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lunes, 13 de julio de 2009

Ni corrupción ni conspiración

En su más reciente reportaje sobre las destituciones de marzo en el gobierno cubano, el corresponsal del diario El País en La Habana, Mauricio Vicent, da a conocer nuevos detalles de lo que fue esa purga. Y quedaría claro que obtuvo esas informaciones de fuentes muy oficiales, especialmente en el siguiente párrafo, que buscaría dejar zanjada la situación de los "tronados". Del único sobre quien no hecha luces, si no más bien sombras, es Conrado Hernández, el ahora ex jefe de la oficina comercial del gobierno vasco en La Habana.

"Los destituidos fueron acusados de deslealtad, abuso de poder, de cometer indiscreciones graves -(el ex vicepresidente Carlos) Lage reveló a Conrado (Hernández) la elección de (el actual vicepresidente primero, José Ramón) Machado Ventura antes de que fuese oficial- y de albergar ambiciones políticas. Nada de corrupción ni conspiración, por ello ninguno fue detenido ni expulsado del Partido Comunista. (El ex canciller, Felipe) Pérez Roque y (el ex vicepresidente del Consejo de Ministros, Otto) Rivero trabajan en la actualidad como ingenieros electrónicos en dos fábricas de La Habana. (El ex secretario de Fidel Castro, Carlos) Valenciaga está en los archivos de la Biblioteca Nacional, y Lage, al parecer, sigue aún en su casa, con el estatus conocido en Cuba como plan pijama, sin nada que hacer".

jueves, 9 de abril de 2009

Castañeda, capítulo 2


El 'compló' cubano

Jorge G. Castañeda
9 de abril de 2009
Diario Reforma (México)

En Newsweek di una interpretación de la purga estaliniana en Cuba en marzo que provocó cierto revuelo en algunos países de América Latina. Sugerí -a partir del texto de Fidel explicando la defenestración de Lage y Pérez Roque, de un cierto seguimiento de las luchas intestinas de la Revolución cubana desde hace 35 años, y de algún conocimiento de los fines de régimen en los países socialistas- una explicación que, como dijo Teodoro Petkoff, el ex guerrillero venezolano y actual director de periódico, Si non e vero, e ben trovato.

La hipótesis consistía en una conspiración, ideada y puesta en práctica por Lage, Pérez Roque, el jefe de Relaciones Internacionales del PC, Fernando Ramírez, y otros, incluyendo a Hugo Chávez, contra Raúl, pensando que contaban con el beneplácito de su hermano mayor. Fueron descubiertos y desterrados, en el mejor de los casos al "Plan Pijama" -equivalente tropical de Siberia- pero no sin antes humillarlos y denostarlos ante la "opinión pública" por "ambiciosos", "indignos" y traidores. La razón del intento para derrocar/cercar a Raúl era evidente, en mi opinión. Éste había comprendido, por fin, que los cubanos no aguantaban más miseria y que la única manera de terminar con ella era entenderse con Estados Unidos, y ese entendimiento implicaba poner en juego el poder: lo que era herejía y blasfemia a ojos de los talibanes cubanos y del cacique de Caracas. Insistí en la total ausencia de pruebas para esta tesis y que sólo provenía de una especulación más o menos informada.

Hoy contamos con un par de elementos nuevos, que no confirman el "compló", pero sí lo vuelven verosímil. El primero, menos importante, es el aparente retiro, hace 10 días, intempestivo y ofensivo para su persona, del embajador de Cuba en Venezuela, Germán Sánchez. Le habrían dado 24 horas para abandonar su cargo, irse a La Habana y confesar su participación en la conspiración, actuando como enlace entre Chávez y Pérez Roque, ¿será?

El segundo ingrediente, más significativo, se halla en dos artículos publicados en El Mundo de Madrid y en The New York Times, hace tres días, sobre el caso Conrado Hernández, el empresario vasco-cubano detenido en el aeropuerto José Martí, 10 días antes de la purga. Según los diarios -el reportaje de El Mundo escrito por un autor con antecedentes tenebrosos-, Hernández grabó múltiples conversaciones, con copas, entre Pérez Roque, Lage, Ramírez y él mismo, en su casa, donde despotricaban contra Raúl, su edad, salud y posturas políticas -según la nomenklatura cubana- para entregarlas a los servicios secretos españoles (para algunos, un non sequitur).

Las grabaciones eran el pretexto para quitarles títulos y dignidad, pero también para que Raúl, días después, las compartiera con los miembros del Buró Político y con otra instancia superior. El propósito de hacer escuchar las grabaciones, según el NYT, estribaba en desacreditar a los traidores, y contrarrestar la ovación con la que Pérez Roque fue despedido del MINREX al ser destituido. Volvemos a las grabaciones de la Causa 1 (Arnaldo Ochoa y Tony de la Guardia), y al viejo dicho: quien a hierro mata, a hierro muere.

Todo esto no es concluyente, pero como fundamento para una teoría, no está mal. Cada día creo más en la teoría de la conspiración, porque así terminan los regímenes estalinistas. Pero reconozco que mi querido y viejo amigo (y colega en la "tenebra") Norberto Fuentes me ha puesto a dudar. Según él, "viejo chango no aprende maroma nueva": Fidel no puede vivir sin la confrontación, y es muy capaz de inventar una conspiración donde no la había -un "compló sobre el compló"- para construir la plataforma de su último, y quizás más aciago combate: en contra de la reconciliación con EU y hoy con Obama, a la que como desde 1959, Castro se opone porque no puede vivir sin conflicto. De eso hablaremos la semana entrante, en la víspera de la Cumbre de Trinidad y Tobago.

martes, 3 de marzo de 2009

No cualquier peón de ajedrez

Fidel decidió tomar posición en la partida. Un día después que el actual Presidente cubano, Raúl Castro, hiciera profundos cambios en su gabinete -que incluyó la salida del canciller Felipe Pérez Roque y del artífice de los cambios económicos de los 90 Carlos Lage-, sin mediar alguna explicación, aparte de aquella justificación oficial de que “hoy se requiere una estructura más compacta y funcional” en el aparato del Estado, el aparentemente retirado líder de la Revolución Cubana publicó una nueva reflexión.

En ella enfrenta las afirmaciones que se han hecho de que los cambios ministeriales realizados sacan cuadros fidelistas y ponen a elementos raulistas. Fidel Castro sostiene que “la mayoría de los que fueron reemplazados nunca los propuse yo. Casi sin excepción llegaron a sus cargos propuestos por otros compañeros de la dirección del Partido o del Estado. No me dediqué nunca a ese oficio”. Pero después sostiene que los cambios del lunes sí le fueron consultados. “Los nuevos ministros que acaban de nombrarse fueron consultados conmigo, a pesar de que ninguna norma obligaba a los que los propusieron, a esa conducta, ya que renuncié hace rato a las prerrogativas del poder. Actuaron sencillamente como revolucionarios auténticos que llevan en sí mismos la lealtad a los principios”.

Más adelante echa algo de luz de lo que parecen ser las razones de algunas de las destituciones. Fidel dice supuestamente de Lage y Pérez Roque que: “La miel del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno, despertó en ellos ambiciones que los condujeron a un papel indigno”. Y a continuación lanza un mensaje al aquel exterior deseoso de entenderse con la Cuba de Raúl. “El enemigo externo se llenó de ilusiones con ellos”, escribió.

Con este nuevo comentario Fidel pareciera aclarar que él aún no es pasado. Que buscará seguir activo. Y que al él nadie lo saca de la partida de juego, porque aún es un peón vivo en el medio del tablero que en cualquier momento llega al fondo y se transforma en reina.

lunes, 2 de marzo de 2009

El fin de la transición

Raúl Castro buscaba tener un período de consolidación antes de actuar. Por eso habría renovado el gabinete recién un año después de quedar al frente -formalmente- de la administración de Estado cubano. Y lo ha hecho con fuerza, sacando de la primera línea a dos hombres clave del gobierno de Fidel (junto con una decena de cambios ministeriales y de la fusión de algunas carteras), para demostrar que no hay vuelta atrás.

El gobernante cubano necesitaba comprobar en estos meses que su hermano estaba retirado de las funciones ejecutivas, ya que su presencia aún era (y es) poderosa. Y para eso mismo debe haber enviado aquellas muestras de reforma, no para sondear al pueblo cubano sino a Fidel. Además Raúl necesitaba consolidar su poder en el aparato, algo que aún controla -al menos en los papeles- Fidel, y detectar los posibles focos de rebelión futura. Y por último necesitaba sentir que el mundo -con un Obama en la Casa Blanca, con una Rusia fortalecida y una América Latina interesada en entenderse con La Habana- entendía que él era el hombre a cargo y no el Michael Corleone en proceso de aprendizaje bajo los influjos del Don.

La salida de Felipe Pérez Roque de la Cancillería cubana había sido cantada en agosto de 2006 por Norberto Fuentes. "Demasiado brutal para tenerlo de canciller en unas circunstancias que prometen una diplomacia de sonrisas y amabilidades, aunque en dependencia desde luego de que la presión internacional se mantenga en su nivel actual", dijo entonces el autor del La autobiografía de Fidel Castro. Pérez Roque saltó del Grupo de Apoyo de Fidel al Minrex en 1999 para reemplazar a Roberto Robaina, por culpa de la guerra de Kosovo.

Pero el relevo de Carlos Lage como secretario del Consejo de Ministros es la mayor muestra de que Raúl está al frente en propiedad y que está dispuesto a emprender sus propios derroteros, marcar su ritmo, imponer su estilo y dejar su huella. Lage es reconocido mundialmente como el responsable de conducir el proceso de reformas y apertura económica que, en los 90, el gobierno de Fidel puso en marcha para paliar la crisis provocada por la desaparición de la Unión Soviética.

Ahora falta saber por donde irá esa conducción y quien ocupará en los hechos el rol que tenía Lage, la cara amable y responsable del régimen en el exterior.

La remodelación del gabinete cubano, que fue anunciada en un comunicado por televisión oficial, se produce mientras en Estados Unidos se está debatiendo la idea de suavizar el embargo que Washington impuso a Cuba hace ya 45 años. Un debate que estaría teniendo sus efectos en el diario El Nuevo Herald con la renuncia de su director, Humberto Castelló, y los despidos de los periodistas Benigno Dou, Tony Espetia y Andrés Reynaldo.