domingo, 28 de septiembre de 2008
sábado, 27 de septiembre de 2008
Toque de alerta
Fidel ya está hecho un adicto a la escritura. Claro, consecuencia directa de su obligado alejamiento de las grandes explanadas repletas de seguidores. Incluso él de alguna manera lo reconoce en su mensaje de ayer: “No deseaba escribir una tercera reflexión consecutiva, pero no puedo dejarla para el lunes”. En su nuevo comentario opone a George W. Bush con su campeón, Hugo Chávez. Pero por sobre todo Castro lanza la alerta sobre el peligro que corre el Presidente venezolano. “El imperialismo trata de liquidarlo políticamente o eliminarlo a cualquier precio, sin reparar en que su muerte constituiría una catástrofe para Venezuela y para la economía y la estabilidad de todos los gobiernos de América Latina y el Caribe”. Así mismo recuerda el encuentro de esta semana. “Durante su última visita discutimos sobre la magnitud del apoyo que ya nos brinda y el que desea brindarnos, y nuestra sugerencia de que concentre el máximo de recursos posible en la batalla interna que hoy libra contra la ofensiva mediática y los reflejos condicionados sembrados durante muchos años por el imperialismo”. Fidel Castro sostiene que en las elecciones regionales y municipales del 23 de noviembre en Venezuela “la batalla que se libra es de gran trascendencia, y no deseamos que el apoyo a Cuba sea tomado como pretexto para golpear a la Revolución Bolivariana”.
viernes, 26 de septiembre de 2008
El Aguafiestas
Crónica incluida en el más reciente libro de Norberto Fuentes, El último disidente. El texto íntegro se puede descargar desde este blog.MIERCOLES 29 DE AGOSTO, 2007
La estructura ha demostrado su solidez. Después de un año de ausencia de Fidel Castro en el Puesto de Mando, el nivel de ataque a absorber se mantiene en la misma zona de despliegue que se le permite: el de la retórica, y su tendencia permanente es a menguar. Desde los últimos encuentros armados, allá por los lejanos 60, el país no ha conocido ningún peligro verdadero de desestabilización —ni interno ni procedente del exterior. De todas maneras va a haber el peligro de las primeras 72 horas luego del anuncio oficial de la muerte de Fidel. Tendrán que acuartelar, de rigor, a las unidades militares y policíacas. Siempre puede existir un loquito que cree llegado su momento para arrastrar a un comunista del vecindario. Lo probable es que hagan una recogida primero. Y ésa, en mi opinión, será la primera verdadera señal antes del anuncio. De cualquier manera todos los potenciales cabezas locas han sido visitados y advertidos desde hace rato. Y a nadie le quepa la menor duda de que le van a pasar los tanques por arriba a cualquiera. La famosa Operación Estrella de neutralización relámpago del enemigo interno —una reproducción perfeccionada del progrom de casi medio millón de contrarrevolucionarios el 17 de abril de 1961, al unísono con la batalla de Playa Girón— está montada y lista, por lo menos, desde principios de los 80. (No duden que los yanquis tengan previsto algo semejante para Miami y que algunos cubanos conozcan el destino de los japoneses residentes en la Segunda Guerra Mundial). Después, como es de suponerse, será la búsqueda de algún bienestar económico. No apuesten todas las fichas a que se identifiquen con los modelos chinos o vietnamitas. Es el mismo cuento de la época soviética. Entonces era la tabarra del modelo soviético. Todo menos reconocer la legitimidad del proceso. Nunca vieron la verdad en relación con el Kremlin y su influencia o no en la isla. Y la única verdad es que la Revolución Cubana se inventó a sí misma. Hasta donde llega mi conocimiento no fue el KGB el que puso en el poder a Batista ni organizó los crispantes desequilibrios sociales que empujaron el país por el plano inclinado de la Revolución. En fin, que Raúl Castro, gobernante designado, y sus seguidores, han tenido más de un año para prepararse. Fidel ha sido generoso en ese sentido. Les ha garantizado, con sus trece meses (hasta el momento) de supervivencia, un tiempo precioso para lo que entre nosotros se llama “los amarres”, esto es, organizar. Ya entre ellos —calculo— habrán pensando en funerales y ceremonias. El mausoleo suyo será sin dudas en La Habana. Los tres grandes departamentos militares del país, cada uno con su raíz histórica: Raúl en Oriente (donde tiene su nicho desde hace 20 años, con nombre y todo), el Che, en el centro, donde libró su magnífica batalla de Santa Clara, y Fidel en La Habana, en Occidente, la capital de la nación y símbolo de gobierno. Al pairo y sin timón quedará tristemente, como siempre, la contrarrevolución. Tendrán sus cinco minutos de júbilo con fondo de tumbadoras en los restaurantes de la Sagüesera (el South West de Miami); luego, el eterno desplome moral. Los pobres, el embullo que tienen. Y esperen a que los yanquis corran a los Lear Jets para negociar sus jugosos contratos. Error fatal. Tampoco es el modelo. Ni la URSS, ni China, ni Vietnam, ni Bienvenido Mister Marshall. Si algo demostró el liderazgo de Fidel Castro es que todo el propósito de una Revolución es el desempeño del poder. Su obtención y retención. La industria y el comercio son asuntos secundarios. Y de que estos sean los billetes para continuar viaje en el día segundo —este dilatado día segundo— son parte de los retos a enfrentar por los herederos. Lo único que ha acumulado el bastión hasta hoy es poder. De eso es de lo que se ha tratado en todo momento. Del poder. Pero la disyuntiva del regreso, y a disponer de una generación de hombres de negocio y no de combatientes, solo es sorteable sin el correspondiente baño de sangre en el caso de que sepan aprovechar la conmoción de la muerte de Fidel. Será nuestro shock and awe, pero como un fenómeno de combustión interna. Aunque estoy persuadido de que puede dárseles el voto de confianza. Estos viejos guerreros están preparados. No han hecho otra cosa desde hace 50 años. ¿Y qué bronca han perdido?
El balance de dos tormentas
Los otros y los nuestros
Fidel Castro, en su reflexión firmada ayer, compara la nueva iniciativa de Washington con la Alianza para el Progreso, de Kennedy, y con el Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA), de Clinton. George W. Bush, en medio de la severa crisis económica que enfrenta su país, presentó la Iniciativa para el Camino a la Prosperidad en América (ICPA), una denominación “ridícula” en opinión de Castro. Pero el líder cubano además tomó nota de los 10 países del continente que se sumaron a esta iniciativa y marcó una línea divisoria con ellos. Claro que lo hizo a la inversa, es decir, señalando los que no estuvieron. Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua, se contaron entre los ausentes. Por el contrario, los que sí permanecen arrimados a Estados Unidos fueron Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, EL Salvador, Guatemala, México, Perú y Canadá.Foto: Ernesto Che Guevara, en la reunión de Punta del Este (Uruguay) en 1961, donde Estados Unidos presentó su Alianza para el Progreso.
jueves, 25 de septiembre de 2008
Un tiempo en tono gris
No pudo haber mejor muestra del actual estilo del gobierno cubano. Acostumbrados al despliegue y carisma de Fidel Castro, el barbudo encantador de serpientes, Cuba mandó a Naciones Unidas al más gris de sus funcionarios. El vicepresidente José Ramón Machado Ventura cumplió un escuálido cometido en la sede del organismo internacional, en Nueva York, con motivo de su Asamblea General. Se trata del mejor ejemplo por el período de crisis por el que pasa Cuba. Pero no me refiero ni a la situación creada por los huracanes ni al bloqueo norteamericano. Si no al tiempo de letargo por el que atraviesa la isla, gracias a sus actuales gobernantes. Raúl Castro afirmaba hace sólo una semana que "hace falta que las personas sientan la necesidad de trabajar, y no la sentimos'', sin embargo con ese estilo de mando, sin golpes de timón y sin decisiones llamativas y novedosas, difícil resulta entusiasmarse.