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viernes, 22 de abril de 2011

Las cuentas pendientes de Washington


Publicado el 19 de abril de 2011 en la edición global de El País

El 19 de abril de 1961 dos aviones estadounidenses B-26 eran derribados en Cuba, en unos combates que podrían considerarse ya el comienzo del fin de la batalla en Playa Girón o Bahía de Cochinos. Uno de esos bombarderos caía por la acción de un Sea Fury y dos T-33 cubanos y el otro por el fuego de las baterías antiaéreas desplegadas en el central azucarero Australia, donde Fidel Castro tenía instalado su comando. Los B-26 formaban parte de la Brigada 2506, organizada por la CIA e integrada principalmente por exiliados cubanos, para entrar en Cuba y tratar de ganar a toda velocidad una cabeza de playa que les permitiera solicitar la intervención norteamericana. Pero la intentona de 1961 terminó en fracaso. Después de tres días de enfrentamientos los invasores no lograron su objetivo más inmediato (la cabeza de playa), el apoyo prometido por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) no llegó nunca por la reticencias del presidente John F. Kennedy, y la mayoría de los brigadistas fue capturada.

Los dos B-26 eran pilotados, entre otros, por cuatro norteamericanos, miembros de las Guardia Nacional de Alabama y que habían sido reclutados por la CIA en vista de su experiencia al frente de esos aparatos. Se trataba de Thomas Willard Ray, Leo Francis Baker, Riley W. Shamburger y Wade C. Gray. Los cuatro eran de la ciudad de Birmingham y forman parte del centenar de miembros de la Brigada 2506 que murieron a consecuencia del fallido desembarco en Cuba.

A 50 años de esa batalla, los brigadistas que fallecieron en esa operación no están en cementerios de EE UU. Unos porque cayeron al mar y sus cadáveres nunca fueron recuperados. Los otros siguen en Cuba por no haber sido nunca reclamados por las autoridades de Washington o por no haberse abierto una instancia de negociación al respecto con el régimen de La Habana. El Gobierno estadounidense nunca ha buscado vías para repatriar los cuerpos de aquellos que envió a pelear, a diferencia de lo que ha hecho por los combatientes muertos o desaparecidos en la guerra de Vietnam.

Por el contrario, la Administración Kennedy sí negoció con las autoridades cubanas tras los sucesos de Playa Girón la entrega de casi 1.200 hombres capturados durante la fallida invasión. Cerca de 60 fueron enviados a Estados Unidos por estar heridos o enfermos y 1.113 fueron canjeados a cambio de 53 millones de dólares en alimentos y medicinas, a fines de 1962. Incluso los exprisioneros fueron recibidos por el propio JFK en un acto en el Orange Bowl, de Miami, Florida.

Pero por los muertos no se hizo nada o casi nada. Ni siquiera sus familiares recibieron alguna pensión especial por el fallecimiento de sus esposos, padres o hijos, como reconoce el expresidente e historiador de la Brigada 2506, Esteban Bovo. Y sobre el tema de haber buscado una negociación para repatriar los muertos responde: "Nada se puede negociar con ese señor", en referencia a Fidel Castro y en abierta desavenencia con los acuerdos que sí alcanzó el gobernante cubano con la Administración Kennedy.

Este veterano explica que, de los 104 brigadistas muertos a consecuencia de los hechos de 1961 (que incluye a quienes fallecieron en los entrenamientos en Guatemala, en la travesía hacia Cuba y quienes murieron en un bote que estuvo 15 días a la deriva tras huir, después de la batalla), y aparte de aquellos cuyos cuerpos no fueron recuperados, muchos fueron enterrados en el mismo lugar donde cayeron; otros fueron sepultados en el cementerio de Jaguey Grande, cerca del central azucarero Australia, y no pocos fueron depositados en fosas comunes en el cementerio Colón, de La Habana.

Entre este último grupo se encuentran cinco brigadistas que, tras ser capturados por haberse infiltrado en Cuba en las semanas previas al desembarco de Playa Girón, fueron fusilados el mismo 19 de abril de 1961, y otros cinco invasores que fueron ejecutados el 5 de septiembre del mismo año por orden de un tribunal cubano. Asimismo, en el camposanto habanero se encuentran nueve brigadistas que murieron asfixiados cuando eran trasladados a la capital cubana en camiones cerrados.

Sin embargo, los casos que mejor reflejan el destino de los muertos de la Brigada 2506 son precisamente los de los cuatro norteamericanos de Alabama muertos cinco décadas atrás. Uno de los B-26, donde iban Riley W. Shamburger y Wade C. Gray, se estrelló en el mar, por lo que sus cuerpos nunca fueron hallados. Pero el otro bombardero cayó en tierra. Thomas Willard Ray y Leo Francis Baker habrían sobrevivido al derribo, pero fueron muertos por los milicianos, aparentemente al haberse resistido a su captura. Como sea, sus familias debieron realizar una larga lucha por recuperar sus cadáveres y por conocer las circunstancias en que habían muerto, algo de lo que nadie les informó durante años.

Así, tuvieron que pasar casi dos décadas para que la viuda y los dos hijos de Thomas Pete Ray pudieran enterrar el cadáver de su padre. Sólo en 1972 la CIA reconoció que Ray pertenecía a su plantilla. Tiempo después la familia se enteró que el cadáver del aviador estaba en un congelador en el Instituto de Medicina Legal de La Habana. Fue entonces cuando la hija de Ray, Janet Ray Weininger, reclamó el cuerpo a las autoridades cubanas, tras lo cual fue repatriado a Alabama, en diciembre de 1979.

Catherine Baker ha tenido menos suerte. Después de décadas de hacer preguntas y de golpear puertas, la esposa de Leo Francis Baker vino a obtener algunas respuestas en 1982. Sólo ese año el Departamento de Estado le comunicó que su esposo había muerto en Bahía de Cochinos y que su cuerpo estaba sepultado. Tras años de requerimientos de la viuda, el aparato diplomático estadounidense había actuado y le había solicitado a las autoridades cubanas información por el caso de Baker. La respuesta no se hizo esperar: la descripción del miembro de la Guardia Nacional de Alabama coincidía indudablemente con los de un cuerpo identificado con el número 425-E y enterrado en la manzana 5, segunda clase, fila 10, tumba 18 del cementerio de Cristóbal Colón, en La Habana. Sin embargo, no habría funeral en Birmingham. No era posible exhumarlo, ya que el cuerpo fue arrojado en algún momento a una fosa común, por lo que sería muy difícil distinguir sus restos de los de otros combatientes.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Esta historia se repite una y otra vez


"Cada vez que las relaciones entre Cuba y Estados Unidos experimentan cierta mejoría, una de las primeras cosas que aparecen en el horizonte son los investigadores norteamericanos que reclaman instalarse en Finca Vigía. Desaparecen cuando los nexos vuelven a entrar en crisis".

Norberto Fuentes, Hemingway en Cuba,
Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1984, página 483.

jueves, 14 de agosto de 2008

Enemigo y quinto socio comercial

Pese a cuatro décadas de embargo contra la isla y a la negativa permanente de las autoridades de Washington para abrir definitivamente el comercio con el único país comunista del hemisferio occidental, Estados Unidos se convirtió en 2007 en el quinto socio comercial de Cuba, gracias a que las ventas de productos agrícolas estadounidenses crecieron en US$ 100 millones. Según cifras publicadas por la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba, Estados Unidos se convirtió en el quinto socio comercial de Cuba con ventas de US$ 582 millones el año pasado, comparados con los US$ 484 millones en 2006. Estados Unidos, que comenzó a vender alimentos a Cuba en 2002 en virtud de una enmienda al embargo, se colocó en la séptima posición en 2005 y 2006, detalló un informe de la agencia Reuters.

Venezuela y China son los mayores socios comerciales de la isla, seguidos por Canadá y España. Antes del triunfo de la revolución, en 1959, Estados Unidos era el principal socio comercial de Cuba. En 1962, el gobierno estadounidense impuso un embargo comercial contra la isla que sigue aún vigente. Los legisladores estadounidenses que abogan por levantar el embargo sostienen que su eliminación total traería un comercio mucho mayor con la isla y el aumento de su influencia sobre La Habana. Pero la administración de George W.Bush y algunos legisladores cubanoestadounidenses argumentan que el comercio con la isla sirve para apuntalar al gobierno comunista.

miércoles, 23 de julio de 2008

Nuestras Antenas de Lourdes

A medida que avanzan los planes de Estados Unidos para instalar un escudo antimisiles en Polonia y República Checa, Moscú se acuerda cada vez más de Cuba. Ayer la agencia rusa RIA Novosti aseguró que expertos militares rusos aconsejaron la reactivación de una antigua estación de radar en la isla, como reacción al proyecto norteamericano. Se trata de una estación ubicada en la localidad cubana de Lourdes, inactiva desde 2001, indicó el experto Alexander Pikayev, del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de la Academia Rusa de Ciencias. "Cuba es un lugar único, del cual es posible explorar el territorio estadounidense", dijo Pikayev.