Fidel Castro debe haber apagado con ganas (aunque no necesariamente con más fuerza) la velas de la torta por su cumpleaños número 82. No tanto por los saludos acostumbrados que le enviaron los jóvenes, trabajadores y deportistas cubanos o por el retrato de Simón Bolívar que le estaba haciendo llegar Hugo Chávez, si no por dos triunfos producidos al otro lado del planeta y que él recibe como si se tratara de aire fresco, en estos días de convalecencia. El primero es el logrado por el equipo cubano de béisbol en los Juegos Olímpicos de Beijing ante Japón, una verdadera revancha de la final del Clásico Mundial de Béisbol donde los nipones se llevaron el título. Sin embargo, algunas fuentes sostienen que Cuba usó la estrategia de mandar a un equipo B al mencionado Mundial, para sorprender a sus rivales en Beijing y guardar a sus mejores hombres para los partidos que disputarán en la capital china, donde esperan revalidar el título de campeón olímpico. El otro triunfo es el obtenido por Rusia en sólo cuatro días contra su vecina Georgia, barriendo (literalmente, con tanques y cazabombarderos) los intentos de Estados Unidos de asentar su influencia en las narices de Moscú, en la ruta de los oleoductos provenientes del mar Caspio. Castro debe estar pendiente de los hechos en el Cáucaso, entendiendo que con Putin definitivamente se ha despertado el oso ruso (tras la hibernación del fin de la URSS y de la era Yeltsin), el mismo que hace más de cuatro décadas le dio un fuerte espaldarazo a su revolución y se convirtió en uno de sus mejores amigos.
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miércoles, 13 de agosto de 2008
Dos victorias para el cumpleaños
Fidel Castro debe haber apagado con ganas (aunque no necesariamente con más fuerza) la velas de la torta por su cumpleaños número 82. No tanto por los saludos acostumbrados que le enviaron los jóvenes, trabajadores y deportistas cubanos o por el retrato de Simón Bolívar que le estaba haciendo llegar Hugo Chávez, si no por dos triunfos producidos al otro lado del planeta y que él recibe como si se tratara de aire fresco, en estos días de convalecencia. El primero es el logrado por el equipo cubano de béisbol en los Juegos Olímpicos de Beijing ante Japón, una verdadera revancha de la final del Clásico Mundial de Béisbol donde los nipones se llevaron el título. Sin embargo, algunas fuentes sostienen que Cuba usó la estrategia de mandar a un equipo B al mencionado Mundial, para sorprender a sus rivales en Beijing y guardar a sus mejores hombres para los partidos que disputarán en la capital china, donde esperan revalidar el título de campeón olímpico. El otro triunfo es el obtenido por Rusia en sólo cuatro días contra su vecina Georgia, barriendo (literalmente, con tanques y cazabombarderos) los intentos de Estados Unidos de asentar su influencia en las narices de Moscú, en la ruta de los oleoductos provenientes del mar Caspio. Castro debe estar pendiente de los hechos en el Cáucaso, entendiendo que con Putin definitivamente se ha despertado el oso ruso (tras la hibernación del fin de la URSS y de la era Yeltsin), el mismo que hace más de cuatro décadas le dio un fuerte espaldarazo a su revolución y se convirtió en uno de sus mejores amigos.
lunes, 11 de agosto de 2008
Raúl Castro se alinea con Moscú
Como si la Guerra Fría nunca se hubiese acabado, el Presidente cubano, Raúl Castro, tomó el domingo claro partido por Rusia en la crisis de Osetia del Sur y acusó a Georgia de haber agredido la región separatista con apoyo de Estados Unidos. Una declaración del gobierno de Cuba firmada por Castro dijo que Georgia atacó Osetia del Sur el 8 de agosto "en complicidad con Estados Unidos". "Es falso que Georgia esté defendiendo la soberanía nacional", afirmó Raúl Castro. "Las tropas rusas estaban legalmente en Osetia del Sur como fuerza destinada a garantizar la paz como conoce la opinión internacional; no cometieron ninguna ilegalidad", añadió la declaración. Cuba, un ex aliado de la Unión Soviética, ahora último está fortaleciendo sus lazos políticos y comerciales (y posiblemente militares) con Rusia. Raúl Castro dijo además que apoya la demanda de Rusia de una retirada incondicional de las fuerzas de Georgia de Osetia del Sur. "Cuba, amenazada por las fuerzas de Estados Unidos, no puede, como una cuestión de principios, aceptar un alto al fuego sin la retirada de los invasores. Si fuese atacada por fuerzas extranjeras jamás admitiría tal tipo de alto al fuego", sostuvo.
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