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domingo, 5 de agosto de 2012

Norberto Fuentes: "Ningún disidente
es un peligro para el gobierno cubano"

Por Pedro Schwarze
Publicado en La Tercera, Santiago de Chile, el 2 de agosto de 2012

La muerte del conocido disidente cubano Oswaldo Payá, el 22 de julio, provocó un debate en el exterior sobre si había sido un accidente o un crimen. Hasta ahora, los dos extranjeros que viajaban en el auto con Payá, un español y un sueco, avalan la versión oficial del accidente. El escritor cubano Norberto Fuentes, quien en los 80 se codeó con la cúpula del régimen isleño y vive en EE.UU. desde 1994, descarta la posibilidad de un crimen, y sostiene que en todo esto el gran ganador es el gobierno de La Habana.

Los viejos buenos tiempos.
¿En algún momento pensó que esto podría ser un asesinato?
Nunca. Yo conozco ese aparato. Ese aparato mata sin problemas y donde sea. Pero ¿para qué asesinar a Payá y a Harold Cepero y dejar a los dos extranjeros vivos? Si hubiera sido planeado, ahí no sobrevivía nadie. El árbol entró hasta la mitad del auto donde estaba sentado Payá. Si lo venían persiguiendo, ¿por qué el auto no está golpeado por atrás?

¿El gobierno cubano tenía razones para matar a Oswaldo Payá?
No. Estuvo vivo por muchos años. Si pones en peligro verdadero a la Revolución, duras lo que un merengue en la puerta de un colegio. La muestra de que ninguno de los actuales disidentes es un peligro verdadero es que están vivos. Quienes han puesto en peligro ese proceso están cinco metros bajo tierra.

Tras la muerte de Payá, ¿el gobierno cubano sale ganando?
Por supuesto. En largo rato no saldrá nadie de España con dos dólares para Cuba. Se acabaron las operaciones políticas de ese tipo y esperemos el romance entre Cuba y el Partido Popular español (PP). ¿Para qué tenían que formar un lío con Payá ahora? ¿Cuál era el beneficio? Ahora la jugada esta cantada. Cuba tiene más leña para sus movidas internacionales y, cómo les gusta a ellos, todo el mundo pidiendo silencio y tratando de negociar por debajo de la mesa. El papel con tachuelas en la puerta de la Cancillería cubana dice: “Escuchamos ofertas”.

¿Pero el gobierno cubano tuvo que enfrentar una ofensiva exterior?
Lo del accidente de Payá me recuerda el caso del U2 con Gary Power (el piloto estadounidense cuyo avión fue derribado mientras realizaba un vuelo espía sobre la URSS en 1960). Se mandaron a correr y cuando se cansaron, Nikita Krushev apareció con el piloto vivo. Los españoles se embarcaron en un principio en el canto de sirena del exilio cubano, y el problema es que el exilio cubano no es cauteloso, es oportunista. Subestima a gente tan experimentada. De hecho, el exilio ya está lidiando con la nueva generación en el poder; porque lo que tiene Raúl Castro alrededor son los muchachones del relevo.

¿Tendrá consecuencias el caso de Oswaldo Payá?
El expediente Payá está cerrado. El PP tiene que bailar esa música y los suecos tienen que bailar esa música, todos tienen que bailar la música del gobierno cubano. Y el exilio cubano ha perdido a su inmejorable aliado, el PP. Eso, aparte de que ahora Cuba, con el español, tiene dos Alan Gross (norteamericano arrestado en Cuba, en 2009, y que podría ser usado en una negociación con Estados Unidos).

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Los “outtakes”

El siguiente material es "el crudo” —para utilizar el lenguaje de los editores de grabaciones— de la entrevista, realizada vía telefónica por Pedro Schwarze (en Santiago de Chile) con Norberto Fuentes (en Coral Gables, Florida, EEUU), la tarde del miércoles 1 de agosto. Empezamos…

"Los españoles —del diario ABC, por ejemplo— se embarcaron con el canto de sirena del exilio cubano. El problema es que el exilio cubano no es cauteloso. Cuando se tiene a un enemigo tan experimentado, como el gobierno cubano, se está obligado a ser cauteloso, porque son gente de mucha experiencia, no solamente de la experiencia de ellos, sino la experiencia histórica".

"En el exilio cubano no son cautelosos porque son oportunistas y creen que tienen la verdad. Entonces le confieren al gobierno cubano la habilidad suprema de provocar ese accidente —que desde ese punto de vista de su lógica parece perfecto, ejemplar, porque deja muertos a los dos cubanos disidentes y vivos a los extranjeros— y lo subestiman, porque dos minutos después, al denunciar que se trató de un asesinato, se quedan en el aire, porque no pueden concederle a ese mismo cerebro extraordinario que diseñó ese crimen la habilidad de la propaganda, de cómo manejar los asuntos después. Y se llega al extremo, como al que ha llegado el diario El Nuevo Herald, de llamar a las armas en sus columnas de opinión, lo cual es una vergüenza".

Gary Francis Power en un aeródromo secreto de Pakistán.
"Ellos (el gobierno cubano) tienen toda la información. La tenían ahí. Saben de dónde vienes, cuándo vienes, quién eres. Todo lo saben. Desde Suecia. Desde Madrid. Pero además ya le buscaron sustituto a la noticia de Payá con la información del supuesto arresto del ayudante personal del hijo de Raúl Castro, por ser agente de la CIA. Ya hay un nuevo escándalo, todavía superior. Cuando tu coges un hombre de ese nivel —suponiendo que esta noticia sea cierta—, el cordel que les da es de pinga, si es que no lo reclutaste, que es lo más seguro que pasó, porque él sabe que eso, en lo que lo agarraron, es paredón. Nace entonces lo que se llama un 'juego operativo': lo llevan hasta donde ellos quieren. Es una nueva novela, Cuba no sale de la noticia. Toda la información que ese muchacho dio a la CIA es falsa. Es lo que ocurre by the book cuando tu detectas un agente CIA. Primero lo detectas y acto seguido lo reclutas. Eso también lo sabe la CIA, por supuesto. El problema es determinar cuando el enemigo comenzó a enviar información falsa. ¿Paredón? ¿Tan facilito? Oye, ahí fusilaron a Arnaldo Ochoa y a Antonio de la Guardia Font. Esa gente no cree en nadie".

Miami, el domingo 29 de julio de 2012.
"Lo más importante es que el exilio cubano ya está lidiando con la nueva generación en el poder, porque lo que tiene Raúl Castro alrededor son los muchachones de relevo, ya están lidiando con otro gobierno. Y aquí (Miami) siguen con el mismo viejo método, y cuando la gente no les hace caso arremeten contra todo el mundo. Han perdido a sus mejores aliados, ahora el PP, y lo único que está pidiendo el PP es: 'Caballero, veamos como resolvemos esto. Nosotros estamos haciendo lo que ustedes querían, pero ahora tenemos un españolito que está preso ahí, en Villa Marista'. Dicen que hasta Supermán si tu lo coges y lo metes allí, llora. No hace falta kriptonita. Nada más lo metes ahí".

"Calculan mal. El gran problema del exilio cubano, y lo digo con un sentimiento de lástima y de pena, es la manera en que subestiman a gente tan experimentada. Que esos sí no subestiman a nadie, porque sabe Dios cuándo a algún contrarrevolucionario se le puede ocurrir algo inteligente. No puedes subestimar nunca a tu enemigo, a tu adversario. Te imaginas unos tipos que se fueron de Cuba —que no lograron ni cojones en Cuba, llegan aquí, se inventan una nueva vida, un nuevo pasado, y viven a base de mentiras—, y se muere Payá y un segundo después proclaman el asesinato, y por ahí se manda todo el mundo".

"Aquí hay una manipulación de la información, descarada. El titular del Herald de hoy es que la viuda de Payá no va a aceptar ponerle una demanda al español, y adentro dice que la mujer dice que esto ha causado mucho dolor, que ella no quiere que otros pasen el dolor que ella está viviendo. Ni palabra que fue o no un accidente. En mi opinión, a esa señora ya la fueron a visitar, si no los cubanos, los mismos españoles, para que no siga más".

"Con quien estaba enfrentado Payá últimamente era con el cardenal Jaime Ortega (por la actuación de Ortega en el último tiempo, en su relación con el gobierno cubano). Pero el cardenal aprendió la lección y encabezó el funeral de Payá".

"Dios intervino y produjo ese accidente perfecto. Después sí actuó la Seguridad del Estado. Automáticamente que Dios puso su mano sobre esta casualidad, intervino la Seguridad del Estado. O sea la Seguridad del Estado cambió la orientación de su trabajo sobre estas personas. Porque Payá y los otros no iban para Santiago de Cuba sin que estuvieran controlados, sin que se supiera por lo menos. Ahí no se mueve nada que la Seguridad no lo sepa".

"Para quien son un problema los disidentes es para el gobierno norteamericano. Lo que Washington no quiere es dispersión y descontrol. Desde el año 61 que no querían esos otros guerrilleros contrarrevolucionarios, porque 'todos estos son comunistas también'. No quieren esos grupos contrarrevolucionarios independientes. ¿Qué les hizo la CIA a los independientes, demócratas, católicos, o procedentes del 26 de Julio? Los abandonaron o incluso los metieron presos y estuvieron presos hasta después de Playa Girón. El gobierno norteamericano quiere hablar con el gobierno cubano, con un gobierno central, que tenga la situación bajo control, y que no dejen salir balseros. Washington está de acuerdo que todo sea poco a poco. No quieren líos en Cuba".

"¿A quién le quiere hacer la gracia el exilio, a quién le pretenden vender esto de la rebelión y las acciones armadas y violentas que reclama El Nuevo Herald? Un combate al que ellos no van a ir. Y cuando hablo de exilio hablo de estas cabecitas locas y oportunistas. El Nuevo Herald se edita para una finca, una finca que hay aquí en el sur de la Florida. Un periódico escrito por peones de los dueños de la finca. Esa gente quiere insertarse en un contexto que les queda grande. Han convertido la muerte de Payá en una oportunidad de hacer el ridículo y de buscarse nuevos enemigos. Y ahora ¿para que llaman al combate? ¿Para poner en el poder a quién? ¿A Carlos Alberto Montaner, a Lincoln Díaz-Balart? ¡Por favor…!".

¿Ha cambiado la mano hacia los disidentes, de Fidel a Raúl?
"Fidel hace otras cosas. Mete 75 presos. Hace espectáculo. Raúl es otra forma. Es la moderación: 'Sí, habla ahí, escribe tus boberías, pero el día que te coja…'. Con Fidel era: 'Coño, metiste la pata, por culpa tuya se murieron 12 mil vacas, ¡¡¡descojónenlo!!!' Y a los dos años estás de embajador en Roma. Fidel era tan grande, tan magnífico, que era hasta buena gente. Le jodía bajarte el brazo y meterte un sopapo. Este otro, chiquitito, chinito: 'No, no, no. Esa pared es verde'. 'Pero, mire, Raúl'. 'Esa pared es verde. Y estas son las leyes'. Y, desde luego, la pared es verde. El quiere tener un país con leyes. El gran enemigo de Fidel Castro eran sus propias leyes y de ahí aquello que las leyes eran para los contrarrevolucionarios, mientras todos lo demás éramos un atado de criaturas enloquecidas, haciendo lo que nos saliera de los cojones, hasta que lo pusiéramos en peligro a él, o si no le convenía algo. Pero Raúl quiere tener un país con leyes, con municipios, con tribunales, con abogados. De algún modo es el triunfo del viejo Partido Socialista Popular. Por fin ganó. Claro, con una inyección de la enorme, extraordinaria sabiduría de Fidel Castro".

jueves, 12 de julio de 2012

Norberto desclasifica

Heberto Padilla y Norberto Fuentes junto a Nancy Pérez Crespo,
en los primeros días de exilio del autor de Hemingway en Cuba.
La caja de Pandora en que, 41 años después, sigue convertido el "caso Padilla" ha vuelto ha abrirse. Llamado así por el poeta cubano Heberto Padilla, marcó un hito de la tormentosa relación entre la Revolución Cubana y la cultura, donde las contradicciones, la cobardía y el oscurantismo parecían conjugarse.

La noche del martes 27 de abril de 1971, en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Padilla se presentó ante los allí reunidos y lanzó su ya famoso mea culpa. Se trataba de una escena armada y urdida, donde la mayoría de los presentes sabía el papel que debía jugar. El autor de Fuera del juego había estado desde el 20 de marzo detenido, acusado de actividades contrarrevolucionarias. Llegó hasta ahí y lanzó una perorata reconociendo su culpa por sus escritos críticos de la realidad cubana. Sin embargo, en su camino fue embadurnando a otros creadores como la poetisa Belkis Cuza Malé -su esposa-, Pablo Armando Fernández, César López y José Yañez.

Las noticias de la autocrítica de Padilla llegaron más allá de las fronteras y estallaron en escándalo y confusión, y un nutrido grupo de 62 escritores y artistas aprovechó el momento para acusar al gobierno cubano de haber llevado adelante una práctica estalinista contra los intelectuales, y para romper definitivamente con la Revolución Cubana. Si bien Padilla nunca volvió a ser el mismo y su estrella se fue apagando (murió en Alabama, el 24 de septiembre de 2000), su caso sigue siendo objeto de discusión y controversia.

El viernes pasado, 6 de julio, empujado por diversos factores, el escritor Norberto Fuentes hizo pública por primera vez la transcripción oficial y completa de esa noche, no la versión diezmada que entonces salió al mundo. El propio Fuentes fue uno de los implicados por Padilla y uno de los protagonistas de esa noche. Pero el autor de Condenados de Condado y que desde 1968 había vivido como un escritor proscrito precisamente por ese libro de cuentos, no era de aquellos que tenía un libreto bien aprendido. No. Fue el único que rechazó las acusaciones de Padilla y se proclamó revolucionario contra viento y marea. En opinión de algunos de sus amigos que recién vienen a conocer esos detalles, Norberto se lanzó en una actitud casi suicida contra el entramado edificado ahí, donde recibió ataques de colegas, autoridades, funcionarios y de la Seguridad del Estado.

Sin mayores comentarios Norberto Fuentes desclasificó en su blog y en su sitio web este documento esencial de lo que bien podría pasar a llamarse el "caso Padilla-Fuentes". El escritor uruguayo Angel Rama escribió en Literatura y clase social que si hay un "caso Padilla" "con igual razón habría que hablar de un caso estrictamente paralelo, el 'caso Fuentes' (...). Es explicable también, a la inversa, el silencio sobre el 'caso Fuentes': no era utilizable por la Guerra Fría porque él se declaraba revolucionario".

viernes, 10 de febrero de 2012

La libreta de Norberto

Un divertimento o un espacio desde donde poder realizar sus "descargas", como le gusta decir a Norberto Fuentes. El escritor cubano acaba de poner en el aire su blog Libreta de apuntes, que viene a sumarse a su sitio Norberto Fuentes punto net. En su nueva bitácora el autor de Hemingway en Cuba y La autobiografría de Fidel Castro busca opinar, disparar a su antojo y hacer de dominio público documentos y conocimientos acumulados durante décadas como escritor y cronista. Para visitar su blog pinchar aquí.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Las Fuentes de los videos


Podría ser un caso de estudio en las universidades norteamericanas pero también un ejemplo de cómo algunos magistrados creen estar en la república independiente de Miami y no formando parte del sistema judicial de Estados Unidos. Eso porque contra toda jurisprudencia avalaron la tesis de que una grabación de video histórica no tiene dueño.

Este es el caso. El 15, 16, 17 y 18 de julio de 2008, con motivo del aniversario de la Causa Número 1 en Cuba, un caso de 1989 de supuesto narcotráfico que terminó con el fusilamiento de cuatro militares entre ellos el general Arnaldo Ochoa y el coronel Antonio de la Guardia, la cadena de televisión de Miami Mega-TV, en el programa María Elvira Live!, emitió fragmentos de unos videos supuestamente inéditos y desconocidos hasta ese momento, obtenidos de las “bóvedas del régimen castrista”.

En las imágenes aparecían, entre otros, Ochoa y el general Patricio de la Guardia (hermano gemelo de Antonio), durante algunos ratos libres en su misión militar en Angola, a fines de los años 80.

Sin embargo, los videos no habían salido de las “bóvedas” del régimen cubano, sino de los archivos personales del escritor Norberto Fuentes, quien grabó con su cámara esas escenas en Luanda. Fuentes, autor de libros como Dulces guerreros cubanos (donde aparecen algunas de la imágenes de los videos emitidos en Mega TV) y La autobiografía de Fidel Castro, exigió a Maria Elvira Salazar que no siguiera exhibiendo en su programa esos videos de su propiedad, algo que ella continuó haciendo durante cuatro días, hasta mostrar unos 100 minutos de ese material. Los capítulos del programa fueron subidos al sitio Youtube, pero ante la evidencia de un conflicto legal por derechos de autor, el portal decidió bajarlos meses después.

Norberto Fuentes presentó una demanda contra Mega Media Holdings Inc., propietaria de Mega TV, por el uso de videos privados sin su permiso ni consentimiento. Pero no sólo eso. Fuentes y su abogado, Richard Burton, denuncian que esas cintas fueron robadas de su archivo, sin que hasta ahora Salazar haya explicado razonablemente cómo las obtuvo. Como era de esperar, la causa fue acogida por el juez de turno. Pero este año el juez de distrito Federico A. Moreno decidió poner en el caso a otro magistrado, Edwin G. Torres, quien rechazó los argumentos de la demanda, esgrimió el argumento de fair use y aseguró que la exigencia de Fuentes no tenía razón tratándose de un video de carácter histórico.

Sin embargo, esos argumentos no tienen validez y existen múltiples ejemplos. Quizá el más conocido sea el de la llamada película Zapruder, el único registro completo del asesinato de John F. Kennedy, en Dallas, en 1963. La filmación de 18 segundos fue vendida a la revista Life (pese a su innegable valor histórico) y recientemente el gobierno de Estados Unidos pagó US$ 16 millones por obtener una copia de la misma.

Para sorpresa de Mega-TV, de María Elvira Salazar (quien está en tratativas para emigrar a la cadena CNN en Español), de sus abogados y de los jueces de Miami, el abogado Burton decidió apelar al fallo de Torres-Moreno, y el caso ahora debe ser visto por una corte de apelaciones federal, lejos del hervidero del sur de la Florida.

viernes, 26 de agosto de 2011

Huid despavoridos, que ahí
viene el glorioso Ejército Rojo

Desde la izquierda, en una excursión organizada por la UNEAC a la ciudad de Cienfuegos en 1980: Miguel Barnet, Pablo Armando Fernández, Norberto Fuentes y Nelson Herrera Ysla.

Por Norberto Fuentes


El discurso de Miguel Barnet por el 50° Aniversario de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) es, desde cualquier perspectiva, una mentira.

La UNEAC como sociedad de socorros mutuos (“El objetivo principal desde su creación (…) y el Congreso de Escritores y Artistas de 1961 —dice Miguel—, fue el de unir en un corpus coherente y dinámico a los escritores y artistas cubanos que vivían en un status de desamparo social y en muchos casos en el olvido”) queda establecida desde este enunciado del segundo párrafo, aunque no creo que fuera la intención primaria de sus palabras, y mucho menos que nos diéramos cuenta de la humillación implícita. Sólo se trata de cubrir con una viscosa mermelada de santidad las bondades de la institución.

Las huestes de pasadores de hambre reivindicados, que Miguel cita en su discurso (él, no; él era un niñito bien, del Vedado, creo), vinieron a la Revolución a pedir. Lo que pasa con individuos como yo, es que somos de razas diferentes. Yo —al menos— si me sumé a la Revolución, fue para combatir, y sobre todo para no perderme la experiencia, algo equivalente al paso del cometa Haley, solo dable a observar una vez en la vida. Y —me apresuro a declarar—, no existo como artista porque una institución me recuerde. Existo —y esa debe ser la norma— mientras pueda reivindicar que soy el autor de una obra. Cuando tú te pones a recoger artistas tirados por los mugrientos portales para proporcionarles un baño y un plato de potaje, no creo que por eso su obra adquiera mayor relevancia. Puede que mi metáfora parezca un poco exagerada, pero no está muy alejada de la propuesta del discurso de Barnet. Léanlo otra vez. Además de que todavía está por conocer uno de esos desamparados con una obra de relevancia entre las inmundicias de su hábitat. Si por lo menos nombrara uno.

El olvido. Qué curioso. No otra cosa le pidió Fidel Castro a Gabriel García Márquez en relación conmigo después de la Causa Número 1 de 1989. Le dijo que no me llamara más y que lo ayudara a hacer todo lo posible porque se me olvidara. Coño, si ésa es la clave. El olvido como táctica. Y después que te tengan tan olvidado como el nombre del primer indio que atisbó las carabelas de Colón, ya tú sabes —cuchilla con uno. Que ya en ese momento es el olvido como estrategia.

Henry Miller o Hemingway (con toda el hambre que ambos reclaman haber pasado en París) debieron ser rescatados por los brazos maternales de la UNEAC, de haber sido cubanos. Si bien no tendríamos hoy los Trópicos o El sol siempre se levanta, a ellos no les hubiera fallado el cheque mensual y en última instancia la UNEAC, o vaya usted a ver si el Partido, se ocuparía de hacerlos recordar por decreto.

Además de que cuentan los beneficios indudables de parte del Estado. Es decir, la puesta en marcha del mecanismo de domesticación. Vayamos al grano. ¿Se concibe un Alexandr Solshenitzin con su cheque mensual garantizado por una institución equivalente de su país? Peor aún: ¿bajo tales condiciones de mantenimiento se hubiese escrito alguna vez El Archipiélago Gulag? Una de las grandes tragedias de la sociedad artística criolla es el profundo conocimiento de la miseria en Cuba que tiene Fidel Castro. Su empeño —sin duda noble en los inicios—, de convertir el país en una creche tuvo su origen en ese conocimiento. Y es encomiable la maestría con que enseña el muñeco y lo agita ante los ojos de los intelectuales para recordarles que hay algo más temible que la censura: el hambre.

De todas maneras, había un grupito de tipos más avispados, que la Revolución no los hallaba tirados por los supuestos portales del olvido y que Fidel también supo cómo lidiar con ellos. Comprándolos, por supuesto. A casi todos los nombró en las embajadas cubanas de medio mundo (de cualquier manera había que llenar esos puestos dejados vacantes por los batistianos) y así, sin salirse del presupuesto, los alejaba de Cuba, y con el poquito de dólares que les metía en el bolsillo, los comprometía además con unas incipientes labores de inteligencia, que se supone se produzcan desde las embajadas. De ahí surgieron los Guillermo Cabrera Infante y los Heberto Padilla. Por cierto, ni una sola mención al affaire Padilla en toda la alocución de Barnet, pese a ser el más notorio de los escándalos en el mundo artístico cubano de toda su historia y haberse producido de inicio a fin bajo los auspicios de la UNEAC.

El realismo socialista. Tal es el único problema que parece haber detectado Barnet mientras revisaba la historia de la UNEAC en preparación de su discurso. Aunque quizá se está aproximando a una verdad. No tiene la menor idea de por dónde está navegando pero hay algo por ahí. Menciona el realismo socialista como un lugar común seguro y permite que su discursito escape con el buen tono de una crítica plausible. Pero suelta como al descuido que la implantación del realismo socialista en nuestros predios amenazaba. Lo que no sabe aún es que realmente había una fuerza que entraba en el juego y que no creía en ninguno de los postulados de las generaciones anteriores de artistas. Los futuros escritores cubanos se hallaban en ese momento abriendo los grasosos huacales de armamentos soviéticos y checos acabados de llegar al tiempo que se disputaban los ejemplares de Los hombres de Panfilov y La carretera de Volokolamsk, las novelas soviéticas con que la Imprenta Nacional de Cuba comenzaba a inundar el país. Fidel abasteciéndonos de armas y de libros. Fusiles M-52, metralletas Ppsha y realismo socialista a granel. Pero eso es asunto para otra crónica.

martes, 26 de octubre de 2010

Los electores cautivos

Por Norberto Fuentes

El próximo cambio de consideración, o por lo menos bastante serio, de la política cubana, debe ocurrir en Miami y no en La Habana, y será dentro de muy pocos días, si un candidato republicano al Congreso es derrotado. Pero si el voto tradicional cubano logra imponerse otra vez y el aspirante republicano por el Distrito 25 de la Florida, David Rivera, se hace con el escaño, entonces la conducta política de Cuba seguirá el mismo curso de los últimos cincuenta años. Y los viejitos que mandan en la isla respirarán tranquilos —¡otra vez!—. La verdad actual, sin embargo, es que hay inquietud en el Puesto de Mando fidelista. El contendiente demócrata —Joe García— es de las pocas figuras de su partido que encabezan el favor público en su carrera en las presentes elecciones. Pero en el caso de Miami, por la abrumadora mayoría de votantes cubanos en los bolsones electorales que además diseñaron los republicanos, un tema de política internacional —Cuba, Fidel Castro (y ahora su hermano Raúl)— se convierte en el asunto principal de la campaña; se trata, pues, no que están perdiendo las casas por la maltrecha economía americana o la maldad de los bancos, y que la economía individual es insostenible, o cualquiera de los acuciosos temas locales; no, el problema es un tirano allende los mares que disfruta de su poder omnímodo, y si hay que luchar por las viviendas, más se interesan por las que perdieron en Cuba hace cincuenta años, y no de que en cualquier momento se les puede aparecer el sheriff en la puerta de la que querían comprar aquí, con orden de tirarle todos los trastos al medio de la calle. Esos bolsones electorales son huesos duros de roer. El Distrito 25 fue concebido en 2000 para beneficio de Mario Díaz-Balart, uno de los vástagos de la dinastía republicana fundada por el otrora líder de las juventudes batistianas, Rafael Díaz-Balart, y se asienta fundamentalmente en los pantanos de los Everglades, donde al decir de los vecinos «hay más cocodrilos que electores».

Fidel no es ajeno a esto, desde luego, y siempre —como tiene que estar haciendo ahora mismo— apuesta al bando que le rinde todas las ganancias: los intransigentes republicanos. El enemigo, el supuesto enemigo de siempre. Ellos disponen del discurso más conveniente. Para empezar, hablan el mismo lenguaje. No me crean a mí. ¿Ustedes no han oído a David Rivera? Bueno, traten de aguantarle un discurso por lo menos cinco minutos. Se traba con el bloqueo y su único contraargumento es calificar a su adversario de esbirro comunista. Si las cosas le salen bien a Joe García —y los sondeos de opinión así lo indican— no sólo va a ganar un político joven pero sazonado, sino que se va producir un inevitable salto de calidad en el que es el enclave más importante de los Estados Unidos en relación con el Caribe —Cuba en primer lugar—, y al menos la cuenca atlántica del continente. Y aunque García, que lleva en la lidia unos veinte años (empezó muy joven, apenas obtenido su título de abogado, como un animoso prospecto del Partido Demócrata), prefiere dedicarse a los apremiantes asuntos locales (para lo cual el cargo fue diseñado desde la época de los Padres Fundadores), él entiende la paradoja que establece la vocación de Miami por volcarse hacia un archipiélago de países vecinos, no sólo Cuba. En ellos vive la mayoría de los parientes de la actual población de esta ciudad y desde aquí surge una porción considerable de su sustento.

Es lógico a su vez que esto se convierta en una especie de dictado de una micropolítica exterior americana y que se produzca e influya en una región que, pese al habitual desdeño gringo, sigue siendo su traspatio, con todo lo que esto tiene de valor estratégico. Y en lo que a Cuba respecta, García quiere aprovechar cualquier instersticio para traspasar el sórdido muro de la política de fortaleza sitiada erigido por Fidel desde por lo menos Bahía de Cochinos ¡en abril de 1961! No se dispone a cercarse él mismo dentro de una empalizada en el condado de Dade y deja esos menesteres a los gobernantes cubanos.

En fin, que se avecinan momentos de gran incertidumbre para Fidel si no se las arregla para que David Rivera gane esta contienda. De no lograrlo, va a romperse el dañino monopolio republicano de la región, que es el que Cuba ha fomentado con delectación y entusiasmo de orfebres desde sus centros de inteligencia y actuando en una ciudad que sigue dominando emocionalmente. Esperemos por la respuesta de La Habana a Joe García. No sólo quebraría el monopolio, sino que le va a acabar de desestabilizar el discurso. Y algo peor, como lo demuestra la secuela de boberías con que Fidel Castro se ha conducido en las últimas semanas. Votar de nuevo a favor de un David Rivera es hacerlo a favor de un obstinado condotieri que ha decidido librar la batalla contra un poder que no existe. Porque Fidel Castro ya no existe, ¿verdad? Extraño que un discurso de ese tipo pueda, por inexplicable simpatía, atraer otro igual. ¡Ciudadanos, no voten de nuevo en el vacío! Y es de desear que por una vez no elijan a sus enemigos.

lunes, 19 de julio de 2010

El profeta desarmado


Por Norberto Fuentes

Celia Sánchez diseñó los muebles para su construcción por la Empresa de Productos Varios (Emprova), o escogió los modelos para importar de Italia. La venerada compañera de Fidel desde la guerrilla de la Sierra Maestra tenía a su cargo este tipo de tareas, de ajuste de los detalles más delicados, en las obras de la inspiración del jefe. En este caso, era el mobiliario y los adornos del Palacio de las Convenciones que debía estar listo como sede de la Cumbre de los No Alineados, en septiembre de 1979. El Palacio, al oeste de La Habana, en la otrora barriada más aristocrática de Cuba —El Laguito—, forma en la actualidad parte del perímetro donde convalece Fidel Castro, a pocas cuadras de su búnker y sus casas de reserva. Por tanto, fue el lugar lógico para grabar la entrevista con sus declaraciones sobre la próxima guerra nuclear. Aunque el objetivo en medio de aquella atmósfera irreal de espacios vacíos y paredes esmaltadas de blanco distaba mucho de ser uno de los ejercicios clásicos de proyección política de Fidel.

Pocas días antes, el miércoles 7 de julio, Fidel desembarcó en un centro de investigaciones científicas (también ubicado en el perímetro de convalecencia) durante un tour sin propósitos claramente definidos, aunque con el beneficio evidente de la era digital: ser retratado con destino inmediato a los blogs oficiales, y sin que nadie de su crispante escolta le prohibiera a los muchachos presentes en el centro que se dieran gusto con las cámaras de sus celulares. El show mediático de grandes proporciones, el que nadie en el mundo iba a pasar por alto, Fidel de nuevo en la tele, como en los viejos tiempos, es anunciado el lunes, a través de todos los medios cubanos, como si fuera a comparecer ante las cámaras ese mismo día, cuando en verdad su tape lleva más o menos 24 horas grabado. (En un momento de la transmisión, Fidel se refiere a un artículo del 5 de Julio publicado hace seis días, lo que significa que el programa fue grabado el domingo 11.)

¿Pero qué ha ocurrido realmente para que se produzcan estas gestiones desesperadas de Fidel por acaparar el foco de la atención internacional? Aparte del enorme riesgo que ha corrido, dado que este es un tipo de producción que no podrá volver a repetir con el mismo grado de atención —es decir, la que merece un resucitado— hasta dentro de otros dos o tres años, suponiendo que le alcancen las fuerzas, no acaba de convencernos con sus angustiosos argumentos de la clase profeta desarmado. Raúl. El problema es su hermano Raúl. Raúl y el primer e inobjetable triunfo de política exterior del gobierno que éste encabeza. La liberación de los presos políticos mediante los servicios de la iglesia cubana y su entrega al canciller español Miguel Angel Moratinos ha superado las expectativas, no sólo de la contrarrevolución cubana de conducta clásica (como era de esperarse) si no la del propio Fidel Castro.

Ciertamente, no estamos ante ninguna jugada novedosa del gobierno cubano. Para ellos, liberar presos es un oficio. Tienen ahí el almacén de rehenes, y de pronto llega un senador o un reverendo, y la ofrenda es un reo. O dos. O tres. O un pelotón. La diferencia es que, en las negociaciones de los presos —cosa que se ha hecho habitualmente en Cuba, repito—, Fidel siempre utilizó instituciones extranjeras. Nunca se atrevió con nadie del patio y mucho menos la iglesia católica. Tiene su sentido, porque corres el peligro de fortalecer a un mediador dentro del país. Y estaba claro, según su lógica, que el único mediador confiable —aunque vaya a sonar pronto como un oxímoron— entre la Revolución y la contrarrevolución, tenía que ser un extranjero. Y los yanquis mejor que nadie, porque servía para una rápida identificación de propósitos propagandísticos. Aparte de que —está en los códices fidelistas— la iglesia es una institución que al final te traiciona.

Raúl, no obstante, con su acostumbrada frialdad y sostenida capacidad de cálculo, un verdadero artífice de la conspiración, jugó con una variante inédita, y en eso superó las asombrosas e inesperadas audacias de Fidel desplegadas hasta el presente. De todas las instituciones del país, la más débil es la iglesia católica, porque es a la que se le sabe más, y la que ha sido chantajeada en forma permanente durante los últimos cincuenta años. (Por supuesto, chantaje del que ustedes ya se han imaginado, aunque no abundaremos en esto ahora.) Y Raúl la llamó a filas. Y ella acudió. La oveja descarriada que regresaba al redil, por una vez en la historia, y para efectos de esta maniobra, era la iglesia. Lo demás, ustedes lo saben.

Así que, no es una victoria de la sociedad civil ni de nadie, sino la reiteración de una maniobra —aunque con un mediador inédito. En el país, por lo pronto, ni siquiera se sabe a quiénes están liberando. Pero Fidel comprende de inmediato que todos los líderes del mundo acaban de aceptar a Raúl como presidente de Cuba, y además tiene que tragarse la tarántula viva de verlo sentado con el cardenal Jaime Ortega y Moratinos viendo un juego de fútbol ¡en la sala de su casa! Para desvirtuarlo se manda hacia el centro de investigaciones a la hora de clases. Para rematar, la televisión. El martes, para una institución de economistas. El miércoles al Acuario Nacional. Y el viernes con los embajadores. Veremos dónde se apea mañana. Pero, aguántense, porque va a ocurrir hasta que se muera uno de los dos. ¿Y por qué el desespero, Fidel? Si a lo mejor te mueres último.

domingo, 6 de junio de 2010

La desbordante imaginación de Botín y sus editores















Acaba de aparecer un nuevo libro del ex corresponsal de Televisión Española en La Habana, Vicente Botín. Raúl Castro: La pulga que cabalgó al tigre está centrado en la figura del actual Presidente cubano. Sin embargo, a primera vista, su presentación no muestra demasiada originalidad ya que se parece demasiado a la edición en inglés de la La Autobiografía de Fidel Castro, de Norberto Fuentes, aparecida en noviembre de 2009. En todo caso no es la primera vez que a Botín lo embarcan con una portada falta de originalidad. Lo mismo le sucedió en mayo del año pasado cuando presentó Los funerales de Castro. Casi en paralelo apareció el libro La casa de cristal con una presentación demasiado parecida.

jueves, 14 de enero de 2010

Fidel más allá de las tareas

Esta es la tercera y última entrega de Norberto Fuentes, autor de The Autobiography of Fidel Castro, para el blog The Huffington Post.

LOS VIEJOS BUENOS TIEMPOS. En la Casa de Protocolo número 6, conocida como casa de Gabo. Desde la derecha: Vilma Espín, mujer de Raúl Castro; Alcibiades Hidalgo, jefe del Despacho Político de Raúl Castro; Carmen Balcells; Rui Guerra, cineasta brasileño; Armando Hart, ministro cubano de Cultura; Carlos Aldana, secretario ideológico del Partido Comunista; y Norberto Fuentes.

Por Norberto Fuentes

El episodio de un extranjero que le solicita la libertad de los presos políticos a Fidel Castro, es algo que yo había conocido antes. Los campeones de la actividad son los extranjeros, los americanos —Jesse Jackson, Edward Kennedy, Bill Richardson— sobre todo. Carmen Balcells, la famosa agente literaria de Gabriel García Márquez, probó fortuna una vez. Aunque no creo que pensara con detenimiento en el terreno que se estaba metiendo, sino más bien que fue como aconsejando al cubano —con una frase de ocasión— para que saliera de “ese fastidio”. Ocurrió un poco después de las sidras, los besos y los abrazos de bienvenida al año 1986, y delante de la veintena de invitados que García Márquez tenía esa noche en su casa de Cuba, algo que ya se estaba haciendo una costumbre, “esperar el año en casa del Gabo”, una especie de coronación del Everest en el combinado de poder y gloria que se conocía entonces en Cuba, no tanto por Gabo sino por que Fidel hacía acto de presencia en cualquier momento.

Carmen había llegado esa misma tarde a La Habana para participar del exclusivo festejo, el último vuelo de Iberia del año 1985. Y Fidel se presentó en el recinto hacia las 12.30, luego de dedicar su noche a recorrer hospitales y visitar en su post operatorio al primer cubano con un corazón transplantado. Fidel estaba de pie. La puerta de salida al jardín estaba a su espalda. Carmen estaba a su lado y hablaban del desempleo mundial y de lo formidable que resultaba viajar en primera por Iberia cuando, de improviso, soltó aquello de: “Ah, oye, Fidel, ¿y por qué no acabáis de soltar a los presos políticos?” No puedo asegurar que fuesen las palabras exactas, pero sí que no se le debe haber olvidado lo que pasó a continuación. Casi nadie, hasta ese momento, había reparado en el personaje que yo tenía junto a mí, hundido en el cojín de un sofá beige, vestido con un terno de chaqueta negra pero sin corbata y que tomaba whisky con soda de un vaso enorme. Raúl Castro Ruz. Le bastó la brevedad del consejo de Carmen para saltar de su asiento —su vaso fue uno de los dos que de repente yo tuve en las manos— y comenzó la descarga de una virulenta diatriba. Era inadmisible que Carmen —ni nadie viniera del extranjero— se apeara con semejante solicitud. El gobierno cubano era el único en el mundo que se veía obligado soportar esa clase de cuestionamientos. No había un solo preso en Cuba que no hubiesen atentado contra los legítimos poderes del Estado cubano. La voz ronca y dura de Raúl surgía incontenible junto con sus argumentos. Fidel y Carmen parecían dos totems alrededor del cual se movía Raúl como en una danza de guerrero sioux. Carmen daba indicios de bascular levemente en el centro del círculo que describía Raúl —aguantaba con bastante entereza la embestida—, mientras Fidel se mantenía callado y con una inusitada expresión de ausencia. En su silencio, expresaba una cierta solidaridad con Carmen, y a su vez dejaba que el hermano desplegara su ataque sin contratiempos.

De cualquier manera Fidel estaba abocado a un dilema que requería de rápida solución. Raúl había colocado firmemente las desafiantes banderas de la Revolución ante uno de los temas más sensibles que la cercaban. Pero qué hacer con García Márquez, su amigo más útil en el ámbito internacional, su mensajero predilecto ante presidentes, príncipes, embajadores, amén de Hollywood, la Academia Sueca y todos los escritores del mundo. Era un asunto que afectaba directamente la majestad de sus relaciones públicas. Carmen Balcells no era cuestión de juego. A la figura administrativa más respetada y codiciada de las letras hispanas, su hermano Raúl acaba de convertirla en poco menos que un trapo de limpieza – desechable, por supuesto. ¡La mujer que atesoraba y distribuía la plata de García Márquez, Camilo José Cela y Mario Vargas Llosa, por nombrar las luminarias, humillada hasta el tuétano y temblando, literalmente temblando. Bueno, el festejo terminó más o menos como se pudo; algunos chistes forzados, algunas sonrisitas y unas despedidas bastante elusivas. Al otro día por la mañana, cuando Gabo me llamó, con la solicitud de que recogiera a Carmen (que se hospedaba en su casa) y me la llevara a pasear por La Habana, en aquella maravillosa y soleada tarde del invierno cubano, me dije: qué delicado Fidel, qué sabio. Conociendo de mis buenas relaciones con Carmen (sin que nunca me haya representado, aclaro) y siendo yo un escritor y no teniendo nada que ver con el severo empaque de los oficiales cubanos, llamó a Gabo para que yo le pasara la mano a Carmen. Fue el día que se puso en vigencia la ley del uso obligatorio del cinturón de seguridad en los coches. (Quedaban exentos los carros que no dispusieran de tales artefactos, es decir, cerca del 80 por ciento del parque automotor del país, puesto que eran los viejos campeones americanos de los años 50 que se mantenían en circulación, dando la pelea.) Me recuerdo de la fecha por los esfuerzos a que me obligó estrenar el cinturón del asiento derecho y amarrar allí a Carmen. Creí haber cumplido con eficiencia mi tarea, y el embrujo de aquella tarde de La Habana también debe haber contribuido, porque cuando se la devolví a Gabo, hacia las 5 de la tarde, la letanía de que sólo a ella se le ocurría “discutir con el hombre que más sabía en el mundo” se había disuelto. Tampoco fue complicado, con su reciedumbre de carácter, una catalana de cuerpo entero, entender perfectamente que tampoco los hermanos podían actuar de otra forma —mi principal argumento para calmarla.

Así que yo era un hombre feliz, un escritor que había acometido con todo éxito una tarea a favor de la Revolución fuera del campo de los libros, cuando la caravana de los tres Mercedes irrumpieron en la rampa. Carmen ya estaba dentro, merendando con la mujer de Gabo. Gabo y yo estábamos afuera, recostados a mi coche, hablando de mi paseo con su agente. El coronel Domingo Mainé, jefe de la escolta, abrió la portezuela del Mercedes y Fidel se dirigió directamente a nosotros. La angustia reflejada en su rostro era la adecuada para la pregunta que hizo a continuación, sin siquiera ocuparse de saludar primero: “Chico, ¿cómo está Carmen? Apenas he podido descansar por el incidente de anoche. Por la pena que tengo.” No me hacía falta más. De inmediato se me hizo evidente que la tarea de calmar a Carmen no había sido sugerida por Fidel. Había sido el propio Gabo el que la había ideado. “¿Qué se les ocurre a ustedes que podamos hacer por ella?”, preguntó a continuación. Su angustia parecía acrecentarse.

Yo estaba contrariado, lo confieso. Gabo era quien había resuelto el dilema por el Comandante. Una lección importante para mi futuro como escritor —¿o debo decir como revolucionario? Al haber cumplido una tarea del Gabo y no de Fidel, involuntariamente me podía haber situado en el bando de los perdedores. En el bando donde el muerto es el que debe borrar las huellas de su crimen.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Fidel es su mismo sueño

Esta es la segunda entrega de Norberto Fuentes, autor de The Autobiography of Fidel Castro, para el blog The Huffington Post. La versión íntegra y original de Norberto.

Por Norberto Fuentes

El 31 de agosto de 1986, luego de un interminable viaje de 17 horas desde La Habana, con escala en Islas de Sal, frente a Cabo Verde, Fidel Castro llegó a Harare (Zimbabwe) para participar en la conferencia cumbre de los países no alineados. Se instaló en el chalet de las afueras de esta bucólica ciudad que le habían adquirido y preparado los especialistas del Ministerio del Interior y que luego serviría como residencia permanente del embajador cubano. Había un jardincito amurallado contiguo a la puerta principal y el chalet era remoto y el mediodía sin sobresaltos cuando Fidel salió al patiecito desde adentro de la casa, enfundado con una bata de casa morada, que le caía hasta los tobillos, y pantuflas. Comenzó a dar unos pasos, las manos en los bolsillos de la bata, cuando advirtió la presencia de una docena de sus colaboradores arremolinados en el parqueo contiguo a la muralla y regresó a la casa. Entonces el que salió al patio fue el coronel Joseíto —José Delgado— el jefe de su escolta, que se viró hacia el grupo y dijo, en un auténtico tono de súplica: “Caballeros, coño, salgan de esa entrada y no miren más para acá, para que él se crea que está solo.” En todo el transcurso de mi experiencia cerca o junto a Fidel, éste lo tengo registrado como el momento más patético. Demasiado inteligente para saber que su soledad era un imposible, parecía contentarse con la creencia de una ilusión. No obstante —y eso quedaba por descontado— era una soledad que se garantizaba por el despliegue de una compañía reforzada de los rangers de Tropas Especiales traída desde La Habana para la ocasión y armada hasta con cohetes antiaéreos portátiles.

Implícito en la escena, ese cierto patetismo —término que no empleo peyorativamente—, es debidamente revelador de una personalidad en permanente lucha por asegurarse un perímetro de intimidad y hacerlo inviolable. Esto se expresa, más bien se justifica ideológicamente, de muchas maneras y ofrece además unos dividendos inesperados. La idea expresada en palabras del mismo Fidel es que no debe mezclar su vida personal con la política. En ese caso, por decantación, nada mejor que su guardia pretoriana para trazar y defender la frontera. Es donde hace acto de presencia su verdadera preocupación: disponer del mejor servicio de escolta del mundo. Idea y escolta que luego le sirven (lógico) para darse la gran vida en francachelas con el empleo de sus misteriosas casas de seguridad o, como ocurrió en una época, para eludir la persecución constante que Celia Sánchez —su compañera de guerrilla en la Sierra Maestra— le montó por toda Cuba cuando supo de los devaneos amorosos de Fidel con Dalia Soto del Valle.

En lo tocante a su familia, vale contarlo, este concepto de reducto fortificado ha sido defendido aún con mayor encarnizamiento. Estoy hablando de la familia verdadera, de esta señora, su mujer, Dalia, y de los cinco hijos tenidos con ella, en orden decreciente: Alex, Alexis, Alejandro, Antonio y Ángel. De vez en cuando, en los últimos tiempos, surgen algunas fotos de la intimidad familiar y se publican fuera de Cuba pero la explicación del establecimiento sobre estas filtraciones es de resignación: normal que ocurra porque cada uno de los muchachos ha crecido y ha cogido su rumbo. No los pueden tener siempre bajo protección del feudo. En realidad, bien mirada las cosas, pese a las escasas fotos publicadas en revistas de chismes fuera de Cuba, ha sido un triunfo del servicio de Seguridad Personal, porque hasta la mayoría de edad nunca hubo acceso ni siquiera a la imagen de los jovencitos.

Todo parte en su origen de un criterio elaborado por Fidel —que es político (aunque él quiera revertirlo como un asunto de seguridad)— y, en sus propias palabras, muchas veces vertidas en el círculo más estrecho de sus amigos, es el de no contaminar a su familia con el resto de sus subordinados.

Y no es solo para el vulgo. Ni siquiera Raúl Castro ha tenido acceso a esa familia y sus predios. Raúl se volvió loco de alegría el día que su hijo Alejandro, ya con más de 20 años de edad, vino a conocer finalmente a un par de sus primos, dos de los hijos de Fidel, de forma casual en una fiesta. Fue una ocasión de exaltación para el general de Ejército y jefe de las Fuerzas Armadas, al enterarse, y llamó a los subordinados que tuvo a la mano y mandó a buscar vodka para brindar por el encuentro. Y no solo el contacto de unos primos. El acceso de Raúl y sus familiares, al igual que el de cualquier otro ciudadano, a la piscina térmica bajo techo de la afamada clínica CIMEQ, está prohibido cuando Dalia la va a usar.

Las explicaciones para la conducta de Fidel y para el manto de protección en el que hace vivir a su familia pueden ser múltiples pero el argumento básico termina inexorablemente en la CIA. Claro, ésa es también una explicación externa. Y yo diría —producto de mis observaciones “at close range”—, que las razones pueden ser tan íntimas como las que reveló el coronel Joseíto aquella mañana de Harare. Sentirse solo. (Aunque ya debe ser muy tarde para que revierta el curso.) Así pues, hasta ahora, lo que hemos tenido es a un hombre que emite señales de distracción de manera constante, metódica. En fin, un hombre revestido de una corza de enigmas y que cuenta con el apoyo de todo el aparato represivo de un Estado para lograr su objetivo. Yo creí descubrir una fisura, sin embargo. Lo supe el día en que llegué a una simple conclusión literaria. La novela de la Revolución Cubana tenía que pasar por este personaje. Este fue precisamente el desafío que me llevó a escribir el libro que ahora se llama La autobiografía de Fidel Castro.

Entonces, en el silencio de mi imaginación, no solo surgió la biografía como un proyecto sino que tuve desde ese momento la comprensión de que iba a ser algo más complicado que un trabajo académico. No podía ser una biografía más sobre Fidel Castro, de las que atiborran los estantes. Pero hubo que atravesar una selva de contradicciones y aprender algunas cosas. La primera es que la única manera de realmente contar la historia es sin valoraciones morales. Lo segundo, que el viejo apotegma heminwayano de que debes escribir en primera persona para que te crean, podía ser también válido para contar la vida de un político cubano que ha acaparado la atención mundial durante los últimos 50 años. Esta era una nave que solo se podía manejar desde la cabina de mando. Ahí era donde yo tenía que situarme, tener la decisión de hacerlo y mantener la convicción de que la novela es un instrumento del conocimiento tan válido como el ensayo o la Historia, y mucho más allá aún, porque es el único completamente libre.

martes, 22 de diciembre de 2009

Noche de sábado con Fidel

Esta es la primera entrega de tres que Norberto Fuentes trabajó para el blog The Huffington Post (1) con motivo de la aparición en Estados Unidos de su libro The Autobiography of Fidel Castro (2). En forma exclusiva presento la versión original en español, tal como Norberto la escribió.

Por Norberto Fuentes

Tenía cuatro teléfonos negros sobre el buró, a la izquierda. A través de esos aparatos progresó la historia de la Revolución en estas cinco décadas. A través de ellos se había articulado sus argumentos, sus órdenes, sus citas, sus compromisos y, pocos lo saben, con ellos dedicó repetidas noches a comunicarse con congresistas y senadores norteamericanos —mientras más recalcitrantes en su contra, mejor— para, en vehemente tono de “Saulio, Saulio, ¿por qué me persigues?”, contarles su programa revolucionario y sus anhelos de paz y prosperidad y de barrer con la injusticia en suelo cubano. Noches enteras en esa actividad. “Senador, con su permiso. Larga distancia. Desde La Habana. Dice que es Fidel Castro. No. Ninguna broma. Fidel Castro”.

En un par de ocasiones, estando yo al otro lado de ese buró y mientras charlábamos sobre cualquier cosa, tuve oportunidad de disfrutar de la torpeza con que se desempeñaba al pulsar las teclas de los teléfonos. Tiene unos dedos largos y finos, de uñas cuidadosamente arregladas y probablemente esmaltadas como sólo se lo permitían los dones de la mafia en La Habana de los años 50, unos dedos sin duda delicados, diríase que femeninos y más femeninos aún a la hora de recibir su llamada y oprimir el botón de acceso a la línea que le indique su oficial de guardia. Da un golpecito sobre la tecla, como picoteando, para no lastimarse las uñas que, extraña pretensión, han sido limadas en forma puntiaguda.

“Esta mierda”, me dijo uno de esas veces, teléfono en mano.

En el cubículo contiguo, atendiendo la centralita, estaba el teniente coronel Cesáreo, un veterano de su escolta, que me había honrado con el beneficio de darme la espalda mientras yo hablaba con el Comandante, por lo que deduje, una de dos, o que mi persona gozaba de la mas absoluta de todas las confianzas o que no se me tomaba como un peligro potencial.

Esta mierda, yo debía saberlo, eran todos los teléfonos del mundo que requerían pulsarse.

Había sido una noche animada por la sorprendente conducta de Fidel. Era una en la que yo me sentía muy cerca de él, pero que a su vez me desconcertaba. El caso es que se mostraba urgido de una especie de sentimiento de solidaridad. No parecía serle suficiente mi natural admiración por su persona, por sus desempeños como jefe de la Revolución. Quería otra cosa. Un sábado de febrero o marzo de 1984. Fidel me mostró su último trofeo: un enorme tabaco, como de un metro de largo, colocado sobre una base de madera, enviado por el sindicato de una fábrica de puros que acababa de ganar una emulación productiva. "¿Qué te parece? ¿Um? Ganan la emulación y me mandan este tabacón. Nobles que son".

En efecto, había algo más que puerilidad en el diálogo. Algo que, me van a perdonar, era no sólo perturbador sino que reclamaba compasión. Quizá nadie mejor que yo en aquel momento para procesar toda la información que se estaba emitiendo y actuar en consecuencia porque soy un escritor y porque aprendí arduamente la lección de mi maestro Hemingway cuando dijo que un escritor tenía que acostumbrarse a su soledad. Aquel hombre no era un escritor, era seguramente por naturaleza un asesino tan despiadado como temperamental y no podía ser escritor porque carecía de una verdadera capacidad de abstracción y porque su pensamiento no era parabólico y por tanto no podía concebir moralejas amén de que en los próximos años, entre él y yo, estableceríamos argumentos de sobra para convertirnos en enemigos a muerte —y a muerte será, compañero— pero aquella noche probable de febrero, yo con mis reglamentarios jeans y chaqueta Levi´s y él con sus investiduras eternas de la guerra en la jungla, éramos dos seres equipados sólo con nuestras soledades, y como navajos con sus tesoros de baratijas, no teníamos otros bienes para compartir, dos náufragos que se intercambian saludos de desesperanza a lo lejos y en la vastedad del océano y de inmediato, impulsados por corrientes contrarias y que no dominan, siguen de largo, cada cual por su rumbo.

"Cojones —me dije—, pero qué soledad la de este hombre".

Devolvió el trofeo con el tabaco al librero detrás de él y debe haber pensado que su objetivo no había sido conquistado porque dio un sonoro suspiro, más bien un respingo, y me preguntó, imperativo: “¿Qué hora tú tienes ahí?”

Como si él no tuviera un reloj.

Claro, después de mi cuenta, el problema era que yo estableciera desde mi hora, su próxima arremetida.

“Las siete, comandante”.

Como las siete”, dijo, reflexivo.

Evidentemente una hora aún temprana para el efecto que quería lograr.

“Pues ahorita son como las nueve ¡y yo aquí todavía, trabajando!”

Volvió a su reflexión autocompasiva.

"Sábado por la noche y yo trabajando."

Muy difícil responder a una declaración como esta sin desbarrancarse en el plano inclinado de la adulonería más absoluta --e innecesaria. Tan difícil como ignorar la apetencia de un personaje de este calibre que lo único que te está pidiendo, y que él quiere y que necesita, es que tú le sueltes una sinecura, le digas que se esta sacrificando por el pueblo y que no tiene hora ni descanso en su entrega y que nada calma su dedicación total a la patria, en realidad, a las humanidad entera. En fin, que desesperaba porque lo mimaran. Que yo lo mimara. A Fidel Castro.

"No, del carajo, Comandante", dije, casi como quien ofrece un pésame por la muerte del padre, que es cuando, meditabundo, logré a plenitud, aunque casi involuntariamente, la precisión enunciativa que requería el momento, y le dije:

“Nadie en el mundo creería esto.”

Oh, cómo le gustó esa frase.

En realidad yo estaba pensando que nadie en el mundo creería que yo estaba en esa situación con Fidel Castro de no saber cómo agasajarlo por unos segundos y se me escapó en voz alta la expresión.

“¿Verdad?”, exclamó, el rostro iluminado.

“Nadie”, insistí, convencido.

“Un sábado por la noche y yo aquí, trabajando, mientras el pueblo se va por ahí, de fiestas. De verdad que nadie lo creería”.

Nadie. Nadie lo creyó. Ni siquiera lo supo. Pero, de cualquier manera, yo tuve conciencia aquella noche de que la banalidad, pese a consumir un alto por ciento de la existencia, nunca se reconoce en la Historia. El problema era entonces saber si podía escribirlo.

domingo, 18 de octubre de 2009

Fidel escribe en inglés

Como si de un anuncio oficial se tratara, el último número de la revista Publishers Weekly destaca la próxima aparición en las librerías estadounidenses de la edición en inglés de La autobiografía de Fidel Castro, del escritor cubano Norberto Fuentes. La publicación sostiene que el libro de Fuentes, aparecido en español en dos tomos en 2004 y en 2007 (la versión inglesa consta de un volumen único), y puesta en voz del líder de la Revolución Cubana, aunque “condimentado con agregado de chismes, la historia sigue siendo fuerte, principalmente lineal y siempre cautivante”.

En una entrevista que acompaña el anuncio de la aparición de The Autobiography of Fidel Castro, Norberto destaca que Fidel Castro tiene un gran sentido del humor —si tu lees a Hemingway, encontrarás el mismo sentido del humor. Los tipos duros tienen siempre humor como ese. En cierto modo, Fidel perdió el contacto con el mundo real, pero él siempre tuvo su humor. Yo he escrito la autobiografía de un hombre que no puede escribir con humor: yo tuve una libertad que él no tiene”.

Para ver el artículo y la entrevista.

El libro ya se puede comprar en Amazon y Barnes&Noble.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Esta historia se repite una y otra vez


"Cada vez que las relaciones entre Cuba y Estados Unidos experimentan cierta mejoría, una de las primeras cosas que aparecen en el horizonte son los investigadores norteamericanos que reclaman instalarse en Finca Vigía. Desaparecen cuando los nexos vuelven a entrar en crisis".

Norberto Fuentes, Hemingway en Cuba,
Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1984, página 483.

miércoles, 3 de junio de 2009

Nada que ofrecer en la mesa de negociaciones

En su última crónica, publicada en el diario español ABC, el escritor cubano Norberto Fuentes le recrimina al liderazgo cubano y a Fidel Castro de "haber destruido esa revolución" y "haber dejado podrirse el país en la pobreza". "No tiene ni siquiera el argumento del derrumbe de la URSS. No es un argumento válido porque él lo sabía. Y si tal era la certidumbre de sus miras estratégicas, qué medidas tomó ante la eventualidad. Una disposición a refrescar el ambiente cubano cuando se hallaba en la cumbre de su gloria y hasta con el modesto crecimiento de su economía de un 3% anual hacia mediados de los 80, hubiese elevado las posibilidades. Ni perdía la iniciativa, ni la base ideológica ni el poder", asegura el autor de La autobiografía de Fidel Castro. Para leer completa esta crónica pinche aquí.

lunes, 13 de abril de 2009

El presidente blanco

Por paradójico que resulte, Obama es el nuevo Fidel, pero tan competente para el Tercer Mundo como para el Primero y el Segundo. Basta un paso en falso de Fidel, y todo se va al diablo. Al menos desde el punto de vista de su credibilidad, casi el único capital de que dispone ante los sectores de opinión pública que aún controla. A estas alturas del juego nos debemos preparar para lo impensable. Errático, envidioso, y hasta se le sale, impúdica, la veta de racista. En un escrito de abril 8, publicado de inmediato en la edición digital de Granma, amén de desdecirse de su declaración del día anterior ante los tres congresistas del caucus negro que lo visitaron en su casa —¿De qué manera podemos ayudar a Obama?, preguntó a los extasiados representantes—, atacó al presidente norteamericano por navegar en un mar de contradicciones y selló la pieza con la despectiva observación de que "el Presidente negro realizó con incuestionables resultados políticos su primera visita al exterior". Ni siquiera tiene un consejero al lado que le diga que eso no se debe hacer. Y si lo tiene, está muerto de miedo.

Para leer el nuevo artículo de Norberto Fuentes pinche aquí.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Dos monos viejos

"Lo que dicta la experiencia cubana es que no ha ocurrido en La Habana nada que mueva los sismógrafos. Hombre, desde luego que logran en pocos minutos el objetivo que se habían propuesto: movilizar la opinión pública internacional. Poner a todo el mundo a especular. Imagínense los analistas de Langley en este momento. ¿Qué sustituido (o nuevo cargo) es de Fidel? ¿Cuál de Raúl? Yo sí que no voy a ponerme en ese juego. Porque tengan el convencimiento que ahora mismo los dos hermanos están sentados frente a su televisor, divirtiéndose de lo lindo con nuestras elucubraciones. No me han producido nada nuevo. Siguen enraizados en su típica actuación, la habitual".
Los cambios en el gabinete cubano en la visión de Norberto Fuentes. Pinche aquí.

lunes, 23 de febrero de 2009

Vísperas de un largo viaje


Norberto Fuentes
Ernest Hemingway se situó por última vez en la primavera de 1960 frente al estante del librero que empleaba como escritorio de trabajo. Ocupó parte de su tiempo en la escritura del reportaje “The Dangerous Summer” y dio los toques finales a A Moveable Feast. Pero el momento de partir llegó y Hemingway puso en orden el escritorio, limpio de cuartillas emborronadas y de lápices de punta embotada. Colocó la máquina de escribir Royal Arrow sobre un ejemplar de Who's Who in America y dejó un par de lápices nuevos, las puntas afiladas, sobre la tabla, y también una docena de hojas de papel carbón Superior Quality en su caja de fábrica, el pedazo de mineral de cobre que servía de pisapapeles, los espejuelos, una tablilla con presillador, que utilizaba para escribir diálogos, y un libro que relata la conquista del Oeste.

Los espejuelos, de aro metálico, graduados para controlar la visión defectuosa de un miope, habían sido hechos en la óptica Lastra, de O'Reilly 506, en La Habana. El ejemplar de la edición de 1954-1955 del Who's Who tiene doblada una esquina de la página 1 191, donde se informa que Hemingway se educó en escuelas públicas y que contrajo matrimonio con Mary Welsh el 11 de abril de 1946 y se mencionan condecoraciones recibidas y acciones bélicas en que participó. También dice que pertenece a los clubes siguientes: Meyer, Philadelphia, Gun y Vedado Tennis. Los dos lápices son Mirado 174 No. 3. La tablilla con presillador fue un regalo de su primogénito, quien ordenó grabar una inscripción en la madera: “To Ernest from Jack”.

El pedazo de mineral de cobre pesa 570 gramos. Las hojas de papel carbón están usadas y de ellas se puede extraer el texto de cartas de Hemingway. Cartas manuscritas. El método es difícil y laborioso. Su caligrafía es inconfundible en la parte azul de estas doce hojas. El otro libro en la tabla es Pictorial History of the West. Algunas de sus páginas estaban pegadas porque no hubo un buen corte de guillotina en la imprenta. Hemingway le prestó poca importancia al asunto. Nunca abrió el libro, que permanece cerrado como un ataúd.

Concluyó su última sesión de literatura en Finca Vigía, escribió algo sobre la rivalidad de Dominguín y Ordóñez, revisó un poco las memorias de Paris y cerró el taller. Mas ahora, sobre la llanura del mueble, faltan las pilas de papel gaceta, libros, folletos y periódicos que mantenía abiertos a su alrededor mientras trabajaba. Su costumbre era tender los papeles como si fueran sábanas, una manera de cubrir o guardar los manuscritos que estaba preparando. ¿O era que los tendía para tener una visión de conjunto? Las fotografías que le tomaron en los años 50, muestran a un hombre que laboraba en un incómodo cerco de papeles, con poco espacio libre para poner la máquina de escribir. Trabajando de pie, en bermuda. sin camisa, casi siempre descalzo sobre una piel de lesser kudú; o con mocasines, sin medias, con una botella de agua de Vichy a mano.

Quince años después, en el verano de 1975, cuando yo llegué allí por primera vez —con el encargo de la dirección de la Revolución de ver qué cosa de importancia quedaba en el inmueble (sic.)—, se suponía que cada objeto se mantuviera en su lugar. Creo haber cumplido con el adecuado rito de mantenerme en silencio frente a aquel teclado prodigioso de la Royal Arrow y rozar con mis dedos todo el alfabeto, pero nunca presionado para hacer accionar el mecanismo y disparar una letra contra el rodillo. Eso hubiese sido un sacrilegio. Mis jugos eran otros.

A la altura de sus rodillas, en el travesaño intermedio del librero, tenía una revista y cuatro libros: una traducción al alemán de cuentos suyos; la novela Guadalquivir, de Joseph Poyre; John Colter, de Burton Harris; The People of the Sierra, de J. A. Pitt y el primer número, publicado en 1953, de la revista Nucleus. A sus espaldas tenía su cama, que empleaba como primera estadía de la correspondencia llegada a Finca Vigía y en la que los periódicos y revistas que se recibieron después de su muerte se conservan aún, pero ninguna carta importante. Tenía el agua de Vichy a su izquierda. Una de esas botellas se encuentra actualmente en su sitio, pero vacía. El primer objeto que aparecía a su mano izquierda era un manual voluminoso de motores de aviación que situaba en el piso contra la puerta para mantener abierta la habitación.

Para los coleccionistas de información sería imprescindible conocer el material que había en la mesa-bar, justo al lado de su poltrona. La batería comprende seis botellas de agua mineral efervescente El Copey, envasadas en Madruga, La Habana; una botella de scotch White Horse; una botella de ginebra Gordon; seis botellas de Schweppes Indian Tonic; una botella de ron Bacardí; una botella de scotch Old Forester; una botella de vermut Cinzano, y una de champán, sin etiqueta. Los contenidos originales, desde luego, fueron sustituidos por agua coloreada.

Ahora forman parte del museo los 9.000 libros distribuidos por toda la casa y el medio millar de discos, acomodados en un estante detrás de la butaca de Hemingway. Discos de 78 y 33 RPM. (Entre los clásicos, Beethoven era el favorito de Hemingway, y, entre los modernos, Benny Goodman).

Un total de 1.197 objetos, sin contar libros y papelería, han sido inventariados en Finca Vigía. Pero el dato puede resultar confuso. No es el primer inventarío que se hace y los hubo que arrojaron un saldo de 3 y 4.000 piezas y otros de apenas un centenar. Está en dependencia del punto de vista en que el concepto pieza museable sea aceptado. Finca Vigía, en lo esencial, es una sola pieza; un buró, por ejemplo, es también una, pero pueden ser muchas si se le desglosa por gavetas y el contenido de cada una de ellas. La tarea resulta difícil y ha caído sobre los hombros de dos o tres jóvenes enfundados en batas blancas, que les confieren un carácter ascético, y que son los técnicos de museo y los sustitutos de Ernest Hemingway en el interior de su casa. Sustitutos de 8 am a 5 pm. Un tiempo que se utiliza en contar, glosar, agrupar por tamaño o por uso o por tonalidad y que sirve, por lo pronto, para informar que la cifra más confiable de objetos de índole diversa conservados allí, descontando biblioteca y papelería, se aproxima a las 1.197 unidades.

Una aventura excitante, pero que exige una dosis alta de paciencia, resulta de examinar la biblioteca de Hemingway; e.g., un ejemplar de la edición de 1951 de Tender Is the Night, de Scott Fitzgerald, aparece en el estante. Se revisan lentamente las hojas y se comprueba que mantienen una blancura y limpieza incomprensibles, hasta que en la página 243 se halla la única observación del Hemingway lector. Donde dice forward and clapped, él coloca dos signos de interrogación y escribe correctamente la palabra que los editores de Fitzgerald dejaron escapar con un error ortográfico: slapped.

Hemingway cubrió con los signos de su estilográfica una parte considerable de un ejemplar de Wuthering Heights (Cumbres borrascosas), de Emily Bronte, publicado en Londres en 1935. Son tres columnas de cifras que aparecen en la cubierta, solapas, primeras páginas e incluso sobre el título de la obra clásica inglesa. Hemingway se preocupa por la marcha de su salud. La primera columna señala la hora; la segunda, la temperatura; la tercera, las pulsaciones.

0745 35,9 60

1200 37 66

1600 36,7 66

1800 36,6 54

Las observaciones abarcan desde el 25 de noviembre hasta el 6 de diciembre. El año no está consignado. Tiene explicaciones breves de los movimientos que pueden influir en el comportamiento de su organismo. Up to dinner, levantarse para comer, escribe en una ocasión. Up to telephone, levantarse para el teléfono, en otra. Pero se registran pocas afectaciones. La temperatura y el pulso se mantienen en su nivel.

Hemingway, hipertenso, y también impaciente, tomaba su pulso sólo durante medio minuto.

Hay otra inscripción, de índole diferente, en la última página de Wuthering Heights. Es la anotación inicial del libro de remembranzas parisinas de Hemingway, que tiene el título aquí de The Lean and Lovely Years. Se convertiría años después en A Moveable Feast (París era una fiesta). Hemingway comenzó esta obra en Finca Vigía entre el otoño de 1957 y la primavera de 1958. Disponía de un primer boceto, escrito en mayo de 1956, sobre una etapa inicial de su amistad con Scott Fitzgerald. El artista recuerda sus aventuras con la generación perdida:

THE LEAN AND LOVELY YEARS

The Three Mountains
Connection
The Lyon Trip
In Scott date was agreed on
and I confirmed it by telephone

El relato del viaje a Lyon es uno de los mejores momentos de A Moveable Feast. Hemingway le había confirmado previamente a Fitzgerald que viajarían juntos en el tren. Este era un hombre olvidadizo y Hemingway se vio solo y casi sin dinero en un vagón de ferrocarril. The Three Mountains Press es el nombre de la editora que publicó la primera edición de In Our Time, en 1924. La denominación alude a los tres montes de la capital francesa.

Son escasos los libros de esta biblioteca que contienen anotaciones, pero a veces asoma entre las cubiertas apretadas de un volumen contra otro, la esquina de una vieja cuartilla o un pedazo de papel cualquiera en el que Hemingway apuntó una frase rápida y luego la dobló para guardarla en ese resquicio, que olvidaría finalmente. Es el caso de esta frase cargada de sentimientos machistas escrita en el reverso de un sobre de carta corriente: Any woman would rather dig her grave with her mouth than earn her living with her hands. (Toda mujer prefiere cavar su tumba con su boca que librar su sustento con las manos). Está firmada con sus iniciales: EH.

Así, pues, quince años después de su última sesión de trabajo en Finca Vigía, me correspondió una pequeña oración mientras transcurría mi leve contacto sobre las teclas de la máquina portátil Royal Arrow de Ernest Hemingway: “Cojones, maestro”. Todo lo demás fueron años y años husmeando por los resquicios de la casona. Tú nunca sabes cuando una tarea puede convertirse en una aventura.