miércoles, 6 de agosto de 2014

El regreso de Alina

Con su padre biológico, el día de su primera boda, en 1973.
Publicado en La Tercera el 6 de agosto de 2014

Con un pasaporte cubano y acompañada de su hija llegó a La Habana, el domingo, Alina Fernández Revuelta, la hija extramatrimonial pero reconocida de Fidel Castro. Fue un viaje tan sorpresivo como inesperado, ya que la mujer, que ha vivido los últimos 21 años en Estados Unidos como una ácida y ferviente crítica del régimen que instaló su padre en Cuba, decidió volar hasta la isla ante el grave estado de salud de su madre, Natalia Revuelta, de 88 años. Así lo aseguraron a La Tercera varias fuentes con altos contactos en Cuba y con vínculos de amistad con Fernández.

Según esas versiones, el jueves de la semana pasada, Revuelta, quien tuvo una relación amorosa con Fidel Castro en 1955, estaba duchándose en su casa del Nuevo Vedado, donde vive sola, cuando se cayó y se golpeó la cabeza. Pensó que no había sido nada, se reincorporó y se arregló para salir. Sin embargo, cuando iba caminando, el dolor en la cabeza aumentó y la fiebre le subió. Fue llevada al prestigioso centro médico Cimeq, pero luego trasladada a la llamada “Clínica de 43”, donde fue internada. Tenía un coágulo en el cerebro, por lo que fue operada. En forma paralela comenzaron los frenéticos intentos por contactar a su hija Alina, en Miami, algo que sólo se logró el sábado. Ante la gravedad de la situación de su madre, tomó el primer vuelo disponible a La Habana, la mañana del domingo.

Fernández nació en marzo de 1956, fruto del romance entre Castro y Natalia Revuelta. En esos años, Revuelta, una mujer que deslumbraba por su belleza, vivía cómodamente y estaba casada con un afamado cardiólogo, Orlando Fernández, con quien tenía una hija. Pero estaba muy interesada en la política, gracias a lo cual conoció a Castro y quedó embarazada de él. Eso ocurrió antes de que Castro partiera a México, donde preparó su regreso a bordo del yate Granma.

Tras el triunfo revolucionario, su ex esposo y su primera hija, Natalí, partieron rumbo a Estados Unidos. Muchos años después, en 1993, en medio del Período Especial tras la caída del bloque socialista europeo y el fin de la Unión Soviética, hizo lo mismo Alina. Era impensable que la hija del Comandante en Jefe, que en ese tiempo estaba dedicada al modelaje y cuyos escándalos estallaban a cada momento, le permitieran dejar el país y sumarse al exilio. Por eso lo hizo disfrazada, con una peluca y con un pasaporte falso, rumbo a Madrid. Todo financiado por la revista Paris Match y con la ayuda, entre otros, de su amigo de infancia Osvaldo Fructuoso. Se instaló en Estados Unidos y en 1997 publicó el libro Alina. Memorias de la hija rebelde de Fidel Castro, que le costó una millonaria demanda de su tía, Juanita Castro -quien vive también exiliada en Florida-, por las descalificaciones en contra de sus abuelos Angel y Lina. Fernández (de los siete hijos reconocidos de Fidel Castro es la única mujer) se sumó a los sectores más radicales del anticastrismo y comenzó a participar en diferentes programas de radio.

Durante todos estos años, nunca completó sus trámites para obtener la ciudadanía estadounidense, razón por la que viajó a La Habana con un pasaporte cubano vigente. Sólo en mayo pasado y frente al cambio de las leyes migratorias cubanas impulsado por el gobierno de Raúl Castro, declaró en una entrevista con la agencia española Efe que tenía “la sensación y el instinto” de que “todavía” no era el momento de viajar a la isla. “No quiero tener problemas. A estas edades (58 años) una es menos aventurera (...). Me da mucha pena, porque mi madre está mayor (...) y ver a tu madre y querer hacer algo por ella es una ley de la naturaleza, es algo visceral”.

Es conocido que Fidel Castro le mandó a decir a Alina Fernández que era libre de volver a Cuba cuando lo quisiera. Y Raúl Castro ha sido un firme partidario de los reencuentros en su familia, tanto así que facilitó durante años los viajes de la primera esposa de Fidel, Mirta Díaz-Balart, desde España a Cuba, para reunirse con su hijo “Fidelito”, y visitó el sábado pasado a Natalia Revuelta para enterarse de su situación. De cualquier forma, la noticia del viaje de Fernández demuestra la capacidad del gobierno cubano para movilizar al exilio de Miami con una noticia que con seguridad estará en boca de esa ciudad durante algunas semanas.

miércoles, 23 de abril de 2014

El que calla

Es posible que apenas suba estas líneas, Fidel Castro se pronunciará sobre la muerte de Gabriel García Márquez. Aun así, cuando los últimos compases de los vallenatos se han apagado y las rosas amarillas comienzan a marchitarse, todo en homenaje al autor de El coronel no tiene quien le escriba, llama la atención que Castro no se halla referido al escritor y Nobel que logró utilizar a su antojo y mantener a su lado contra viento y marea. Eso sin contar la corona de flores que llegó hasta el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México con la escuálida leyenda “De Fidel Castro Ruiz. Al amigo entrañable”. En todo caso ese silencio, que da rienda suelta a las elucubraciones sobre el verdadero estado de salud del líder de la Revolución Cubana, no es nuevo. Cuando el Presidente venezolano Hugo Chávez, murió el 5 de marzo de 2013, tardó seis días en publicar una líneas, y demoró casi dos semanas en reaccionar —como lo hace desde que se retiró del poder en 2006, a través de un texto en la prensa cubana— a la muerte del sudafricano Nelson Mandela, el 5 de diciembre de 2013. Quizá no esté pasando por un buen momento de su etapa jubilatoria, que una sequía creativa lo esté afectando o simplemente no sabe cómo escribir algunas de las anécdotas que compartió con Gabo sin descubrir algo de su propio historial y sus propósitos más ocultos. Lo que sea siempre es mejor quedarse callado que terminar con unos mensajes que nadie entiende, como cuando mencionó la expansión del universo o aquello que hacen los yogas.

viernes, 28 de marzo de 2014

Todo un siglo con SALAS

Che. 1964
La firma Salas es sinónimo de las fotografías históricas, emblemáticas y hasta épicas captadas tras el triunfo de la Revolución Cubana, de la misma forma como lo son Alberto Korda, Raúl Corrales, Ernesto Fernández, entre otros. Pero detrás del apellido Salas están dos miembros virtuosos de la cámara y la película en blanco y negro, Osvaldo y Roberto, padre e hijo, que se sumaron a la tarea de retratar desde muy temprano la experiencia revolucionaria, con Fidel Castro y el Che Guevara como protagonistas.

En todo caso Osvaldo Salas tiene el récord de ser uno de los pocos que fotografió a Fidel antes de que se hiciera conocido con su barba y su traje verde olivo, y también después de la victoria de 1959. Las primeras de esas imágenes las tomó en 1955, cuando Salas vivía en Nueva York, y las otras en Cuba, cuando la marea de esos años lo llevó de regreso a la isla. De esos tiempos son imágenes que están en la retina de la historia: la de Fidel y Raúl Castro, con el Che; la de Celia Sánchez, de perfil, fumando, o la de Guevara, divertido, con las botas enbarradas.

Este sábado 29, Osvaldo Salas, quien falleció en 1992, habría cumplido 100 años, y su hijo, Roberto, aún un fotógrafo activo, lo recuerda con cariño y admiración, y relata algunos de los pasajes de su vida en esta entrevista telefónica con Toda la noche oyendo pasar pájaros.


Osvaldo Salas.
¿Por qué su padre llegó a vivir a Estados Unidos?

Mi padre fue a Estados Unidos de muy joven, a los 14 años. Mi abuelo emigró a Estados Unidos, más o menos en la época de la depresión económica mundial. Mi abuelo era soldador, y mi padre con su hermano menor comenzaron a trabajar de muy jóvenes con mi abuelo. Tenían un taller de mecánica, de soldaduras y esas cosas. Mi viejo en Estados Unidos estuvo 34 años, hasta 1959.

¿Y cómo llegó a la fotografía?

Por tropezones, de casualidad. En los años 40, él estaba trabajando como soldador en una empresa en Nueva Jersey. El hacía trabajos de especialidad, de soldadura de banco, de acero inoxidable, de alta precisión. En ese centro de trabajo había un club de fotografía, y los miembros de ese club iban a ver a mi padre para que les hiciera bandejitas, pinzas y distintos aparatos de acero inoxidable que se utilizaban en la fotografía (en el laboratorio). Entonces él se fue interesando en aquello, porque le llamaba la atención, y con el tiempo mi padre se hizo miembro de aquel club. Todo esto fue antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial. Cuando se acabó la guerra mi padre ya era miembro activo en ese club y en 1947 se ganó el primer premio del club por una fotografía. Así el viejo, que ya venía con esa atracción por la imagen, empieza a trabajar simultáneamente de soldador y a tirar fotografías. Al principio eran de nosotros, de mi hermana y yo, cuando éramos más pequeños, de gente del barrio que le pedía hacer una foto de un cumpleaños. Así poco a poco fue haciendo cosas. Y comenzó a ver que había un ingreso por ese lado y empezó a comercializarse. Pero llegó un momento, en 1948 más o menos, que con el volumen que tenía de fotografías que hacía en la casa, más el trabajo que tenía (de soldador), tenía un horario muy extenso y ya no podía seguir con las dos cosas. Tenía que escoger: “O soy fotógrafo o soy soldador”. Ese es el momento en que decide dedicarse a la fotografía. Instala un pequeño laboratorio en la casa donde nosotros vivíamos en el Bronx, comienza a hacer algunas cosas comercialmente y después abre un local en Manhattan y establece su estudio de fotografía, a dos cuadras de Times Square. Empieza a hacer cosas deportivas, cosas periodísticas, en fin, todo lo que entraba por la puerta para poder ganarse la vida. Lo mismo era una boda, que un bautizo, fotografías de carné. En fin, todo lo que era posible hacer.

A él, en esa época, ¿qué era lo que más le gustaba hacer en cuanto a fotografía?

Bueno, realmente, no puedo decir qué era lo que más le gustaba. No creo que ese momento él se haya decidido por alguna forma, por algún estilo. El hacia un trabajo generalizado, de cualquier cosa. He dicho en otras ocasiones que nosotros (porque yo me incluyo en eso, yo dejé la escuela a los 15 y me puse a trabajar con él) realmente tirábamos fotografías, y yo creo que después de 1959 empezamos a desarrollarnos, a hacer fotografía. En Nueva York nosotros teníamos que hacer lo que querían los demás. Pero ya en 1959, aquí, empezamos a hacer el estilo de fotografía que nos gustaba a nosotros. Yo creo que ese es el momento en que el viejo empieza a madurar más y a perfeccionar más su estilo.

Fidel en Nueva York, en 1955.
En 1955 él fotografió a Fidel Castro, en Nueva York. ¿Cómo fue que hizo ese trabajo?

En todos esos trabajos múltiples que él hacía, él también hacia trabajos de free-lance, para periodistas, gente que le pedían trabajos, periodistas latinoamericanos, fundamentalmente de Venezuela, de México, de Cuba. En 1955 él recibe una solicitud de trabajo para la revista cubana Bohemia, conjuntamente con un periodista que había en Nueva York, que se llamaba Vicente Cubillas, para hacer unas fotografías de un pequeño grupo de personas que eran de oposición al gobierno de Batista. Como la revista Bohemia estaba en contra del gobierno de Batista, tenía interés en mostrar que esta gente seguía activa, ya que habían rumores que sostenían que estaban escondidos, que habían desistido de sus demandas. Llegaron a Nueva York a recoger fondos, a buscar apoyos para lo que ellos posteriormente iban a hacer. Entonces, llegó al estudio de mi padre, se ponen de acuerdo ahí y el viejo hace el reportaje para Bohemia, que salió publicado en 1955.

¿En ese tiempo su papá ya tenía alguna idea política definida?

No, absolutamente ninguna. En ese momento no. El viejo estaba totalmente alejado de ese tipo de cuestiones. Mi padre hizo ese trabajo (de Fidel en 1955) como cualquier otro trabajo, porque nosotros en ese momento no teníamos elementos, porque no vivíamos en Cuba. Lo que pasa es que después nos vinculamos ahí (con la gente opositora a Batista), entonces al triunfo de la revolución ya estábamos más o menos definidos, siguiendo al Movimiento 26 de Julio.

Roberto Salas.
¿Entre usted y su padre se produjo una especie de “sana competencia” de fotógrafos?

No, yo no creo. Nunca lo vi así. Era un trabajo más. El hacía sus cosas y yo hacía las mías. Nunca pensé en una competencia. Se dice que cuando padre e hijo están en la misma profesión, subconscientemente la segunda generación siempre trata de hacer las cosas algo distinto de la primera generación. Realmente mi padre trabajaba por un lado y yo, por otro. No coincidíamos. Lo que sí hace él aquí es perfeccionar su estilo, buscando lo que había sido su nacimiento en la fotografía. Hay que acordarse de que él era retratista, que tenía un estudio de fotografía en Nueva York. Entonces él trae ese concepto adentro, de hacer el retrato, la fotografía más cercana, y él se convierte en un retratista.

¿Cómo fue que regresaron a Cuba? ¿Fue una petición de Fidel?

Hasta cierto punto, sí. No fue un “ordene y mande”, ni mucho menos. Mi padre siempre quizo, de alguna forma, de alguna manera, a lo largo de los 34 años que estuvo allá, regresar para Cuba algún día y vivir aquí. Entonces, al surgir este proceso, vio la oportunidad. Fidel nos dio la oportunidad, más o menos directamente, de que nosotros hacíamos falta aquí, que se iba a hacer una nueva prensa, que teníamos trabajo. Eso nos dijeron Fidel como otros compañeros. Nosotros vimos la posibilidad del “cielo abierto”, y el viejo lo vio como la oportunidad para definitivamente quedarse en su país, que era lo que siempre él quería. Porque en el fondo, él era muy cubano. El estuvo 34 años allá y nunca se hizo ciudadano norteamericano. El siempre pensaba que “algun día, algún día”. Y el proceso político en Cuba abrió muchas oportunidades de trabajo aquí, y podíamos hacer muchas cosas. El viejo lo aprovechó y por eso fue que se vino para acá. Entre enero y febrero (de 1959) ya estaba aquí. Va y viene a Nueva York como tres veces, pero ya en 1960 él ya está establecido definitivamente en Cuba, hasta que falleció, en 1992. Ahora, ¿cuál es la vinculación de nosotros directamente con Fidel? Bueno, había un antecedente: que ya nosotros lo conocíamos desde 1955, fundamentalmente el viejo, y entonces después fue más fácil una serie de cuestiones.

El triunfo de la revolución, el regreso a Cuba ¿le cambio a su padre el sentido que tenía para él la fotografía?

Si. Desde el punto de vista técnico, nosotros dejamos la grandes cámaras, los grandes flash y todas esas cosas. No los utilizábamos. Y empezamos a trabajar con cámaras de 35 milímetros y a hacer fotografías con luz ambiental, a hacer reportajes. Toda una serie de cosas que nosotros allá no hacíamos. Y tirábamos fotografías de lo que nosotros queríamos, que creo que era lo más fresco del asunto, no?

Cuando él regresó a Cuba ¿se mantuvo como independiente o entró a formar parte de algún medio?

Nosotros somos fundadores del periódico Revolución, que nació más o menos en enero de 1959. El periódico fue, con la perspectiva de los años, pilar del desarrollo de la fotografía de aquel entonces, que después llegó a conocerse como la fotografía épica de la Revolución Cubana, que éramos un grupo –no muy grande– donde estaba Korda, el viejo, Corrales, Liborio (Noval), yo y algunos compañeros más. Pero un pequeño grupo, de ocho o 10 personas. Cambiamos el estilo, la forma en que se hacía fotografía de prensa en Cuba, y la hacíamos en una base diaria, en fotorreportaje. Nadie sabía lo que estábamos haciendo, que estábamos haciendo cambios, ni haciendo historia. Eso se descubre con los años, retrospectivamente. Nosotros trabajamos directamente con el periódico Revolución, y también hacíamos cosas con la revista Bohemia. Después empezamos a hacer otros trabajos. Desde el punto de vista económico para nosotros era mucho más conveniente estar en Cuba, porque estábamos ganando mucho más de lo que ganábamos en Nueva York. Y la vida era más barata, más fácil que aquí.

En los 70 y en los 80 ¿qué siguió haciendo su padre?

El siguió trabajando en el periódico hasta los años 80, por ahí. El siguió trabajando todo ese tiempo, haciendo distintos reportajes, hacía exposiciones de fotografía, que presentaba en distintos países. Viajó mucho haciendo distintos reportajes por muchos países, a nombre del periódico, a nombre de revistas. El se mantuvo en la prensa todos esos años. Tiene un trabajo muy amplio que abarcaba muchos terrenos.

¿Y después buscó un nicho distinto de fotografía o siguió con los reportajes, los retratos?

Realmente yo creo que al viejo no se le puede definir por un estilo determinado. O sea que él hacia muchas cosas. Realmente como fotógrafo de prensa él hacia de todo. Ahora, él, particularmente, se perfeccionaba y hacia algunas cosas particulares para él.

¿El nunca hizo clases?

No. Nunca dio clases. Lo que sí, los jóvenes se acercaban a él, le daba explicaciones, pero como profesor en algo, él nunca lo hizo. El era más bien espontáneo. Tú le preguntabas algo y él te decía, te ayudaba. El fue responsable de fotografía del periódico, por muchos años, de Revolución, que después se llamó Granma. El también es fundador de Granma, y también el era el responsable de fotografía.

¿Tenía alguna foto a la que le tenía más cariño?

Yo no te pudiera decir una… él tenía unas cuantas. Por ejemplo, una que le gustaba mucho y que se hizo muy famosa, que es el perfil del Che donde está fumando. También le gustaba una donde está Fidel y Hemingway, que es un retrato, casualmente, de la cara de Hemingway y de la cara de Fidel. Y una serie de imágenes sueltas, de cosas que políticamente no eran destacadas, ni mucho menos, pero eran imágenes que a él le gustaban: escenas callejeras, escenas de niños, personas caminando por la calle. Muchas de esas cosas que a él le gustaban y presentaba en sus exposiciones. Eran fotografías de Cuba, pero no eran de personalidades ni mucho menos. De todas formas a él le gustaba todo su trabajo. Si él lo mostraba era porque le gustaba. Lo que no le gustaba, no lo enseñaba.
Hemingway y Castro. 1960
Fidel, Raúl y el Che. 1963

lunes, 24 de febrero de 2014

Muere el general Pascual Martínez Gil


De izquierda a derecha: el coronel José A. "Lingote" Blanco, Pascual Martínez Gil,
Antonio de la Guardia y José Abrantes. En Nicaragua, durante el primer
viaje de Fidel Castro, en julio 1980. Foto propiedad de Norberto Fuentes.

Fiel a su estilo, en lo que se refiere al pasado y nombres incómodos, el gobierno cubano tiró un manto de silencio sobre el reciente fallecimiento de Pascual Martínez Gil, general del Ministerio del Interior y jefe de las Tropas Especiales, quien llegó a ser viceministro primero del Minint pero que fue condenado a 12 años de prisión en 1989. Su caída en desgracia se produjo en el marco de la Causa N°2, el proceso que llevó al desmantelamiento del Ministerio del Interior que entonces encabezaba José Abrantes, y que estuvo vinculado estrechamente a la Causa N°1, el juicio por supuestos delitos de narcotráfico que terminó con el fusilamiento, entre otros, del general Arnaldo Ochoa y el coronel Antonio de la Guardia.

Al frente de las Tropas Especiales y de la Seguridad Personal, le correspondió acompañar a Fidel Castro en la mayoría de sus viajes al extranjero en la década de 1970 y hasta 1989, y cumplió misión en Angola donde sufrió severas heridas al activar una mina anticarro en los combates contras las fuerzas sudafricanas. La misma acción le costó la vida al general Raúl Díaz Argüelles. Martínez Gil era conocido como un militar muy laborioso, con una reputación a base de trabajo y golpes audaces, y considerado como un cuadro emblemático del Minint de esos años.

En 1989, al conocer la sentencia en su contra, Martínez Gil lanzó una frase que aún resuena: “El mayor castigo es no poder volver a estrechar la mano del Comandante en Jefe”. Una clara muestra de un hombre que fue forjado por la Revolución, que era de la confianza del propio Fidel, que siempre acató sus órdenes y que no sabría, tras su condena, cómo reaccionar cuando fue señalado como un enemigo.

Según fuentes que conocieron de su deceso, Martínez Gil, de 71 años, presentó malestares a pincipios de la semana pasada, por lo que fue atendido en el famoso Hospital Cimeq, donde se atiende la alta nomenclatura cubana. Falleció pocos días después y a los familiares se les indicó que mantuvieran la discreción y que realizaran una ceremonia muy íntima, "que no era necesario armar espectáculos". Muy pocas personas asistieron a su entierro, que se llevó a cabo al parecer el miércoles. Martínez Gil deja a su esposa y a un hijo en Cuba, y a una hija que está en Estados Unidos.


Martínez Gil durante la Causa N°2 y el proceso contra Abrantes.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Un trompetista revolucionario

Es un apasionado trompetista y un convencido revolucionario. Eso sí, esconde un enorme secreto. Nada de lo que puedan estar pensando. Pepe es un vampiro y su tío es el científico Werner Amadeus von Dracula, quien ha encontrado la fórmula para que su querido sobrino pueda disfrutar del sol y las bondades de La Habana de los años 30: el Vampisol. Así, sin saber su origen, Pepe, o Joseph, ama con locura a su novia, Lola, combate a la dictadura de Machado e incluso desafía al jefe de la policía poniéndole los cuernos con su mujer. Eso es parte del argumento de la película de animación Vampiros en La Habana (1985), de Juan Padrón. Y quien pone la música en la trompeta de Pepito es nada más ni nada menos que Arturo Sandoval, el mismo al que la semana pasada el Presidente de Estados Unidos le impuso la Medalla de la Libertad, al igual que otros 16 personajes estadounidenses, incluido Bill Clinton.

Obama destacó que Sandoval es "uno de los trompetistas más reconocidos en el planeta" y recordó que fue arrestado en Cuba por escuchar jazz en la radio del gobierno estadounidense La Voz de América. "Músicos como él han sacrificado tanto por tocar" jazz, declaró Obama. Pero el gobernante no dijo nada de Pepe, ni del Vampisol, ni de que Sandoval, al igual que el sobrino de Von Dracula, fue un ferviente revolucionario. Tampoco que fue militante del Partido Comunista de Cuba, que formó parte de Irakere, que organizó muchos festivales de jazz en la isla y que hizo escenario suyo el teatro Karl Marx. Como si lo bueno de su historia hubiese comenzado cuando se marchó a Estados Unidos.

Vampiros en La Habana llegó a Chile en los años finales de la dictadura y se exhibió en algunas salas de cine-arte, como el Normandie y El Biógrafo, en Santiago. Para muchos de nosotros los “¡Abajo Machado!” los leíamos como “¡Abajo Pinochet!”. Quizá por eso me quedo con Pepito, que pese a reconocerse luego como un vampiro, se mantuvo firme junto a sus convicciones y sus ideales.

martes, 19 de noviembre de 2013

En carrera por la sucesión de Raúl Castro


Pedro Schwarze
Publicado en La Tercera, 17 de noviembre de 2013

Durante casi cinco décadas Fidel Castro tuvo a su hermano, Raúl, cinco años menor, como el número dos del régimen, como su carta de recambio. Tras la salida abrupta de Fidel por enfermedad en 2006, y después de 19 meses de transición, en febrero de 2008 Raúl Castro asumió formalmente el mando y puso como su segundo a bordo a José Ramón Machado Ventura, un año mayor que el Presidente cubano. En febrero pasado, Raúl asumió su segundo y, según su promesa, último período de gobierno, de cinco años. Los personajes antes mencionados son todos octogenarios. Fidel Castro, 87; Raúl Castro, 82, y Machado Ventura, 83. Quizás por eso, pensando en un recambio generacional y considerando que los imponderables son más frecuentes en personas de esa edad, que el menor de los Castro decidió nombrar como vicepresidente del país a un hombre que actualmente tiene 53 años.

Se trata de Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, un ingeniero eléctrico y profesor universitario, que nació en abril de 1960, después del triunfo de la Revolución en 1959, a diferencia de una buena parte de la dirigencia cubana aún vigente que son veteranos de la lucha contra Fulgencio Batista. De hecho, es el más alto dirigente nacido tras la victoria de los “barbudos” de Sierra Maestra. Fue primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas de su Villa Clara natal y en 1994 fue elegido primer secretario del Comité Provincial del PC en Villa Clara. Eso le permitió alcanzar el Politburó del PC en 1997. Además, en 2003, fue elegido al frente del Comité Provincial del PC en Holguín.

Pero fue con la llegada a la cumbre del poder de Raúl Castro, que Díaz-Canel escaló más arriba y quedó más cerca de la primera línea. En mayo de 2009 fue nombrado ministro de Educación Superior, en marzo de 2012 fue designado vicepresidente del Consejo de Ministros y en febrero pasado, tras la salida de Machado Ventura, quedó como número dos del aparato de gobierno al concentrar en sus manos la primera vicepresidencia de los Consejos de Estado y de Ministro. En todo caso, aún no es el número dos de la jerarquía del país, debido a que Machado (considerado un hombre de Fidel) sigue siendo segundo secretario general del PC de Cuba.

Como sea, ocho meses ha sido llamativa la amplia presencia y el protagonismo que ha asumido Díaz-Canel, muy por encima de lo que hacía el gris Machado Ventura, y en cierto sentido que el propio Raúl Castro, quien desarrolló un gusto por trabajar, actuar y operar en las sombras, lejos de los focos casi completamente reservados para su hermano Fidel.

Sólo en las últimas semanas sus palabras han resonado en la prensa cubana, que ilustran el cambio y las reformas que está impulsando en diversas áreas que el propio Raúl Castro está conduciendo, con frases llamativas como que “hace falta un pensamiento más fresco y revolucionario en la promoción cultural”, cuando llamó a fomentar el diálogo y acentuar la acción o cuando destacó “la importancia de romper con el secretismo existente en determinados sectores porque sus directivos se oponen a dar informaciones (a la prensa) de diversos temas”. Y en junio fue él quien viajó a China y se reunió con el nuevo máximo dirigente del gigante asiático: Xi Jinping.

De cualquier forma aún falta mucho para la fecha clave: 2018. Cuando está planificado que se produzca el paso al costado de Raúl Castro, cuando tenga 86 años. Y no sería la primera vez que las cartas de futuro en el régimen cubano cae bajo fuertes acusaciones de corrupción, como fueron los casos de los ex cancilleres Roberto Robaina y Felipe Pérez Roque y el ex vicepresidente económico Carlos Lage. Para el escritor Norberto Fuentes, ex miembro del hard core cubano y autor de La autobiografía de Fidel Castro, Miguel Díaz-Canel aparece más bien “como una figura de transición. Hasta ahora no está demostrando tener mucho en la canasta. Yo veo con mejores perspectivas a Alejandro Castro, el hijo de Raúl. Fidel lo entrena a diario”.
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Entrevista a Alcibíades Hidalgo
Ex jefe de despecho político de Raúl Castro

¿Miguel Díaz-Canel es el hombre que Raúl Castro escogió como su relevo?
Creo que Díaz-Canel ha sido escogido como la carta del futuro, para suceder o encabezar la sucesión de los ancianos gobernantes.

¿En que basa esa afirmación?
El asunto tiene toda la impronta raulista. Lo nombra con mucha anticipación. Hay un período de prueba, en este caso de varios años, y asume progresivamente responsabilidades. Es lo que están hacienda ahora. Raúl Castro siempre ha preferido designar de esta manera. No le gustan las improvisaciones. Díaz-Canel ya es el primer vice de todo lo importante y si falta algo se lo darán en el camino. Ya es más importante jerárquicamente que Machado Ventura, pero el poder real sigue en manos de Raúl y Machado, mientras siga el lapso de prueba del escogido.

En todo caso aún faltan más de cuatro años para ese retiro...
Falta un largo tramo para el retiro de Raúl y hará todo lo posible por apuntalar este esquema. Tiene que reforzar la autoridad del designado ante los militares más jóvenes. De hecho Díaz-Canel tiene muchos antecedentes de servicios y colaboración con las Fuerzas Armadas. Para él sería lo ideal. La realidad dirá.

viernes, 31 de mayo de 2013

Comandante de las letras revolucionarias

Luis Pavón Tamayo, señalado como el artífice del llamado “quinquenio gris” y como uno de los censores en Cuba en los 70, falleció el pasado sábado 25, a los 83 años en La Habana. Pavón, quien fue director Verde Olivo, la revista de las Fuerzas Armadas, y presidente del Consejo Nacional de Cultura, entre 1971 y 1976 (instancia que después pasaría a ser el Ministerio de Cultura), fue acusado de haber encabezado una campaña para vetar a algunos intelectuales y artistas, como José Lezama Lima y Virgilio Piñera, muchos de ellos por su condición de homosexuales.

Revuelo causó en algunos círculos su aparición en 2007 en la televisión cubana —en el espacio Impronta, dedicado a rescatar la obra de personalidades de la cultura nacional—, y especularon con el regreso de algunas de las prácticas de ese “quinquenio”, en esos primero meses de la gestión de Raúl Castro, tras el retiro de Fidel. Pero nada de eso pasó. Sólo fue una histeria, luego llamada la “guerrita de los emails”.

Curiosamente el fallecimiento de Pavón no ha sido publicado por ningún medio relevante, ni en Cuba ni en el exterior, y todas las informaciones divulgadas se han remitido al blog Libreta de apuntes del escritor Norberto Fuentes, que fue quien divulgó la noticia. El silencio sobre el deceso de Pavón llama la atención considerando su relevancia en las décadas de los 60 y 70 en el ámbito cultural de la isla.

Luis Pavón, quien nació en Holguín el 31 de marzo de 1930, participó en la lucha clandestina contra Batista. Estudió Leyes pero se dedicó al periodismo. Trabajó en varios medios escritos cubanos como Norte, Verde Olivo, Cuba, Bastión, Granma, Bohemia. Fue profesor de la Escuela de Periodismo de las Fuerzas Armadas entre 1967 y 1969. Publicó varios libros de poemas y dos novelas policíacas. Y fue miembro fundador de la Unión de Periodistas de Cuba.

Pese a las palabras y los litros de tinta que se emplearon durante las últimas décadas en su contra, Pavón nunca salió a responder ni a defenderse, ya que entendía —según algunos cercanos— que había hecho lo que le correspondía hacer y eso era acatar las decisiones del Comandante en Jefe, Fidel Castro. Pero no se limitó a eso. Pavón fue un gestor cultural y estuvo detrás de la carrera de no pocos, como el cantautor de Silvio Rodríguez, desde sus tiempos como conscripto, y fue un pluma ágil para pulir los escritos de Ernesto Guevara en Verde Olivo. No por nada el Che decía de él que era “el comandante de las letras revolucionarias”.

Precisamente fue Norberto Fuentes uno de quienes ‘sufrió’ la mano de Pavón. En septiembre de 1968 una crítica no firmada en Verde Olivo sobre Condenados de Condado fue el comienzo de los años grises de Norberto. El propio Fidel Castro había exigido a Pavón que destrozara el libro de cuentos de Fuentes con el que había ganado el Premio Casa de las Américas a comienzos de ese año. El director de la revista hizo la crítica, pero —para desagrado de Fidel— no arrasó con el texto, sino que dejó la puerta entreabierta para el regreso de Norberto. Dicho y hecho, Pavón fue clave en la reincorporación de Fuentes a la primera línea de literatura cubana y quien le encargó una nota que a la postre terminaría convirtiéndose en el libro Hemingway en Cuba.