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martes, 26 de octubre de 2010

Los electores cautivos

Por Norberto Fuentes

El próximo cambio de consideración, o por lo menos bastante serio, de la política cubana, debe ocurrir en Miami y no en La Habana, y será dentro de muy pocos días, si un candidato republicano al Congreso es derrotado. Pero si el voto tradicional cubano logra imponerse otra vez y el aspirante republicano por el Distrito 25 de la Florida, David Rivera, se hace con el escaño, entonces la conducta política de Cuba seguirá el mismo curso de los últimos cincuenta años. Y los viejitos que mandan en la isla respirarán tranquilos —¡otra vez!—. La verdad actual, sin embargo, es que hay inquietud en el Puesto de Mando fidelista. El contendiente demócrata —Joe García— es de las pocas figuras de su partido que encabezan el favor público en su carrera en las presentes elecciones. Pero en el caso de Miami, por la abrumadora mayoría de votantes cubanos en los bolsones electorales que además diseñaron los republicanos, un tema de política internacional —Cuba, Fidel Castro (y ahora su hermano Raúl)— se convierte en el asunto principal de la campaña; se trata, pues, no que están perdiendo las casas por la maltrecha economía americana o la maldad de los bancos, y que la economía individual es insostenible, o cualquiera de los acuciosos temas locales; no, el problema es un tirano allende los mares que disfruta de su poder omnímodo, y si hay que luchar por las viviendas, más se interesan por las que perdieron en Cuba hace cincuenta años, y no de que en cualquier momento se les puede aparecer el sheriff en la puerta de la que querían comprar aquí, con orden de tirarle todos los trastos al medio de la calle. Esos bolsones electorales son huesos duros de roer. El Distrito 25 fue concebido en 2000 para beneficio de Mario Díaz-Balart, uno de los vástagos de la dinastía republicana fundada por el otrora líder de las juventudes batistianas, Rafael Díaz-Balart, y se asienta fundamentalmente en los pantanos de los Everglades, donde al decir de los vecinos «hay más cocodrilos que electores».

Fidel no es ajeno a esto, desde luego, y siempre —como tiene que estar haciendo ahora mismo— apuesta al bando que le rinde todas las ganancias: los intransigentes republicanos. El enemigo, el supuesto enemigo de siempre. Ellos disponen del discurso más conveniente. Para empezar, hablan el mismo lenguaje. No me crean a mí. ¿Ustedes no han oído a David Rivera? Bueno, traten de aguantarle un discurso por lo menos cinco minutos. Se traba con el bloqueo y su único contraargumento es calificar a su adversario de esbirro comunista. Si las cosas le salen bien a Joe García —y los sondeos de opinión así lo indican— no sólo va a ganar un político joven pero sazonado, sino que se va producir un inevitable salto de calidad en el que es el enclave más importante de los Estados Unidos en relación con el Caribe —Cuba en primer lugar—, y al menos la cuenca atlántica del continente. Y aunque García, que lleva en la lidia unos veinte años (empezó muy joven, apenas obtenido su título de abogado, como un animoso prospecto del Partido Demócrata), prefiere dedicarse a los apremiantes asuntos locales (para lo cual el cargo fue diseñado desde la época de los Padres Fundadores), él entiende la paradoja que establece la vocación de Miami por volcarse hacia un archipiélago de países vecinos, no sólo Cuba. En ellos vive la mayoría de los parientes de la actual población de esta ciudad y desde aquí surge una porción considerable de su sustento.

Es lógico a su vez que esto se convierta en una especie de dictado de una micropolítica exterior americana y que se produzca e influya en una región que, pese al habitual desdeño gringo, sigue siendo su traspatio, con todo lo que esto tiene de valor estratégico. Y en lo que a Cuba respecta, García quiere aprovechar cualquier instersticio para traspasar el sórdido muro de la política de fortaleza sitiada erigido por Fidel desde por lo menos Bahía de Cochinos ¡en abril de 1961! No se dispone a cercarse él mismo dentro de una empalizada en el condado de Dade y deja esos menesteres a los gobernantes cubanos.

En fin, que se avecinan momentos de gran incertidumbre para Fidel si no se las arregla para que David Rivera gane esta contienda. De no lograrlo, va a romperse el dañino monopolio republicano de la región, que es el que Cuba ha fomentado con delectación y entusiasmo de orfebres desde sus centros de inteligencia y actuando en una ciudad que sigue dominando emocionalmente. Esperemos por la respuesta de La Habana a Joe García. No sólo quebraría el monopolio, sino que le va a acabar de desestabilizar el discurso. Y algo peor, como lo demuestra la secuela de boberías con que Fidel Castro se ha conducido en las últimas semanas. Votar de nuevo a favor de un David Rivera es hacerlo a favor de un obstinado condotieri que ha decidido librar la batalla contra un poder que no existe. Porque Fidel Castro ya no existe, ¿verdad? Extraño que un discurso de ese tipo pueda, por inexplicable simpatía, atraer otro igual. ¡Ciudadanos, no voten de nuevo en el vacío! Y es de desear que por una vez no elijan a sus enemigos.

lunes, 3 de noviembre de 2008

¡Huye, Pinocho, huye!

Rafael del Pino
General de Aviación,
combatiente de Playa Girón

Hace unos cuantos meses visitando a un amigo norteamericano, profesor de la Universidad de la Florida en Gainsville, salió a la conversación el tema cubano. Inevitable. Comenté lo reñida que serían las elecciones del 4 de noviembre. No dominaba bien la política local. Me parecía que no era fácil para los retadores demócratas desplazar de los tres escaños del Congreso a los actuales titulares republicanos.

Mi amigo soltó una de sus sonrisas, para mí características, sin apenas mostrar los dientes, y detuvo la conversación y me invitó a salir con él en su automóvil hacia la biblioteca universitaria. En el trayecto, con la franqueza que caracteriza nuestra amistad, me dijo que el daño más grande que el castrismo y la derecha de Miami le había ocasionado a los cubanos era que ya no creíamos nada, a la vez que creíamos todo. Que el grado de credibilidad decidía nuestro poder de análisis y el grado de aceptación de una verdad o una mentira.

Salió a relucir el embuste con que el difunto ex congresista (del período republicano cubano) Rafael Diaz-Balart le había tomado el pelo a la comunidad cubana. Su alegato visionario oponiéndose a la amnistía de los asaltantes al Moncada jamás salió de sus labios.

Diablos. Era muy difícil de creer. Hasta que el director de la Biblioteca le entregó a mi amigo un microfilm. Ante mis ojos, como un fantasma salido del closet de la historia, apareció el hemiciclo del Capitolio Nacional cubano y los períodos de sesiones de la Cámara de Representantes en el Vigésimo Cuarto Periodo Congresional del 2 y 3 de Mayo de 1955, conducido por su presidente, Gastón Godoy y Loret de Mola, y los secretarios Andrés R. Pupo Sánchez y Eugenio Cusidó Torres, donde se debatió ampliamente la amnistía a los asaltantes del Moncada y donde única y exclusivamente votó en contra el representante José del Toro Cabrera. El resto de los congresistas -incluyendo Rafael Díaz-Balart- votaron a favor y no existió ningún discurso visionario rechazando dicha amnistía. El director de la biblioteca universitaria nos imprimió una copia de dicho documento. A mitad de camino hacia el parqueo, mi amigo decidió volver sobre sus pasos. Minutos después se acercó sonriente: “Pedí notarizar el documento, tú sabes como son estas cosas en política, a alguien se le puede ocurrir venir y tratar de desaparecerlo”.

La fábula sobre el famoso discurso de Rafael Díaz-Balart ha sido utilizada ampliamente en el sur de Florida por sus hijos sucesores en la política local.

Abraham Lincoln, Presidente de Estados Unidos, dijo con sabiduría: “Se puede engañar un tiempo a todo el pueblo. Se puede engañar todo el tiempo a parte del pueblo. Pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”.

Otro viejo refrán. Ha sido muy utilizado en la política norteamericana. Se originó en los años 40. Es del gran campeón de boxeo Joe Louis en vísperas de la pelea en la que retaba al titular Billy Conn: “You can run but you can´t hide”, dijo el pugilista. Puedes correr pero no te puedes esconder. Yo le agregaría: “Puedes engañar pero no te puedes burlar” y esta ha sido una de las burlas mas groseras que haya tenido que soportar la comunidad cubana exiliada. El Nostradamus del patio terminó siendo un Pinocho de yagua. Aunque postmortem.

Para ver el original del período de sesiones correspondiente del Congreso cubano pinche aquí.