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miércoles, 18 de febrero de 2009

¿Caballeroso o machista?

Raúl Castro dio la supuesta razón de por qué su hermano no recibe a todos los ilustres visitantes que viajan a La Habana y por qué hace excepciones. Lo hizo hoy al despedir al Presidente de Guatemala, Alvaro Colom, después de dos días de estada en los que no fue recibido por Fidel Castro. “No puede verlos a todos, recibió a las dos presidentas porque son dos damas y así lo dijeron ellas cuando lo solicitaron. Yo le dije a la señora Cristina de Kirchner que han llegado otros presidentes y que él no puede verlos a todos, pero ella dijo ‘yo soy una dama’, en tono de broma. Pero detrás de ella vino otra dama que es la de Chile y pudo ver a las dos. Le conté la anécdota a Fidel y decidió recibirla, pero no puede recibir a todos los presidentes”.

Fidel Castro recibió a Kirchner el 21 de enero y a Bachelet el jueves de la semana pasada. Pero el ex Presidente cubano no se reunió con el panameño Martín Torrijos ni con el ecuatoriano Rafael Correa. El último presidente varón al que recibió Fidel fue al ruso Dimitri Medvedev, el 28 de noviembre. Colom esperaba entregarle personalmente al líder de la Revolución Cubana la Orden del Quetzal en Grado de Gran Collar, la mayor distinción de su país, pero debió resignarse y entregarsela a Raúl.

domingo, 15 de febrero de 2009

Las lecciones del pasado

Pasaron 36 años entre el último viaje que Salvador Allende hizo a Cuba y la visita que acaba de concluir Michelle Bachelet, y los políticos chilenos parecen haber aprendido muy poco de las lecciones que entregó el pasado sobre las precauciones que se deben tomar cuando de Cuba se habla y los cuidados que hay que tener cuando de Fidel Castro se trata. La batahola creada entre la delegación chilena y en Chile por la reflexión escrita por Fidel la tarde del jueves, después de su encuentro con la Presidenta de Chile, demuestra lo anterior. Castro sabe las pasiones que despierta su figura en el país sudamericano y no podía desaprovechar el momento que se le presentaba.

Fidel Castro todavía cuenta a su favor con las divisiones que marcaron la historia chilena, con la inocencia de una clase dirigente que se cree con pantalones largos por tener buenas notas en materia macroeconómica, y sobre todo con un legalismo exacerbado que no entiende las señales con que se mueve el mundo real.

Para nadie eran desconocidas las opiniones encontradas que despertaba el viaje de Bachelet a la isla. Opiniones que estaban marcadas por las fronteras de los años 70. Mientras la izquierda apoyaba, la DC se alineaba a la derecha pidiendo encuentros con la disidencia. Una derecha en la que uno de sus más destacados líderes viajó en 2002 a Cuba, se encontró con Castro y no dejó espacio en su agenda para el encuentro con los detractores. Incluso el ex Presidente Frei, nuevamente de candidato a la Jefatura de Estado, declaró que si él viajase a Cuba se reuniría con los disidentes. Cabe la pregunta entonces, ya que fue él quien reanudó las relaciones al nivel de embajadores con La Habana y recibió a Fidel Castro en Santiago en la Cumbre Iberoamericana de 1996, por qué no viajó entonces a la isla y aprovechó de darle cámara a la disidencia.

Una vez que Bachelet y su delegación ya estaban en La Habana, se hacían apuestas y se interpretaban las señales en torno a si sería recibida por Fidel Castro. Fidel sigue siendo una figura demasiado importante para la izquierda latinoamericana, que ha adquirido consideraciones casi míticas ahora que podría estar a un paso de la muerte. El no ser recibido implicaría ser considerado por La Habana como un gobernante de segunda categoría. El no ver a Fidel podría nublar la visita del mandatario a Cuba y ser blanco fácil de los comentarios de sus opositores. De ahí la “carrerita” de Bachelet, en medio de un acto, cuando le avisaron que Castro la esperaba. Y ahí están sus declaraciones posteriores donde no le marcó a Fidel ninguna cancha de los temas que habían hablado, si no que se limitó a decir lo bien que encontró al ex gobernante.

Aun cuando escribió un comentario muy por debajo de su nivel acostumbrado, Fidel aprovechó todos los elementos mencionados, se dio un festín con su comentario, esperó las reacciones y hasta ayer ya había escrito dos réplicas. Castro hundió su pluma en un caso sensible para Chile como es la pérdida del mar por parte de Bolivia en la guerra que enfrentó a ambos países (y a Perú) en el siglo XIX. Para las autoridades chilenas si hay un dogma ese es que la demanda marítima boliviana es un tema absolutamente bilateral (aunque ellos puedan inmiscuirse en temas internos cubanos, y reclamar por la situación de los derechos humanos). Fidel sabía en qué terreno estaba entrando. Por más que después el vicecanciller chileno dijera –y Castro lo refrendara- que eran opiniones personales.

Fidel Castro no es una persona completamente retirada. Quizá ya no cumple funciones en el consejo de ministros y en el consejo de Estado o ya no tiene un escaño en el Parlamento cubano, pero él sigue siendo el máximo dirigente de la Revolución y el primer secretario general del Partido Comunista de Cuba, en un régimen de partido único. Y aprovecha todas estas instancias a su favor, aun cuando su presencia se va reduciendo. Fidel recibe a quien le sirve a sus intereses, no al que considera en sus pensamientos. Y es él el que brinda su abrazo contaminante, cuyos efectos parecen imperecederos y se mantendrán mucho más allá de estos días. El próximo gobernante chileno que quiera pisar suelo cubano se la pensará dos veces antes de hacerlo y ojalá lo haga con los consejos que ha entregado nuevamente la historia.

viernes, 13 de febrero de 2009

Las fotos de rigor

"Él está en muy buenas condiciones, hemos conversado largo, una hora y media; como siempre, Fidel Castro se mostró muy interesado en los temas de Chile, manejando mucha información estadística, interesado por conocer el desarrollo vitivinícola, el desarrollo de nuestra economía, intercambiando experiencias de cómo ampliar las relaciones comerciales y también, sin duda, un diálogo bastante importante sobre los desafíos de la región y los que estamos viviendo los países de América Latina en el contexto de la crisis internacional", dijo Michelle Bachelet quien se reunió con Fidel Castro en una casa del barrio habanero de Siboney, según escribió el diario chileno El Mercurio.

jueves, 12 de febrero de 2009

Fidel y Bachelet

Esta misma tarde y poco después de reunirse con la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, Fidel Castro escribió una reflexión donde hace un repaso a los temas que conversó con la gobernante sudamericana, como la figura de Salvador Allende, el golpe de Estado de 1973, la Guerra del Pacífico, la situación en Bolivia y el referendo de este domingo en Venezuela. En el artículo destacó que "a Michelle le correspondió el mérito de ser electa como Presidenta de Chile por el voto mayoritario otorgado al Partido Socialista que la postuló. Por primera vez en los últimos años en América Latina una organización de izquierda había obtenido tal victoria, sin apoyo del dinero, las armas y el aparato de publicidad yanki". Castro evitó entrar en detalles y explicar que la mandataria chilena fue, en realidad, elegida con el apoyo de una coalición entre socialistas y demócrata cristianos. Eso sin contar que parece haber olvidado los triunfos de Evo Morales en Bolivia o del propio Hugo Chávez en Venezuela, por mencionar algunos ejemplos de fuerzas políticas que triunfaron ampliamente sin el respaldo norteamericano. Sobre la votación en la que Chávez se juega una nueva reelección, Fidel se mostró confiado "en que en Venezuela la Revolución obtendrá la victoria, y en Chile vencerá definitivamente el ideal del socialismo, por el cual luchó y dio su vida Salvador Allende". Concluyó su comentario con palabras de buena crianza: "De estos temas conversé con Michelle Bachelet, quien me hizo el honor de escucharme con interés, conversar cálidamente y expresar con amplitud sus ideas. Estaré siempre satisfecho de su amistosa visita".

miércoles, 11 de febrero de 2009

Bachelet inicia su histórica visita

En su primera jornada de visita de Estado a Cuba, la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, fue recibida este miércoles por Raúl Castro en el Palacio de la Revolución. Se trata de un viaje altamente simbólico, ya que un gobernante chileno no pisaba tierra cubana desde que en 1972 lo hizo Salvador Allende, y que tiene el objetivo declarado de fomentar la "integración y el diálogo". Ambos gobernantes mantuvieron conversaciones oficiales antes de asistir a la firma de varios acuerdos.

Más temprano, Bachelet -quien llegó la noche del martes procedente de Honduras- depositó una ofrenda floral ante el Monumento al poeta y héroe nacional cubano, José Martí. Posteriormente, visitó el Memorial José Martí en la Plaza de la Revolución. A eso del mediodía asistió a la firma un memo de entendimiento en materia de colaboración biotecnológica, en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). El objetivo de dicho acuerdo explora "la posibilidad en el futuro de cooperar para efectivamente hacer transferencia tecnológica, identificar, hacer estudios conjuntos y poder tener un trabajo que nos permita salir adelante en los temas de salud", explicó la mandataria.

La Presidenta también sostuvo un encuentro en la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, además de inaugurar una exposición de arte cinético en la Casa de las Américas.

Tras la reunión con Raúl Castro, la mandataria chilena se entrevistó con el arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega, antes de asistir a una cena oficial ofrecida por el Presidente cubano.

En su agenda para este jueves, además de inaugurar un seminario económico bilateral y pronunciar una conferencia magistral en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, Bachelet tiene previsto inaugurar la XVIII Feria Internacional del Libro de la capital cubana, en el que Chile es el "invitado de honor".

Se espera que en algún momento de su visita se encuentre con Fidel Castro.

sábado, 10 de enero de 2009

El abrazo contaminante

Cuentan los antiguos que el arma más certera que tenía el máximo líder de la Revolución no era su fusil con mira telescópica ni sus pistolas Browning o Steichin que acostumbraba portar al cinto, sino que el llamado “abrazo contaminante”, un dispositivo circunstancial –no necesariamente de proximidad física– que le permitía anular a sus detractores, sacar del camino a sus posibles amenazas y arruinar a sus enemigos.

En estas más de cinco décadas (ya que el uso de aquel “abrazo” comienza antes del triunfo de su insurgencia en 1959), la lista de quienes se vieron afectados por este elemento, considerado por algunos como supersticioso, es prácticamente interminable. Desde presidentes de EE.UU., gobernantes latinoamericanos, líderes soviéticos, opositores políticos y los más diversos personajes que se enfrentaron o se cruzaron con el Comandante en Jefe.

“El abrazo aparentemente cordial de (Fidel) Castro para sus visitantes, sin embargo, pudo volverse pronto letal, una vez que comprendió el poder total que tenía sobre ellos”. Así se refirió sobre el tema la norteamericana Georgia Anne Geyer, en su biografía sobre el líder cubano El patriarca de las guerrillas.

Como ejemplos del efecto de este poder se destacan los casos de tres chilenos. Sin duda, el más importante es el de Salvador Allende. El político chileno viajó insistentemente a La Habana en los 60 y lo volvió a hacer cuando era Presidente, y siempre se encontró con Castro. La contaminación, eso sí, se empezó a notar tras la larga visita del dirigente isleño a Chile a fines de 1971, tras la cual comenzó el declive y el período más complejo del gobierno de la Unidad Popular, que terminó en el golpe de Estado de 1973 y la muerte del mandatario. Para el máximo jefe de la Revolución Cubana, Allende y su vía pacífica al socialismo, representaba una amenaza para su apuesta política y su liderazgo continental.

En febrero de 2002, el líder de la derecha chilena y quien aparecía como el seguro ganador de las elecciones presidenciales, Joaquín Lavín, hizo una apuesta arriesgada y viajó a La Habana, ocasión en la que se encontró en dos oportunidades con el entonces Presidente cubano. Algunos podrán decir que el destino y la derrota de Lavín en los comicios de 2004 pudieron estar determinados por el desgaste del candidato y/o por la aparición de un rival fuerte del mismo sector político, como fue Sebastián Piñera. Pero no se deben descartar los efectos de su paso por las calles habaneras.

Norberto Fuentes, autor de La autobiografía de Fidel Castro, escribió en marzo de ese año un artículo en el que analizaba el viaje de Lavín, y lanzaba algo que ahora parece una profecìa. "Desde luego, debemos pensar que alguien en Chile esté queriendo dañar el futuro político de Lavín, colocándolo a la distancia de captura del abrazo contaminante. Fidel conoce que el talón de Aquiles de la política chilena reside en sus ofuscamientos legalistas. En este terreno Fidel tiene la experiencia de haber lidiado con un Chile mucho más difícil, que fue el de Allende, y contribuyó decisivamente a derrocarlo con uno de esos abrazos, pero uno largo, muy largo, interminable".

“Bobito” y “"nuevo testaferro de Estados Unidos en la región", fueron los calificativos que Fidel Castro usó para referirise a José Miguel Insulza, entonces ministro chileno del Interior y recién elegido secretario general de la OEA, en mayo de 2005. El enojo del gobernante cubano se debía a los comentarios de Insulza quien sostuvo que la OEA debía promover la democracia en todos los países, incluyendo Cuba. Para nadie es un secreto que el chileno -quien se encontró con Castro en enero de 1996, en Cuba, cuando era canciller- buscaba el cargo en ese organismo regional, como un trampolín para de ahí saltar a una candidatura presidencial y llegar así a La Moneda. Se desconocen los alcances del contagio del que hemos escrito y si este se puede extender por medio su hermano, Raúl Castro, pero resulta llamativo que pocas semanas después que Insulza se reuniera en Costa do Sauípe (Brasil) con el nuevo Presidente cubano –en un hecho inédito entre un secretario general de la OEA y un dirigente isleño, considerando que Cuba fue expulsada de ese organismo en 1962-, el chileno desistió de su candidatura presidencial y asumió su fracaso político.

No está claro si los efectos de ese dispositivo están aún vigentes, por lo que se ignora si la Presidenta Michelle Bachelet, quien el próximo mes realizará una visita a la isla, se podría ver bajo el influjo de ese “abrazo”. Tal vez no sería malo si antes de viajar, de reunirse con el actual Presidente y ante la posibilidad de un eventual encuentro con el Comandante en Jefe, la gobernante chilena busca los consejos, la ayuda y, si se puede, la protección de un sacerdote yoruba.

FOTO: Fidel Castro abraza al cosmonauta Yuri Gagarin.

jueves, 8 de enero de 2009

La disidencia en la agenda

La Presidenta Michelle Bachelet tiene programado hacer un viaje que ninguno de los tres gobernantes que vinieron después de la dictadura de Pinochet, se atrevió a hacer. A mediados de febrero y con motivo de la Feria del Libro de La Habana, que en esta versión tendrá a Chile como país invitado, Bachelet desembarcará en la capital cubana para romper con un tabú de la política chilena. Ello después de 36 años de que el Presidente Salvador Allende hiciera su último viaje a la isla. Y lo hace en un escenario cambiado, con Fidel Castro alejado del ejercicio público y con Raúl Castro con el control cabal del país y de las riendas del poder. Sin embargo, voces de la derecha y de la Democracia Cristiana (oposición y coalición gobernante, respectivamente) han exigido que la Presidenta marque en su agenda reuniones con la disidencia cubana interna. Unos encuentros que sólo podrían tener algún efecto en el escenario político interno chileno, y ninguno en el juego cubano.

Son los gobiernos (de países europeos y latinoamericanos) que han mantenido negociaciones y conversaciones tranquilas y alejadas de las cámaras y de toda estridencia, los que han podido conseguir beneficios para los disidentes y su difícil apuesta. Por el contrario, aquellos que quisieron asumir una postura de enfrentamiento con La Habana y que, haciendo oídos sordos a las exigencias oficiales cubanas, se encontraron con la discrepancia política, se estrellaron en un muro y todos sabemos como terminaron. Estoy pensando en Aznar, de España, y en Fox, de México. En ambos casos, concluyeron sus gobiernos abiertamente desprestigiados, y sus esfuerzos en pro de la disidencia cubana, tuvieron un precio demasiado alto para sus supuestos beneficiarios. Fox quedó trasquilado tras el escándalo de la cumbre de Monterrey de 2002, cuando le pidió a Fidel que se fuera después del almuerzo para no encontrarse con Bush ("me acompañas a la comida y de ahí te regresas", dijo el mexicano en las grabaciones reveladas por Castro). Aznar, como aliado incondicional de Bush en su guerra en Irak, quedó como embustero cuando culpó a ETA de los atentados de marzo de 2004, pese a que todos sabían que los responsables eran otros. Mientras que la disidencia cubana recibió un fuerte remezón en abril de 2003, cuando 75 de los suyos fueron sentenciados a condenas de prisión de hasta 25 años.

Otra cosa es el doble rasero de los mismos políticos que exigen reuniones con la disidencia cubana, pero que callan cuando los gobiernos realizan visitas o firman acuerdos comerciales con países no-democráticos, como es el caso de China (un socio demasiado importante para molestar), sin pedir ningún tipo de contacto con los grupos de oposición interna.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Bachelet en plan verde olivo

Michelle Bachelet será la primera Presidenta de Chile en visitar Cuba después que lo hiciera por última vez Salvador Allende en 1972. Ello pese a la oposición y las malas caras de algunos de los socios de la coalición gobernante chilena. Así lo afirmó el diario La Tercera en su edición de hoy. La visita se llevaría a cabo en febrero de 2009, coincidiendo con la Feria del Libro de La Habana que estará dedicada a Chile. Bachelet fue invitada a visitar La Habana apenas asumir la Presidencia, en marzo de 2006, por el Vicepresidente cubano Carlos Lage, pero no se ha logrado concretar ahora.

Chile y Cuba restablecieron relaciones diplomáticas plenas en 1995, interrumpidas tras el golpe de Estado de 1973. Según La Tercera, la Presidenta sudamericana "ha comentado en privado que considera que Chile tiene una deuda de 'gratitud' con Cuba, ya que recibió a numerosos exiliados durante el régimen militar, incluidos varios amigos suyos". Bachelet espera reunirse, aparte de con el Presidente Raúl Castro, con el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro. La gobernante viajó a la isla en dos oportunidades cuando era ministra de Salud. Y en julio de 2006 saludó al pasar al ex Presidente cubano en una cumbre de Córdova, Argentina. Pero hasta ahora no se conocen personalmente.