La academia americana parece no hacer el mínimo esfuerzo por documentarse, o por lo menos googlear (quizá algo muy poco académico, pero por lo menos efectivo), sobre Hemingway y sobre lo que dejó en San Francisco de Paula, La Habana, y hace afirmaciones sin un chequeo básico. A las señoras de la Fundación Finca Vigía y de la Biblioteca Kennedy solo les bastaría consultar dos libros de Norberto Fuentes, para darse cuenta de que están vendiendo (o comprando) chatarra. Especialmente por el hecho de que los documentos y manuscritos más relevantes e importantes que quedaron el sótano de Finca Vigía —y que ahora ofrecen digitalizados para evitar un engorroso viaje a La Habana para poder leerlos, todo por una gentileza (¿y unos cuantos dólares de por medio?) de los cubanos— ya fueron reproducidos en las páginas de Hemingway en Cuba en… 1984. Es decir, hace casi 30 años. Incluso la Biblioteca Kennedy entrega la imagen que encabeza esta nota sin lograr identificar a la mujer en primer plano. Ya en Ernest Hemingway: Rediscovered —el segundo libro de Fuentes sobre el novelista americano— Norberto resolvió la incógnita: es una prima de Mary Welsh Hemingway, Bea, la esposa de Homer Guck. Ver también en este blog.
sábado, 16 de febrero de 2013
Conversos en La Habana
El director de L’Osservatore Romano, Gian Maria Vian, afirmó que la decisión de Benedicto XVI de renunciar el 28 de febrero a su pontificado fue tomada tras el viaje, en marzo de 2012, a México y Cuba. En su paso por La Habana, el Papa recibió en la Nunciatura a un Fidel Castro ya retirado y con actitud piadosa (nadie ha podido afirmar si era solo apariencia o algo más). Dicen que el cansancio que experimentó en ese recorrido por tierras americanas lo convenció que no tenía las fuerzas suficientes para seguir conduciendo a la Iglesia Católica. Sin embargo, son demasiadas las coincidencias relacionadas con aquel periplo que surgen a la vista en lo que a razones e inspiraciones habría tenido Benedicto XVI para dar un paso al lado en el Vaticano.
Sin ir más lejos, el último gobernante o jefe de Estado que cedió el poder absoluto con el que contaba fue Fidel Castro. Desde 2006 el líder máximo de la Revolución Cubana vive retirado de la vida pública en un régimen de semiclaustro en una zona del oeste de La Habana. Por cierto, un retiro desde donde periódicamente sigue dando señales de que si bien no tiene la fuerza y capacidad de antaño, sigue ahí. En la Cuba comunista, Fidel estableció casi desde el comienzo que su relevo natural y oficial era su hermano, Raúl Castro. Todos —incluido el mismo Fidel— consideraban que ese relevo debía venir con la muerte del Comandante en Jefe. Pero las circunstancias (llámese diverticulitis) hicieron que el traspaso se hiciera con Fidel en vida; una experiencia que resultó a todas luces (para moros y cristianos) beneficiosa y alejada de todo el traumatismo que implica la desaparición repentina y definitiva del máximo líder. Ya de eso hace más de seis años, desde que Raúl Castro tomó las riendas y que las ha llevado con un pragmatismo abismante.
Históricamente los reinados de los papas concluyen con su muerte. Se trata de un cargo vitalicio. Pero Joseph Ratzinger decidió dejar vacante el sillón de San Pedro en vida pese a la tradición de 20 siglos. Una decisión revolucionaria, controvertida y con múltiples interpretaciones. A partir de marzo será sólo arzobispo emérito de Roma y se retirará a vivir primero en Castelgandolfo y luego al convento Mater Ecclesiae. Como en la enorme mayoría de los casos la elección de los papas se hace tras la muerte del predecesor, resulta imposible una presión de quien era hasta hace unos días jefe de la Iglesia. Pero en el actual escenario, y pese al anunciado retiro, no es imposible pensar que el entonces ex Papa (¿existe esa figura?) ejercerá alguna influencia y moverá sus fichas en el cónclave con tal de que su sucesor mantenga la línea trazada por él en sus siete años de papado y concluya las tareas emprendidas y que han quedado inconclusas. El propio hermano del Pontífice, Georg Ratzinger, citado por el diario El País de España, no se muerde la lengua al afirmar que Benedicto XVI “no ejercerá ningún tipo de influencia indeseada” en la elección del próximo Papa. De ser así, sería una hábil jugada para mantenerse en la partida por un tiempo, impedir que su camarilla tome el poder en su nombre en caso de que él esté demasiado enfermo, y evitar que un sucesor barra con lo sembrado y enrumbe por otro camino.
Sólo Benedicto XVI sabe la impresión que le dejó y los pensamientos que se cruzaron por su mente ese 28 de marzo de 2012 al encontrarse con Fidel Castro, acompañado por su esposa y dos de sus hijos. Él, que había tenido todo el poder en sus manos, había pasado a retiro. Él había supervisado cada uno de los pasos dados en las semanas y meses de la transición. Todo comandado por el mejor, el más experimentado y más preparado de sus hombres: su hermano. Él, que había colgado la guerrera verde olivo, estaba dedicado a reflexionar y al reposo. ¿Por qué yo no?
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