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lunes, 5 de septiembre de 2011

Las Fuentes de los videos


Podría ser un caso de estudio en las universidades norteamericanas pero también un ejemplo de cómo algunos magistrados creen estar en la república independiente de Miami y no formando parte del sistema judicial de Estados Unidos. Eso porque contra toda jurisprudencia avalaron la tesis de que una grabación de video histórica no tiene dueño.

Este es el caso. El 15, 16, 17 y 18 de julio de 2008, con motivo del aniversario de la Causa Número 1 en Cuba, un caso de 1989 de supuesto narcotráfico que terminó con el fusilamiento de cuatro militares entre ellos el general Arnaldo Ochoa y el coronel Antonio de la Guardia, la cadena de televisión de Miami Mega-TV, en el programa María Elvira Live!, emitió fragmentos de unos videos supuestamente inéditos y desconocidos hasta ese momento, obtenidos de las “bóvedas del régimen castrista”.

En las imágenes aparecían, entre otros, Ochoa y el general Patricio de la Guardia (hermano gemelo de Antonio), durante algunos ratos libres en su misión militar en Angola, a fines de los años 80.

Sin embargo, los videos no habían salido de las “bóvedas” del régimen cubano, sino de los archivos personales del escritor Norberto Fuentes, quien grabó con su cámara esas escenas en Luanda. Fuentes, autor de libros como Dulces guerreros cubanos (donde aparecen algunas de la imágenes de los videos emitidos en Mega TV) y La autobiografía de Fidel Castro, exigió a Maria Elvira Salazar que no siguiera exhibiendo en su programa esos videos de su propiedad, algo que ella continuó haciendo durante cuatro días, hasta mostrar unos 100 minutos de ese material. Los capítulos del programa fueron subidos al sitio Youtube, pero ante la evidencia de un conflicto legal por derechos de autor, el portal decidió bajarlos meses después.

Norberto Fuentes presentó una demanda contra Mega Media Holdings Inc., propietaria de Mega TV, por el uso de videos privados sin su permiso ni consentimiento. Pero no sólo eso. Fuentes y su abogado, Richard Burton, denuncian que esas cintas fueron robadas de su archivo, sin que hasta ahora Salazar haya explicado razonablemente cómo las obtuvo. Como era de esperar, la causa fue acogida por el juez de turno. Pero este año el juez de distrito Federico A. Moreno decidió poner en el caso a otro magistrado, Edwin G. Torres, quien rechazó los argumentos de la demanda, esgrimió el argumento de fair use y aseguró que la exigencia de Fuentes no tenía razón tratándose de un video de carácter histórico.

Sin embargo, esos argumentos no tienen validez y existen múltiples ejemplos. Quizá el más conocido sea el de la llamada película Zapruder, el único registro completo del asesinato de John F. Kennedy, en Dallas, en 1963. La filmación de 18 segundos fue vendida a la revista Life (pese a su innegable valor histórico) y recientemente el gobierno de Estados Unidos pagó US$ 16 millones por obtener una copia de la misma.

Para sorpresa de Mega-TV, de María Elvira Salazar (quien está en tratativas para emigrar a la cadena CNN en Español), de sus abogados y de los jueces de Miami, el abogado Burton decidió apelar al fallo de Torres-Moreno, y el caso ahora debe ser visto por una corte de apelaciones federal, lejos del hervidero del sur de la Florida.

domingo, 21 de junio de 2009

Portador de malas noticias

Filiberto Castiñeiras
Ex coronel del Ministerio del Interior de Cuba
Publicado en La Tercera


Quien fuera el ayudante del segundo hombre del Ministerio del Interior cubano a fines de los años 80, cuenta por primera vez detalles del día en que fueron detenidos los gemelos Antonio y Patricio de la Guardia, oficialmente, por un caso de narcotráfico, hace ya 20 años. La Causa Número 1, como fue conocido ese proceso, terminó con cuatro altos oficiales en el paredón, el 13 de julio de 1989, entre ellos el general Arnaldo Ochoa y el coronel Antonio de la Guardia, algunos de ellos acusados de estar involucrados en negociaciones con el jefe del cartel de Medellín, Pablo Escobar. Sin embargo, no hay una sola versión para explicar estos hechos. Algunas de esas sostienen que la cúpula del gobierno cubano había autorizado esas tratativas con el capo, y que las ejecuciones fueron una forma de salvar la cara cuando esas operaciones fueron descubiertas por EE.UU. Otros sostienen que se trató de una purga interna, en los años en que sonaba muy fuerte la música de la Perestroika.


Como de costumbre, yo había hecho un receso en el trabajo para hacer un poco de ejercicios, bañarme y comer algo. Eran las 7 de la noche cuando recibí una llamada del oficial de guardia para que regresara de inmediato a las oficinas del Ministerio del Interior (MININT), en la Plaza de la Revolución. Era el 12 de junio de 1989. El general José Abrantes, ministro del Interior se encontraba en México cumpliendo una encomienda de Fidel. El general Pascual Marínez Gil, a cargo en ese momento del MININT, y del cual yo era su ayudante, ya estaba en su oficina. Dijo: “Llama al general Orlandito”, el ayudante de Abrantes. De inmediato lo localizo y, en cuanto entra al despacho, Pascual nos dice: “Acabo de regresar del MINFAR”. En el despacho de Raúl Castro se había creado, dirigido por Fidel, un puesto de mando en sesión permanente para analizar y tomar decisiones sobre la situación que se ha venido presentando con informaciones salidas a la luz sobre narcotráfico y las acciones que preveían tomar el gobierno norteamericano.

“Se va a coger presos a Tony y Patricio”, nos dijo con voz lacónica y la adrenalina a flor de piel. Orlandito y yo nos miramos con estupor. Al devolverle la mirada, Pascual continuó: “Ya se localizo a Tony que estaba en su casa y se le dijo que viniera para esta oficina. Los compañeros de Villa Marista (el órgano de investigaciones de la Seguridad del Estado) que van a realizar la detención también están en camino hacia aquí”. Según el chequeo de vigilancia que se le había puesto a Patricio, este se encontraba en casa del teniente coronel Michael Montañés, Maico, ambos con sus esposas. Celebraban con una comida lo que al día siguiente sería el cumpleaños de Patricio. Y el de Tony.

El problema estaba en que no había como decirle a Patricio que viniera a la oficina de Pascual, pues el teléfono de la casa de Maico se hallaba roto. Nadie más debía saber de esta detención. Ni siquiera el resto del alto mando del MININT conocía lo que se estaba manejando en esos momentos. “Felo, ve a buscarlo tú”, me dijo el general. “Ve con mi chofer y dile a Patricio que venga, que quiero hablar con él”.

Momentos después llegaba Tony, y el oficial de guardia lo anunciaba: “Aquí esta el coronel Tony de la Guardia”. “Que pase”, fue la respuesta. Me dirigí a abrir la puesta del despacho y aproveché para salir. Me encontré de frente, caminando hacia mí, a Tony de la Guardia. Su cara traía la expresión de la angustia y la incertidumbre que por días venía arrastrando. “Dime Charles”, le dije, como siempre lo saludaba. “¿El tigre está?”, me preguntó, refiriéndose al general Pascual. “Sí, en el despacho”. Salí al pasillo sin darme cuenta que sería la última vez que vería a Tony. Sé que lo bajaron hasta el sótano en el ascensor que utiliza el ministro y el alto mando del MININT hasta el sótano, donde están los parqueos de estos dirigentes.

Durante el trayecto hasta la casa de Maico, llevaba mi cabeza cargada. Habían detenido a Tony y ahora yo iba a llevar por el mismo camino a quien había sido mi hermano por 20 años. De quien había aprendido muchísimo en el arte militar, en la preparación física y había, además, corrido innumerables riesgos durante las operaciones de Tropas Especiales.

Llegue a la casa de Maico y abrió la puerta su esposa. “Buenas noches, ¿Patricio está por aquí?”, dije. Ya venía caminando hacia la entrada el inconfundible Maico, un gordito, rubio, siempre risueño, bueno y servicial. Increíblemente ágil, intrépido y corajudo. Especialista excepcional de buceo. Maico, nacido en Jacksonville, Estados Unidos, podía correr cualquier riesgo con la misma sonrisa que te contaba un chiste. Sólo tenías que darle la misión, y la creatividad y la audacia iban por él.

“Adelante, coronel”, me saludó Maico. Patricio que me había visto desde la terraza donde estaba. Se había incorporado y venía hacia mí con sus jeans azules y una camisa de cuadros, con las mangas recogidas.

“Patri, necesito que vengas conmigo. Pascual quiere hablar contigo”. “Ah, está bien”, dijo Patricio. Se viró hacia su esposa, María Isabel, que venía acercándose a nosotros, y le dijo: “Voy con Felo a ver a Pascual, que quiere verme”. Salimos y tomamos el auto que, con el chofer del general, nos esperaba. Los nueve kilómetros que separaban la casa de Maico de la sede del Ministerio del Interior me parecieron interminables. Nunca he recordado de qué bobería hablamos en el trayecto. Patricio llevaba retratadas en su cara, como Tony, la incertidumbre y esa sensación que te aprieta el estómago presintiendo que algo va a pasar. Quizás Patricio haya percibido algo similar en la mía.

Eran casi las 10 de la noche cuando subimos por el mismo ascensor en el que, una hora antes, habían bajado a su hermano gemelo. Entramos a mi oficina y avisé al general: “Aquí esta Patricio”. “Dile que pase”, fue la respuesta. Patricio y yo nos miramos. Le indiqué la puerta sin pronunciar palabra. No quise entrar al despacho. No tenía tampoco idea de lo que vendría después. Esperé en la oficina del oficial de guardia. “Dile a Felo que venga”, se escuchó al rato por el intercomunicador. Cuando abrí la puerta del despacho, ya Patricio no estaba.

Meses después volví a ver a Patricio, en la prisión de Guanajay. El salía a trabajar en un pequeño patio frente a donde yo limpiaba mi celda. Al vernos, él, asombrado, hizo un gesto como preguntando: "¿Y tú qué haces tu aquí?". Yo le devolví la misma expresión. No hubo palabras. No hubo más gestos. Nos miramos. Sonreímos. Como siempre.


Los meses que siguieron fueron un torbellino, en el que se desarticuló y desmembró completamente lo que hasta ese momento había sido el Ministerio del Interior. Mientras el coronel Antonio de la Guardia fue fusilado, el general Patricio de la Guardia fue condenado a 30 años de prisión. El que era ministro del Interior, José Abrantes, recibió una sentencia de 20 años en la Causa Número 2 y murió en la cárcel en enero de 1991. Pascual Martínez Gil recibió una condena de 12 años de cárcel. Filiberto Castiñeiras, Felo, fue condenado a dos años de prisión durante aquellos procesos. Salió clandestinamente de Cuba en 1993 y desde entonces vive en Estados Unidos.

lunes, 21 de julio de 2008

El video-gate



Videos inéditos pero no desconocidos. La semana pasada un canal de televisión de Miami dio a conocer fragmentos de unas grabaciones de video realizadas en Angola a fines de los 80, donde aparecen los generales Arnaldo Ochoa y Patricio de la Guardia, entre otros importantes militares de la misión militar cubana en ese país africano. Esas escenas fueron exhibidas la misma semana que se cumplieron 19 años del fusilamiento de Ochoa y de la condena a 30 años de prisión de De la Guardia por la llamada Causa Número 1, en un supuesto caso de narcotráfico.

La conductora del programa María Elvira Live, María Elvira Salazar aseguró que esos videos permanecieron por casi dos décadas ocultos en las “bóvedas secretas del castrismo” y aseguró que ahí se podían apreciar la vida de “lujos y excesos”, los “privilegios” y las “orgías sexuales”en la que participaban esos militares. Además sostuvo que esos videos sirvieron a Raúl Castro en la Causa Número 1 para imponer los castigos que se aplicaron.

Sin embargo, esos videos no son de los archivos del régimen cubano, sino que forman parte de unas grabaciones personales realizadas por el escritor cubano Norberto Fuentes, quien actualmente vive en Estados Unidos. Y lo poco que mostró María Elvira Live, entre otras imágenes, es a Ochoa y De la Guardia en la piscina de la casa donde residía el primero como jefe de la misión militar cubana en Angola. Además, los militares aparecen en compañía de sus esposas y lo más “escandaloso” son algunos besos que De la Guardia le da a su esposa de entonces, María Isabel Ferrer.

Imágenes de estos videos fueron publicados en 1999 en el libro Dulces Guerreros Cubanos, del propio Norberto Fuentes, por lo que su existencia no era desconocida.

La serie de programas emitidos desde el lunes 14 al jueves 17, e interrumpida abruptamente pese a la promesa de la presentadora de seguir mostrándolos, claramente era una apuesta por ensuciar el nombre de Ochoa, pero especialmente el de Patricio de la Guardia, quien actualmente vive libre -aunque vigilado- en La Habana. Hace tres años un libro afirmó -sin ningún tipo de pruebas ni sustento- que De la Guardia había asesinado a Salvador Allende, en La Moneda, en septiembre de 1973.