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domingo, 20 de septiembre de 2009

Una tarde en la plaza


Fue un recital inolvidable, en una plaza inolvidable, en una ciudad inolvidable, con una selección de protagonistas inolvidable. Pese a los resentidos de siempre, sin duda nadie -digo nadie- lo olvidará.

domingo, 5 de abril de 2009

Un chileno inexperto en La Habana

Uno sale con algunos recuerdos bastante deshilachados desde La Habana. Por ejemplo, que se pueden tomar siete mojitos en el día sin emborracharse. Que José Martí, a juzgar por la estatua del Parque Central, es igualito a José Manuel Balmaceda. Que Guantanamera es una canción que siempre me ha gustado y no lo sabía. Que fumar un habano sin saber fumar te hace tira la garganta. Que la Bodeguita del Medio es inmensamente chica.

En fin. Habría que decir que se llega a la capital cubana con cierta ansiedad. Alguien que nunca antes ha estado aquí tiende a fijarse en todo: primero en el aeropuerto que es como el aeropuerto de Santiago de los 70 y luego en los letreros de propaganda revolucionaria regados en la carretera. Por la ventana del minibús se leen cosas como ésta: "La libertad no se puede bloquear. Aquí no hay miedo". Otra: "8 horas de bloqueo equivalen a los materiales para reparar cuarenta círculos infantiles". ¿Círculos infantiles? "Son como sus jardines infantiles", me dice Navor, el guía del grupo. Hay varios mensajes en el mismo tono: "Dos horas de bloqueo equivalen a todas las máquinas de braille del país". "Tres días de bloqueo equivalen a todos los útiles escolares de un curso completo". Y así, uno tras otro, y vamos sacándoles fotos hasta que es evidente que da lo mismo, porque van apareciendo cosas mejores.

Para ver el resto de la crónica de Gazi Jalil pinche aquí.

sábado, 28 de febrero de 2009

Yo pisaré las calles nuevamente

Fidel Castro "fue a caminar por La Habana", aseguró la noche del viernes el Presidente venezolano, Hugo Chávez, y agregó que él había visto fotos de ese "milagro", del que no hubo ningún registro por indicación del propio líder de la Revolución Cubana, quien está retirado de la vida pública por una crisis intetinal desde julio de 2006. "Fidel Castro, que mucha gente ha estado diciendo que ya estaba en su fase final, nos sorprendió a todos y ¿saben qué hizo? (...) Se fue a caminar. Fidel salió. Y lo veían, ¡pero es Fidel, caminando por La Habana! Un milagro. La gente lloraba", narró Chávez en un acto público. "Claro, él lo planificó para que no quedara registro de nada. Hay unas fotos, que yo las he visto", sostuvo el gobernante venezolano quien visitó a Castro hace una semana. Para leer más pinche aquí.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Allende en medio de la tormenta

Un auto intenta avanzar por una inundada calle habanera, bajo los efectos de la tormenta tropical Gustav. Foto distribuida el martes por la agencia France Presse.

viernes, 2 de mayo de 2008

La Habana de Raúl

La ciudad no es la misma. Desde que Raúl Castro ocupa con propiedad el puesto de Presidente de Cuba, el 24 de febrero (y quizá desde antes también), sus anuncios y cambios parecen haber mejorado la vida cotidiana de los habitantes de la capital. Esto al punto de notarse en el rostro de los habaneros. Como es de costumbre, no hablan mucho de política. Pero ahora muy pocos se refieren a Fidel Castro, y son muchos los que reconocen su esperanza en la gestión de Raúl. De todas formas, lanzan frases como que no quieren nada con el capitalismo y que no quieren que nadie de Miami vaya a meterse en sus asuntos e intente gobernarlos.

Hasta el paisaje de La Habana parece renovado. Las calles están más limpias y los nuevos buses Yutong, de procedencia china y que han sacado de circulación a los odiados “camellos” (camiones con un trailer adaptado para llevar a cientos de pasajeros, propios del período especial), han ayudado a que los cubanos tengan un semblante más alegre, relajado y menos sudado. Sí. Esta nueva fase -que no sabemos cuánto durara- permite ver a habaneros vestidos de chaqueta y corbata, sin que sea una tortura bajo el sol del Caribe, en parte, gracias al flamante transporte público.

Incluso, un elemento característico de todos los años de la era de Fidel, ha comenzado a perder protagonismo. La propaganda gráfica, en cada cuadra, en cada muro despejado o en cada cartel oficial ya no es omnipresente. Ya no se ve la consigna revolucionaria a cada vuelta de la esquina. Ni el rostro de Fidel (al que se había sumado el de Hugo Chávez, últimamente) convocando a todos y a cada uno a “hacer revolución” en cada barrio. La mano y el estilo de Raúl Castro son claros. Su escaso interés por figurar (demasiado), que algunos interpretan como su gusto por operar desde las sombras, se percibe en cada rincón, en cada calle.

El contrapunto entre los hermanos Castro es inevitable. Mientras uno se preocupaba más por su poder, por su lugar en la historia, por sus batallas, y (como no) por su salud, el otro, siempre ha sido el gran organizador, preocupado del bienestar de sus subalternos, de su tropa y ahora de sus ciudadanos, aunque con escaso interés por el propio estado físico, ya sea en costumbres y aficiones. Como no, eran el número 1 y el número 2. Y La Habana comienza a notar que se están invirtiendo las posiciones.