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domingo, 21 de junio de 2009

Portador de malas noticias

Filiberto Castiñeiras
Ex coronel del Ministerio del Interior de Cuba
Publicado en La Tercera


Quien fuera el ayudante del segundo hombre del Ministerio del Interior cubano a fines de los años 80, cuenta por primera vez detalles del día en que fueron detenidos los gemelos Antonio y Patricio de la Guardia, oficialmente, por un caso de narcotráfico, hace ya 20 años. La Causa Número 1, como fue conocido ese proceso, terminó con cuatro altos oficiales en el paredón, el 13 de julio de 1989, entre ellos el general Arnaldo Ochoa y el coronel Antonio de la Guardia, algunos de ellos acusados de estar involucrados en negociaciones con el jefe del cartel de Medellín, Pablo Escobar. Sin embargo, no hay una sola versión para explicar estos hechos. Algunas de esas sostienen que la cúpula del gobierno cubano había autorizado esas tratativas con el capo, y que las ejecuciones fueron una forma de salvar la cara cuando esas operaciones fueron descubiertas por EE.UU. Otros sostienen que se trató de una purga interna, en los años en que sonaba muy fuerte la música de la Perestroika.


Como de costumbre, yo había hecho un receso en el trabajo para hacer un poco de ejercicios, bañarme y comer algo. Eran las 7 de la noche cuando recibí una llamada del oficial de guardia para que regresara de inmediato a las oficinas del Ministerio del Interior (MININT), en la Plaza de la Revolución. Era el 12 de junio de 1989. El general José Abrantes, ministro del Interior se encontraba en México cumpliendo una encomienda de Fidel. El general Pascual Marínez Gil, a cargo en ese momento del MININT, y del cual yo era su ayudante, ya estaba en su oficina. Dijo: “Llama al general Orlandito”, el ayudante de Abrantes. De inmediato lo localizo y, en cuanto entra al despacho, Pascual nos dice: “Acabo de regresar del MINFAR”. En el despacho de Raúl Castro se había creado, dirigido por Fidel, un puesto de mando en sesión permanente para analizar y tomar decisiones sobre la situación que se ha venido presentando con informaciones salidas a la luz sobre narcotráfico y las acciones que preveían tomar el gobierno norteamericano.

“Se va a coger presos a Tony y Patricio”, nos dijo con voz lacónica y la adrenalina a flor de piel. Orlandito y yo nos miramos con estupor. Al devolverle la mirada, Pascual continuó: “Ya se localizo a Tony que estaba en su casa y se le dijo que viniera para esta oficina. Los compañeros de Villa Marista (el órgano de investigaciones de la Seguridad del Estado) que van a realizar la detención también están en camino hacia aquí”. Según el chequeo de vigilancia que se le había puesto a Patricio, este se encontraba en casa del teniente coronel Michael Montañés, Maico, ambos con sus esposas. Celebraban con una comida lo que al día siguiente sería el cumpleaños de Patricio. Y el de Tony.

El problema estaba en que no había como decirle a Patricio que viniera a la oficina de Pascual, pues el teléfono de la casa de Maico se hallaba roto. Nadie más debía saber de esta detención. Ni siquiera el resto del alto mando del MININT conocía lo que se estaba manejando en esos momentos. “Felo, ve a buscarlo tú”, me dijo el general. “Ve con mi chofer y dile a Patricio que venga, que quiero hablar con él”.

Momentos después llegaba Tony, y el oficial de guardia lo anunciaba: “Aquí esta el coronel Tony de la Guardia”. “Que pase”, fue la respuesta. Me dirigí a abrir la puesta del despacho y aproveché para salir. Me encontré de frente, caminando hacia mí, a Tony de la Guardia. Su cara traía la expresión de la angustia y la incertidumbre que por días venía arrastrando. “Dime Charles”, le dije, como siempre lo saludaba. “¿El tigre está?”, me preguntó, refiriéndose al general Pascual. “Sí, en el despacho”. Salí al pasillo sin darme cuenta que sería la última vez que vería a Tony. Sé que lo bajaron hasta el sótano en el ascensor que utiliza el ministro y el alto mando del MININT hasta el sótano, donde están los parqueos de estos dirigentes.

Durante el trayecto hasta la casa de Maico, llevaba mi cabeza cargada. Habían detenido a Tony y ahora yo iba a llevar por el mismo camino a quien había sido mi hermano por 20 años. De quien había aprendido muchísimo en el arte militar, en la preparación física y había, además, corrido innumerables riesgos durante las operaciones de Tropas Especiales.

Llegue a la casa de Maico y abrió la puerta su esposa. “Buenas noches, ¿Patricio está por aquí?”, dije. Ya venía caminando hacia la entrada el inconfundible Maico, un gordito, rubio, siempre risueño, bueno y servicial. Increíblemente ágil, intrépido y corajudo. Especialista excepcional de buceo. Maico, nacido en Jacksonville, Estados Unidos, podía correr cualquier riesgo con la misma sonrisa que te contaba un chiste. Sólo tenías que darle la misión, y la creatividad y la audacia iban por él.

“Adelante, coronel”, me saludó Maico. Patricio que me había visto desde la terraza donde estaba. Se había incorporado y venía hacia mí con sus jeans azules y una camisa de cuadros, con las mangas recogidas.

“Patri, necesito que vengas conmigo. Pascual quiere hablar contigo”. “Ah, está bien”, dijo Patricio. Se viró hacia su esposa, María Isabel, que venía acercándose a nosotros, y le dijo: “Voy con Felo a ver a Pascual, que quiere verme”. Salimos y tomamos el auto que, con el chofer del general, nos esperaba. Los nueve kilómetros que separaban la casa de Maico de la sede del Ministerio del Interior me parecieron interminables. Nunca he recordado de qué bobería hablamos en el trayecto. Patricio llevaba retratadas en su cara, como Tony, la incertidumbre y esa sensación que te aprieta el estómago presintiendo que algo va a pasar. Quizás Patricio haya percibido algo similar en la mía.

Eran casi las 10 de la noche cuando subimos por el mismo ascensor en el que, una hora antes, habían bajado a su hermano gemelo. Entramos a mi oficina y avisé al general: “Aquí esta Patricio”. “Dile que pase”, fue la respuesta. Patricio y yo nos miramos. Le indiqué la puerta sin pronunciar palabra. No quise entrar al despacho. No tenía tampoco idea de lo que vendría después. Esperé en la oficina del oficial de guardia. “Dile a Felo que venga”, se escuchó al rato por el intercomunicador. Cuando abrí la puerta del despacho, ya Patricio no estaba.

Meses después volví a ver a Patricio, en la prisión de Guanajay. El salía a trabajar en un pequeño patio frente a donde yo limpiaba mi celda. Al vernos, él, asombrado, hizo un gesto como preguntando: "¿Y tú qué haces tu aquí?". Yo le devolví la misma expresión. No hubo palabras. No hubo más gestos. Nos miramos. Sonreímos. Como siempre.


Los meses que siguieron fueron un torbellino, en el que se desarticuló y desmembró completamente lo que hasta ese momento había sido el Ministerio del Interior. Mientras el coronel Antonio de la Guardia fue fusilado, el general Patricio de la Guardia fue condenado a 30 años de prisión. El que era ministro del Interior, José Abrantes, recibió una sentencia de 20 años en la Causa Número 2 y murió en la cárcel en enero de 1991. Pascual Martínez Gil recibió una condena de 12 años de cárcel. Filiberto Castiñeiras, Felo, fue condenado a dos años de prisión durante aquellos procesos. Salió clandestinamente de Cuba en 1993 y desde entonces vive en Estados Unidos.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Esperando la esperanza

Filiberto Castiñeiras
Analista cubano

No todo será coser y cantar. La agenda con las tareas pendientes es voluminosa. El lo sabe. Ha terminado el tiempo de criticar. Comienza el de tomar medidas. El rostro de Barack Obama durante el discurso de agradecimiento a sus seguidores por la victoria, así lo demostraba. Manifestaba la satisfacción por el triunfo y la seriedad con que asume el liderazgo de su nación.

Los problemas no se crearon ayer y sabemos que se han acumulado durante años. Muchos querrán que mañana estén resueltos. Los más afectados por las consecuencias de las crisis financiera e inmobiliaria mostraran su desespero ante la impotencia de solucionarlo. La necesidad de nuevos empleos, la búsqueda de soluciones para una endeble seguridad social y un sistema de salud al alcance de todos serán las mayores presiones domésticas. Los republicanos, por supuesto, se encargaran de exigir el cumplimiento de cualquier programa al pie de la letra.

En el ámbito internacional, la guerra de Irak sigue consumiendo el dinero del contribuyente norteamericano y cobrando la vida de sus soldados. No es difícil predecir que cuando termine el tiempo del ejército de ocupación en el que Estados Unidos está comprometido, los iraquíes resolverán sus problemas, de acuerdo a su cultura y sin importar el derroche de dinero y vidas que —a base de mentiras— llevaron en aquel país. La preservación de la seguridad nacional y la lucha contra el terrorismo es otro de los retos del nuevo presidente. Irán y Afganistán tendrá su lugar en la lista de prioridades, en el que destaca con letras mayúsculas el apresurado resurgimiento de Rusia. Otros puntos del Medio Oriente no escapan de la agenda. Establecer un clima de entendimiento en las relaciones y cooperación con la Unión Europea es imprescindible para recuperar la confianza mutua.

America Latina requiere de atención especial. El incremento generalizado de la pobreza en la región ha propiciado el surgimiento de tendencias populistas de substancioso arraigo popular. En la mente del latinoamericano común, Estados Unidos llegó a sus países durante el siglo pasado sólo para intervenir militarmente o apoyar al dictador de turno. En el actual, los tratados de libre comercio son las nuevas intervenciones puntuales que muchos dudan de sus beneficios.

Por ultimo está Cuba, que ha ocupado el decir y hacer de los últimos 10 presidentes de Estados Unidos. El enfrentamiento sostenido entre los dos países durante 50 años sólo ha servido para crear y engrandecer una leyenda. La imagen de un hombre tan inteligente como tozudo ha recorrido el mundo como el David que enfrento a Goliat. Este mito ha servido a jóvenes de todas latitudes que —cíclicamente— han querido alcanzar el cielo. Barack Obama tiene la posibilidad de atemperar esa situación —y Cuba lo sabe. Para ello se vienen preparando desde hace tiempo. Quizás ya están enviando una escueta nota a través del representante norteamericano en La Habana felicitando al nuevo presidente, a la vez que el experimentado embajador, Jorge Bolaños, acreditado en Washington para esta ocasión, estará moviéndose con su mejor sonrisa entre los actuales y posibles funcionarios del Departamento de Estado. Cuba se debate en la más conocida de las sanciones impuestas por EE.UU. contra la isla: el embargo económico. Si eliminar esta sanción le posibilita el acceso a un manejo económico internacional más flexible, también eliminaría de un tirón la piedra angular del discurso de mutuos beligerantes.

¿Pronósticos? Esperemos alguna declaración desafiante. Algún capitulo inesperado puede producirse que eleve la tensión y los sitúe en una posición de fuerza ante los propios norteamericanos. Los agentes encubiertos a cargo de la disidencia interna serán orientados a exigir su inmediato apoyo y el cumplimiento de sus demandas. No importa lo que suceda. Ni siquiera saber que, a partir de hoy, para los cubanos de aquí y de allá, existe una nueva esperanza. Lo determinante ahora es saber por dónde y cómo va a responder el liderazgo castrista.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Los rusos están de vuelta

Filiberto Castiñeiras
Analista cubano


La más importante y extensa delegación militar rusa en los últimos 20 años acaba de visitar La Habana. La revisión de las condiciones en las Fuerzas Armadas cubanas y en especial de la Fuerza Aérea y la Defensa Antiaérea es el objetivo priorizado. Los sistemas de mando, comunicación y lucha radioelectrónica serán examinados por los oficiales rusos que, además, llevan la misión de asesorar a los cubanos en la explotación de nuevos radares y sistemas de lanzamiento de misiles. La disposición de entrenar nuevos oficiales en escuelas rusas y el suministro de piezas de repuesto para los talleres de las Fuerzas Armadas cubanas engrosan la agenda preparada en Moscú.

Una delegación presidida por el ministro de comunicaciones, Igor Schegoliev, acaba de firmar acuerdos de colaboración en las ramas de infocomunicaciones y la electrónica, además de la apertura de una representación de la agencia rusa de información RIA Novosti en La Habana. El intercambio de especialistas y preparación de personal cubano en escuelas rusas está incluido en los acuerdos.

Otra delegación, esta vez presidida por el ministro de Transportes, Igor Levitin, es esperada en la capital cubana. En los casi 50 años de estrechas relaciones entre La Habana y Moscú se pudiera calificar de excepcional que hayan coincidido delegaciones de tan alto nivel en cualquiera de las dos capitales.

Para el observador atento, las cosas parecen estar desenvolviéndose como en un guión. Las Fuerzas Armadas cubanas desde hace algunos años han actualizado y renovando sus medios de combate de forma muy callada, en contactos con los propios rusos y con el Ejército chino. Por otro lado, el inmenso arsenal que el gobierno de Venezuela ha estado comprando en Rusia y que va más allá de las posibilidades numéricas de su Ejército, bien pudieran estar sirviendo para la reactivación del parque de las distintas armas cubanas. En conocimiento de la técnica y del idioma ruso, los cubanos estarían pagando con el asesoramiento directo en el manejo de aviones de combate, helicópteros y defensa antiaérea.

El gobierno cubano puede asegurar su futuro con el apoyo logístico de los rusos, y aprovechan su apuesta de resurgir como gran potencia, y en total conocimiento de que el apoyo que reciben en estos momentos del gobierno de Venezuela cesaría abruptamente si Hugo Chávez perdiera el poder.

Los rusos, embriagados con el descubrimiento del capitalismo, abandonaron su fuerza y equipamiento militar. El alto mando ruso despertó a la realidad en el reciente conflicto con Georgia, cuando sus tropas se movieron pesadamente y en la práctica se quedaron sin comunicaciones entre los mandos y las unidades. El equipo más moderno que posee cualquiera de sus brigadas fue fabricado en el año 1980 y sus tácticas de combate son las mismas utilizadas medio siglo atrás, según el presidente del Instituto de Evaluaciones Estratégicas, Alexandr Konovalov. En cuanto al armamento estratégico, se han sentido acorralados con los sistemas y acuerdos que, lentos pero seguros, han establecido los norteamericanos en la Europa del Este. Ante esta situación y el futuro que enfrentan, el gobierno ruso ha decidido acometer una reorganización total de las Fuerzas Armadas y convertir su Ejército en estructuras móviles y ágiles, dotadas de armas ultramodernas. El aumento del presupuesto militar para el próximo año a 47.000 millones de dólares, reducir el Ejercito a un millón de soldados para 2012 y la disminución de 200.000 oficiales en los próximos cuatro años, son algunas de las medidas anunciadas por el ministro de Defensa, Anatoli Serdiukov. Todo debe estar a punto en 2020.

La renovada relación entre Rusia y Cuba se ha incrementado gradual e intensamente con la habilidad por ambas partes de restar importancia a cualquier encuentro que hayan celebrado. A los dos, viejos conspiradores de táctica y estrategia, les conviene la negociación. Cuba por asegurar su futuro inmediato y Rusia estaría acercando su trinchera de defensa a Estados Unidos.

Queda una pregunta en todo este nuevo teatro de operaciones. ¿Jugará algún papel el nuevo satélite de comunicaciones que lanzaron los chinos al servicio del gobierno venezolano? ¿Tiene alguna conexión con la nueva alianza de comunicaciones y radioelectrónica ruso-cubana? Quizá estemos contemplando el nacimiento de una estrategia continental. Servir de elemento de presión para los norteamericanos. Cuanta información y de que tipo se puede obtener con el nuevo satélite y quien la puede utilizar está por determinarse. Alertas. Los rusos están de vuelta.

domingo, 19 de octubre de 2008

Off the record

Filiberto Castiñeiras
Analista cubano


El diario español El Mundo en su edición dominical ha publicado una investigación sobre la captura del hoy aspirante a la Presidencia de Estados Unidos John McCain, durante la guerra de Vietnam, en 1967. Es realmente interesante. Se basa en entrevistas a sobrevivientes lugareños de aquel episodio, relatos de la propia biografía escrita por McCain y a testimonios de quienes fueron sus compañeros de armas. La historia que ahora publican desmonta la imagen de héroe de la que ha vivido el ex piloto de combate, sacando a relucir incluso declaraciones de algunos de sus compañeros que lo acusan de romper el código militar y haber cedido a la presión de los vietnamitas en los interrogatorios. Recuerdan también testimonios del propio McCain donde dice que en aquel momento "se sintió horrible" y que "había decepcionado a sus compañeros, a su país y a él mismo". Las acusaciones sobre la tortura y el mal trato que siempre recibió de sus captores ahora son refutadas por la otra cara de la moneda que, según la investigación, sabiendo era hijo de un almirante, dieron instrucciones para que se tratara con especial cuidado.

Por mi parte no doy total crédito a las bondades de los captores vietnamitas por lo menos en una primera etapa, pues quien ha estado preso, aun en tiempos de paz, conoce la "delicadeza" con que son tratados los prisioneros por sus carceleros. Me imagino el trato en tiempo de guerra cuando cada minuto puede ser el último que cuentes.

Pero debemos recordar que los vietnamitas utilizaron tácticas muy inteligentes que cambio el curso de la guerra a su favor y, en cuanto a los interrogatorios e investigaciones, estuvieron asesorados muy especialmente por experimentados cubanos que viajaron a Vietnam con ese fin. Hace sólo unos meses salió a la luz Fernando Barral, un cubano nacido en España, sicólogo de profesión, hábil e inteligente, que fue enviado a Vietnam precisamente para interrogar a McCain. Lo que recogió Barral de sus entrevistas con el hoy candidato presidencial norteamericano no se ha dado a la publicidad… por ahora. Es decir, que si Cuba estuviera detrás de esta investigación, publicada sorpresivamente en un lugar tan distante, los bien guardados legajos con los detalles investigativos del meticuloso Barral pudieran ver nuevamente la luz.

Foto: John McCain conversa con Fernando Barral durante el cautiverio del primero en Vietnam.

miércoles, 8 de octubre de 2008

El fin de una tormenta

Filiberto Castiñeiras
Ex coronel MININT

En Miami, donde reside la mayor población cubana fuera de la isla, fue inevitable la angustia y en muchos casos la desesperación por sus familiares en Cuba, después del paso de dos huracanes en el lapso de una semana. Hacer llegar –o llevar personalmente– ayuda de cualquier tipo, y más que eso, trasmitirle a los suyos el sentimiento de solidaridad y apoyo, se convirtió en la misión priorizada de los emigrantes. Pero comenzaron los tropiezos. Medidas arbitrarias impuestas en función de una equivocada política impedían a los cubanos residentes en Estados Unidos unirse a los suyos –con la capacidad y en el momento que ellos, los damnificados, requerían. El interés por ayudar tocó el corazón de muchos. Entonces aparecieron los que quieren mantenerse en los noticieros de la tarde, llenos de entusiasmo y rubicundos, pletóricos de viejas ideas, robando cámara en los telemaratones, a sabiendas de que el gobierno cubano nunca ha cerrado sus expedientes de actividades subversivas. Y están los norteamericanos. Estados Unidos, por su parte, recurriendo a su Manual para Desastres. Enviar una comisión de expertos para determinar las necesidades en el terreno es su primera condición. Aunque conocen de antemano que la exigencia será rechazada. El secretario de Comercio Carlos Gutiérrez, un cubano salido de la isla cuando tenia 6 años y que jamás se preocupó por lo que allí pasaba hasta que fue confirmado en el gabinete del presidente Bush en 2005, ahora –con su inexpresiva y reiterativa imagen– se convirtió en vocero de una causa perdida de arrancada. Sus soporíferas comparecencias llenaron cuanto programa de opinión y noticieros existe en Miami. Tuvieron que pasar más de 15 días para que, al fin, se lograra alguna flexibilidad en las restricciones impuestas por Estados Unidos a los cubanos residentes en el país, limitando la visita a sus familiares –y solo los más allegados– cada tres años. Estados Unidos hizo por último el ofrecimiento de enviar ayuda a Cuba sin ninguna condición, pero, o no contaron con el pétreo orgullo de La Habana o lo hicieron como antorcha política en la seguridad de que no lo iban aceptar.

Otro asunto. Durante los últimos 50 años el pueblo de Cuba ha visto como sus casas y edificios se han ido deteriorando, día tras día. Cinco décadas sin reparaciones ni mantenimiento de ningún tipo han hecho desvanecer las imágenes de ciudades, modernas o coloniales. Sólo en los llamados polos turísticos, desarrollados para la explotación de los paisajes naturales del país, se han edificado nuevas instalaciones con los atractivos y comodidades de la vida moderna. Mas las ciudades y pueblos donde viven los que trabajan, los obreros y campesinos, la gente de a pie, recuerdan en muchos casos las ruinas de la Europa de posguerra.

Por otro lado tenemos la alimentación. El gobierno ha querido dirigirla a partir de la conocida libreta de abastecimiento, que con sus altibajos nunca ha cumplido en 50 años sus compromisos básicos. No sólo la llamada canasta familiar, ni siquiera el estómago de los cubanos que suelen recurrir al mercado negro, al mercado paralelo, y desde luego, al robo o al intercambio de productos para “resolver” los problemas alimentarios de cada núcleo familiar. Esta forma de existir ha trillado un camino. La diaria obediencia a un compromiso filosófico ha mantenido al pueblo cubano arrastrando esa cruz de ideas altruistas. Un camino que, justo cuando se cree llegado a su fin, recién comienza otra vez.

No obstante, a pesar de las vicisitudes enumeradas, no se puede desmerecer la capacidad de organización que tiene el gobierno cubano para enfrentar una crisis como la actual. Desde los años 80 se preparan para la invasión norteamericana y los planes de contingencia se actualizan año tras año. Raúl Castro ha sido precisamente quien tenazmente ha mantenido el rigor y la vigilancia sobre estos planes, los que hoy precisamente ejecutan ante las condiciones excepcionales de dos huracanes de magnitud 4-5. Raúl ha estado en su puesto de mando, dirigiendo las operaciones, y no en la calle, movilizando corazones como hubiera hecho Fidel. El país está hoy destruido, pero donde la gente no conoce la propiedad, la depresión castiga con mucha menor furia. Y así las cosas, una teja de fibrocemento o algunos bloques y ladrillos servirán para volver a arreglar su pobreza. Pan, azúcar y frijoles entonarán otra vez su estómago. Allí es costumbre que las noches sean mas largas por la falta de electricidad o que cocinen en el patio como lo hacía la abuelita, pero a su vez estas desgracias han creado el hábito de reunir a los vecinos para comentar lo mala que esta la situación o preparar una caldosa, el famoso caldo cocinado con el aporte de todos.

Ha transcurrido un mes del azote de los huracanes. No me cabe duda que Cuba se va a recuperar y volverá, lamentablemente, a los estándares anteriores. Para ello el gobierno ha utilizado y seguirá utilizando cuanto medio tenga a su alcance y agotara hasta la última de todas sus reservas. La ayuda internacional que han recibido de diversos países y entidades privadas ha sido muy generosa, especialmente en el caso de Rusia y Venezuela.

Mientras que Estados Unidos perdió otra vez la oportunidad de una iniciativa. Ganar un paso y no perder dos, como ha sucedido.

De los huracanes en Cuba se habla cada vez menos. Para saber lo que pasó tendremos que buscar los periódicos de Miami de aquella fecha en los que unos con pena y otros con saña predecían la hambruna, las epidemias y el éxodo masivo que ya se veía en la cresta de las olas. Otra vez, volvemos al punto de partida.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Recuerdos del 11


Filiberto Castiñeiras
Ex coronel MININT

Se cumplen 35 años de aquel día que estremeció a Chile y al mundo. Un cruento golpe de Estado contra un gobierno establecido acorde a los lineamientos democráticos que existían en el austral país. Era Chile en aquel entonces la bandera democrática de lo que se podía ser, contraria a la teoría de Fidel Castro, una revolución sin violencia.

En La Habana todos los mecanismos que de una forma u otra seguían paso a paso el desarrollo de los acontecimientos en Chile estaban en estado de alerta. Fidel había partido días antes para un largo viaje que incluía Vietnam. Abordó el IL-62 soviético con la percepción de que no estaba lejano el momento en que se desataría la violencia. Muchas eran las informaciones que le habían llegado a través de la Dirección General de Inteligencia y de los oficiales de la Dirección de Liberación, esta última dirigida por Manuel Piñeiro, que trabajaban desde dentro de Chile en contacto con los distintos partidos políticos. La intentona del "tancazo", del 29 de junio, había sido la confirmación de lo que podía suceder. Había alertado a Allende de distintas maneras pero el Presidente seguía confiado en la justeza de su accionar sin avizorar la traición. “En Chile no pasa ná”.

Ante la inminencia de los hechos, Fidel ordenó reforzar el trabajo de apoyo en todas las direcciones. En Tropas Especiales se designó un pequeño grupo de altos oficiales para reforzar el mando del personal que ya estaba en Chile para la protección de la embajada y que, además ayudarían a los máximos dirigente de los partidos de la unidad popular, fundamentalmente el PC y PS, y a sus aparatos militares, en la revisión y confección de los planes de acción.

En la embajada cubana en Chile, desde el mismo momento del restablecimiento de las relaciones diplomáticas y con vistas al viaje que realizaría Fidel Castro a ese país en 1971, se había conformado lo que se llamo el Grupo Mixto, que tenía a su cargo la protección de la embajada y sus instalaciones, así como la seguridad personal del embajador. Los oficiales mejor preparados de esta tropa, podrían asesorar también a los miembros del GAP y de los distintos partidos.

El Grupo Mixto fue llamado así por la composición no clásica de una unidad de combate. Tres escuadras de alrededor de 15 hombres cada una reforzadas con ametralladoras RPK y lanzacohetes RPG. Todos con su correspondiente abastecimiento de municiones y una reserva suficiente para que cada funcionario de la embajada pudiera convertirse en un soldado más ante cualquier situación. Al frente de este primer grupo se designó a Manuel González Silverio, entonces Jefe de Operaciones de las Tropas Especiales.

El personal para la nueva misión fue escogido entre aquellos con mejores condiciones físicas y con mayor experiencia militar. Se elaboró un intensivo plan de preparación, haciendo énfasis en las practicas de tiro con todo el armamento, incluido el tiro con lanzacohetes desde el interior de habitaciones para valorar sus consecuencias. El grupo contaba también con un médico y un enfermero con su correspondiente equipamiento.

Todos cumplieron con las tareas para las que estaban destinados. Todos sin excepción estuvieron listos a la hora del combate. Patricio de la Guardia se hizo cargo del mando militar de todo el personal. Claro que subordinado a los requerimientos del embajador Mario García Inchaustegui, diplomático de profesión, digno y corajudo hombre. El Grupo Mixto estaba preparado aquel martes 11 de septiembre. Todas las posiciones de defensa de la embajada habían sido tomadas y la protección personal del embajador reforzada. Las columnas de marcha de los vehículos y el personal que saldría en apoyo del Presidente cuando este lo solicitara, estaban listos. La adrenalina, a flor de piel. La respuesta inmediata y contundente ante el primer amago de ataque a la embajada hizo saber a qué se tendrían que enfrentar.

Una primera llamada al Presidente Allende informándole de la disposición del grupo para acudir en su apoyo o en la dirección que él indicara obtuvo respuesta negativa. Allende no quería involucrar a los cubanos en una lucha entre chilenos, y Fidel había dejado claro que cualquier acción se ejecutaría solamente con la autorización de Allende. Una segunda llamada ya avanzada la mañana obtuvo la misma negativa. El resto de la historia ya ha sido contada de diversas maneras. En todas ha quedado siempre de manifiesto la hidalguía y valentía de un hombre honesto que creyó en sus ideas, que confió cándidamente hasta en quienes podían ser sus enemigos y entregó su vida dejando con ello el inmenso respeto del mundo ante su nombre. Hoy Chile vive nuevos rumbos. Desanda nuevos caminos con la experiencia y el ejemplo de quien supo ser su Presidente.

viernes, 22 de agosto de 2008

Dos años del imposible

Por Filiberto Castiñeiras

Este texto ha sido escrito por el ex coronel del Ministerio del Interior cubano, Filiberto Castiñeiras, quien fue ayudante ejecutivo del general cubano Pascual Martínez Gil, cuando era jefe de Tropas Especiales y mientras se desempeñó como viceministro del MININT, hasta el año 1989. Castiñeiras, que entre muchas misiones estuvo en Chile hasta pocos días antes del golpe de Estado de 1973, conoce como pocos los pasillos y los mecanismos del poder cubano. Pese a que salió de Cuba en 1993 y a que desde entonces vive en Florida, Estados Unidos, esta es la primera vez que publica un artículo de su autoría.

Recientemente se han cumplido dos años desde que Fidel Castro anunciara su retiro temporal por razones de salud como jefe de gobierno. Hasta entonces nadie había imaginado que sucedería algo así. Nadie hubiera pronosticado un desenlace de esta manera. Los que de alguna forma de verdad conocían a Fidel, presumían que nunca abandonaría el poder y que su intención siempre sería irse al otro lado con las botas puestas. Pero, para sorpresa de todos a partir de su repentina y grave enfermedad, cedió, de forma provisional, inicialmente, la presidencia de los Consejos de Estado y de Ministros.

Qué sorpresa. Después de casi 47 años de poder absoluto delegaba el mando. Y lo hacía con una asombrosa naturalidad, con la seguridad de que lo que estaba haciendo era lo que tenía que hacer, porque, además, quería hacerlo. Garantizaba así, la continuidad de lo que él considera su obra, dándole, en cierta forma, seguridad a los que le acompañaron en su revolución.

También por aquella fecha, quedaron grabados en los medios escritos, radiales y televisivos de Miami los innumerables pronósticos y aseveraciones de que Fidel Castro no podía, porque no se lo íbamos a permitir, ceder el poder. No podía permitirse en Cuba una dinastía. No habría sucesión de poderes. Recuerdo cuando estuvo de moda aquello de: “Ni sucesión ni transición”. Por cierto, ¿han oído alguna otra vez aquel eslogan? Y ¿qué pasó en Cuba? Sucedió lo que nadie había vaticinado.

Lamentablemente, en muchísimos casos, quienes se dedican a examinar la situación cubana lo hacen a partir de publicaciones, especulaciones o rumores, que los llevan a mantenerse siempre en una posición defensiva, es decir, hablando de lo que pasó en el combate anterior y aventurándose a pronosticar lo que va a suceder en el próximo. Después rogarán a “sus santos” para que se cumplan sus augurios.

Pasemos la página para no referirnos a los actores de cualquiera de las novelas de la televisión local. Muchos de ellos no cumplieron los requisitos para trabajar ni siquiera de “extras” y hoy, cuentan sus actuaciones protagónicas en los grandes escenarios. Algunos hablan con tal desfachatez ante las cámaras, que en su casa ni se lo creen ni se lo permiten. Quizás lo hacen para bloquear en su mente las veces que, ocupando algún cargo, mojaban los pantalones con sólo recibir una llamada telefónica "de arriba”.

El problema para muchos de estos analistas es que no conocieron nunca a Fidel Castro, o lo conocieron a mediados del siglo pasado. Peor aún, si lo trataron alguna vez, jamás aprendieron a conocerlo. Nunca han querido tener en cuenta que, además de autócrata, tirano y todos los epítetos que le cuelgan a diario, es un hombre que ha sabido manejar la política a su favor. Que es tozudo, voluntarioso, impredecible y que siempre esta pensando, en su interés, al menos dos pasos delante de muchos otros que han llegado al poder de cualquier manera.

Estas características de Fidel descarta las innumerables comparaciones que a diario se establecen con otros gobernantes defenestrados en regímenes también autoritarios en cualquier parte del planeta o las "soluciones de manual", que se aplicaron en Europa del Este, sin tener en cuenta la idiosincrasia del pueblo cubano, independientemente que las vicisitudes y las ansias de libertad puedan ser las mismas.

Muchos somos los que vivimos hoy fuera de la isla deseando la solución del problema cubano y para lograrlo, no podemos seguir permitiéndonos fantasías mentales, en las que algunos, no siempre bien intencionados, nos quieren mantener danzando de nube en nube, a veces con música propia y otras con el último danzón que nos envían desde la isla.

La solución no está en el sombrero de ningún mago. Tampoco creo que son medidas unilaterales de uno u otro extremo las que resuelven el problema. En éstas ya hemos andado por mucho tiempo y el resultado ha sido el dolor y el sacrificio que por momentos alimenta la desesperanza. Los beneficios que pudieron haber emergido de estas casi cinco décadas de batallar constante, han caído del otro lado del campo. Victorias pírricas que el enemigo supo explotar en provecho de sus bien organizadas campañas de propaganda.

Fidel Castro puede estar debatiendo para sus adentros si, ante la inminencia de su muerte, se apresuró mucho en ceder el poder real que hoy le es más difícil recuperar. La imposibilidad de actuar, en un hombre como él acostumbrado a la omnipotencia, será la llama que lo consumirá en la misma hoguera que hizo para otros.

Para todos los cubanos, los de aquí y los de allá, estamos obligados a mirar hacia el futuro con la única idea de salvar nuestra nación y cortar de una vez el sufrimiento que nos abate. En el transcurrir cíclico de la historia, se avecinan con apresurada inmediatez, cambios que dejarán sus huellas al reemplazar formas de hacer y decir. El mundo esta presto a evolucionar ante la amenaza de sucumbir. Seamos parte de la historia y hagamos la adecuación mental que necesitamos para lograr una solución práctica, inteligente y justa. Solución que sin demagogias, nos lleve a un porvenir mejor para todos los cubanos.