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jueves, 18 de marzo de 2010

Disidencia en la prensa oficial

Fue un autogol del gobierno cubano. Cayendo en su propio terreno de juego y olvidando que la mayoría de los cubanos no conoce (porque no puede o porque no quiere) las actividades o informaciones de la disidencia interna, las estaciones de televisión y radio oficiales transmitieron en la tarde del miércoles un programa donde se comentaron y atacaron las acciones de las Damas de Blanco (que protestan por la libertad del Grupo de los 75, detenidos hace siete años) y la situación de los opositores que realizan huelgas de hambre, como Orlando Zapata (fallecido el 23 de febrero) y Guillermo Fariñas (al parecer en situación crítica).

Probablemente esa edición del programa Mesa Redonda -promovida para abordar “la nueva campaña de agresiones contra Cuba”- fue la primera vez que los medios cubanos le dieron, de una manera indirecta, tribuna a los disidentes, a los que el régimen acusa de estar financiados por Estados Unidos. Y, por lo mismo, fue posiblemente la ocasión en que muchos cubanos se enteraron de la existencia esos opositores. De hecho, cuando se realizó el fineral de Zapata, los corresponsales extranjeros preguntaron a cubanos anónimos si conocían el caso del disidente que murió tras 85 días de huelga de hambre y cuyo fallecimiento provocó una enorme reacción internacional. “¿Zapata? ¿Qué Zapata?...”, fue la respuesta de muchos.

Por eso cuesta entender que el gobierno cubano haya querido responder a través de su prensa oficial a lo aparecido en los medios extranjeros, que han cubierto ampliamente y en forma destacada la situación, protestas y declaraciones de la oposición interna. Eso a menos que haya perdido su brújula y esté sin orientación.

jueves, 8 de enero de 2009

La disidencia en la agenda

La Presidenta Michelle Bachelet tiene programado hacer un viaje que ninguno de los tres gobernantes que vinieron después de la dictadura de Pinochet, se atrevió a hacer. A mediados de febrero y con motivo de la Feria del Libro de La Habana, que en esta versión tendrá a Chile como país invitado, Bachelet desembarcará en la capital cubana para romper con un tabú de la política chilena. Ello después de 36 años de que el Presidente Salvador Allende hiciera su último viaje a la isla. Y lo hace en un escenario cambiado, con Fidel Castro alejado del ejercicio público y con Raúl Castro con el control cabal del país y de las riendas del poder. Sin embargo, voces de la derecha y de la Democracia Cristiana (oposición y coalición gobernante, respectivamente) han exigido que la Presidenta marque en su agenda reuniones con la disidencia cubana interna. Unos encuentros que sólo podrían tener algún efecto en el escenario político interno chileno, y ninguno en el juego cubano.

Son los gobiernos (de países europeos y latinoamericanos) que han mantenido negociaciones y conversaciones tranquilas y alejadas de las cámaras y de toda estridencia, los que han podido conseguir beneficios para los disidentes y su difícil apuesta. Por el contrario, aquellos que quisieron asumir una postura de enfrentamiento con La Habana y que, haciendo oídos sordos a las exigencias oficiales cubanas, se encontraron con la discrepancia política, se estrellaron en un muro y todos sabemos como terminaron. Estoy pensando en Aznar, de España, y en Fox, de México. En ambos casos, concluyeron sus gobiernos abiertamente desprestigiados, y sus esfuerzos en pro de la disidencia cubana, tuvieron un precio demasiado alto para sus supuestos beneficiarios. Fox quedó trasquilado tras el escándalo de la cumbre de Monterrey de 2002, cuando le pidió a Fidel que se fuera después del almuerzo para no encontrarse con Bush ("me acompañas a la comida y de ahí te regresas", dijo el mexicano en las grabaciones reveladas por Castro). Aznar, como aliado incondicional de Bush en su guerra en Irak, quedó como embustero cuando culpó a ETA de los atentados de marzo de 2004, pese a que todos sabían que los responsables eran otros. Mientras que la disidencia cubana recibió un fuerte remezón en abril de 2003, cuando 75 de los suyos fueron sentenciados a condenas de prisión de hasta 25 años.

Otra cosa es el doble rasero de los mismos políticos que exigen reuniones con la disidencia cubana, pero que callan cuando los gobiernos realizan visitas o firman acuerdos comerciales con países no-democráticos, como es el caso de China (un socio demasiado importante para molestar), sin pedir ningún tipo de contacto con los grupos de oposición interna.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Con familia y todo

Bastó una sola pregunta para borrar la sonrisa que ya se había hecho característica en Raúl Castro durante su viaje al exterior. Algo como ¿qué hay de los disidentes presos? fue lo que escuchó el Presidente cubano en Brasil y de inmediato contraatacó. "Esos prisioneros (los disidentes) (...) ¿quieren soltarlos?, que nos lo digan, se los mandamos para allá (EE.UU.) con familia y todo. Que nos devuelvan a nuestros cinco héroes. Es un gesto de ambas partes", afirmó Castro. Raúl hablaba de los cinco agentes cubanos, presos en Estados Unidos desde 1998 y condenados en 2001 por espionaje. Hubo respuesta desde Washington, pero con muy validez, considerando que se trató de palabras emanadas por funcionarios que esta haciendo sus maletas a la espera de la llegada de la Administración Obama.