jueves, 12 de febrero de 2009

Fidel y Bachelet

Esta misma tarde y poco después de reunirse con la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, Fidel Castro escribió una reflexión donde hace un repaso a los temas que conversó con la gobernante sudamericana, como la figura de Salvador Allende, el golpe de Estado de 1973, la Guerra del Pacífico, la situación en Bolivia y el referendo de este domingo en Venezuela. En el artículo destacó que "a Michelle le correspondió el mérito de ser electa como Presidenta de Chile por el voto mayoritario otorgado al Partido Socialista que la postuló. Por primera vez en los últimos años en América Latina una organización de izquierda había obtenido tal victoria, sin apoyo del dinero, las armas y el aparato de publicidad yanki". Castro evitó entrar en detalles y explicar que la mandataria chilena fue, en realidad, elegida con el apoyo de una coalición entre socialistas y demócrata cristianos. Eso sin contar que parece haber olvidado los triunfos de Evo Morales en Bolivia o del propio Hugo Chávez en Venezuela, por mencionar algunos ejemplos de fuerzas políticas que triunfaron ampliamente sin el respaldo norteamericano. Sobre la votación en la que Chávez se juega una nueva reelección, Fidel se mostró confiado "en que en Venezuela la Revolución obtendrá la victoria, y en Chile vencerá definitivamente el ideal del socialismo, por el cual luchó y dio su vida Salvador Allende". Concluyó su comentario con palabras de buena crianza: "De estos temas conversé con Michelle Bachelet, quien me hizo el honor de escucharme con interés, conversar cálidamente y expresar con amplitud sus ideas. Estaré siempre satisfecho de su amistosa visita".

miércoles, 11 de febrero de 2009

Bachelet inicia su histórica visita

En su primera jornada de visita de Estado a Cuba, la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, fue recibida este miércoles por Raúl Castro en el Palacio de la Revolución. Se trata de un viaje altamente simbólico, ya que un gobernante chileno no pisaba tierra cubana desde que en 1972 lo hizo Salvador Allende, y que tiene el objetivo declarado de fomentar la "integración y el diálogo". Ambos gobernantes mantuvieron conversaciones oficiales antes de asistir a la firma de varios acuerdos.

Más temprano, Bachelet -quien llegó la noche del martes procedente de Honduras- depositó una ofrenda floral ante el Monumento al poeta y héroe nacional cubano, José Martí. Posteriormente, visitó el Memorial José Martí en la Plaza de la Revolución. A eso del mediodía asistió a la firma un memo de entendimiento en materia de colaboración biotecnológica, en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). El objetivo de dicho acuerdo explora "la posibilidad en el futuro de cooperar para efectivamente hacer transferencia tecnológica, identificar, hacer estudios conjuntos y poder tener un trabajo que nos permita salir adelante en los temas de salud", explicó la mandataria.

La Presidenta también sostuvo un encuentro en la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, además de inaugurar una exposición de arte cinético en la Casa de las Américas.

Tras la reunión con Raúl Castro, la mandataria chilena se entrevistó con el arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega, antes de asistir a una cena oficial ofrecida por el Presidente cubano.

En su agenda para este jueves, además de inaugurar un seminario económico bilateral y pronunciar una conferencia magistral en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, Bachelet tiene previsto inaugurar la XVIII Feria Internacional del Libro de la capital cubana, en el que Chile es el "invitado de honor".

Se espera que en algún momento de su visita se encuentre con Fidel Castro.

lunes, 9 de febrero de 2009

Como guerrillero sí, como médico no

Debió haber significado un golpe para el orgullo de los argentinos que escuchaban, en especial cuando se habla de una figura tan emblemática como la de Ernesto Che Guevara. El Presidente cubano, Raúl Castro, le comentó a la delegación que acompañaba a la mandataria argentina en su viaje a La Habana, en enero, que él -durante la luicha guerrillera contra Batista- no dejaba que Guevara le pusiera una mano encima como médico. "A Ernesto, como guerrillero, no hay quien lo discuta. Pero como médico, yo no me dejaba poner ni una inyección por él", dijo Raúl ante unos atónitos argentinos, según relató hoy el diario La Nación, de Buenos Aires.

jueves, 5 de febrero de 2009

La mejor película iberoamericana

La película cubana Memorial del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea es la mejor película del cine iberoamericano. Así lo determinó el sitio web español Noticine, después de dos meses de votación en la que participaron 500 personas, entre críticos, programadores de festivales, periodistas y aficionados al cine de diferentes países, quienes emitieron sus preferencias por internet con un sistema que impedía que alguien votara dos veces.

"No nos sorprendió. Siempre lideró las votaciones", explicó Jon Apaolaza, director de Noticine, citado por el diario chileno La Tercera. El periódico sostiene que la película, que el año pasado cumplió 40 años, es "considerada un clásico de gran maestría formal y una de las primeras cintas que reflexionó sobre la Revolución Cubana. El filme narra los devaneos de un intelectual burgués, que decide quedarse en Cuba mientras sus padres y su esposa emigran.

Gutiérrez Alea vuelve a aparecer en el ránking, en la séptima posición con Fresa y Chocolate, de 1994, que codirigió con Juan Carlos Tabío.

Las otras películas que quedaron entre las 10 mejores son: El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, 2006 (México/España); Los olvidados, de Luis Buñuel, 1950, (México); Ciudad de Dios, de Fernando Meirelles, 2002 (Brasil); Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar, 1999 (España); El ángel exterminador, de Luis Buñuel, 1962 (México); Estación Central, de Walter Salles, 1998 (Brasil); La historia oficial, de Luis Puenzo, 1985 (Argentina), y Doña Flor y sus dos maridos, de Bruno Barreto, 1976 (Brasil).

Norberto ya tiene pasaporte español

El consulado de España en La Habana entregó este jueves el primer pasaporte a un cubano que se acogió a una nueva ley por la cual los nietos de españoles o los descendientes de exiliados de la guerra civil o de la dictadura franquista podrán recibir esa nacionalidad. "Es un viaje de retorno de regreso a mis ancestros", comentó Norberto Luis Díaz, un médico de 38 años. El hombre fue también el primero en firmar su solicitud el 29 de diciembre cuando entró en vigencia la llamada "ley de nietos" o de "la memoria histórica". Díaz, cuyo abuelo llegó desde Canarias a la isla en 1906 y jamás volvió, indicó que viajará a España, donde se instalará a vivir. En el caso específico de Díaz y por ser médico -sus viajes al exterior están restringidos- debió pedir un documento al Ministerio de Salud. De todas maneras los cubanos que quieren viajar deben solicitar un permiso de salida, que salvo excepciones como las de médicos o científicos, suele ser otorgado en unos 15 días. La normativa fue promulgada en diciembre del 2007 y establece que los nietos de españoles pueden tomar la ciudadanía de sus antecesores. También los descendientes de exiliados de la Guerra Civil y la dictadura de Francisco Franco. El plazo concedido por la ley para el trámite es de sólo dos años -a partir de diciembre de 2008-, pero el gobierno español puede decidir extenderlo. Se espera que unos 150.000 cubanos en estos dos años se hagan con la doble ciudadanía, explicó. Por lo pronto unos 350 expedientes ya están aprobados.

martes, 3 de febrero de 2009

El mensajero

La oficial Agencia Cubana de Noticias, al informar de la muerte de Jorge Serguera, destacó en su nota que Papito, "tras el golpe de Estado de Fulgencio Batista en marzo de 1952, participó en la lucha contra la tiranía en Santiago de Cuba. Como abogado defendió a sus compañeros detenidos por los cuerpos represivos. Bajo las órdenes de Frank País realizó distintas acciones revolucionarias. Cuando los sicarios de la tiranía asesinaron al joven líder revolucionario santiaguero, Serguera intercedió por su cadáver ante el esbirro Salas Cañizares, hecho que contribuyó a rendirle tributo, particularmente por la población de la heroica ciudad". Este fragmento de La autobiografía de Fidel Castro, de Norberto Fuentes, repasa ese episodio.

Ahora tengo que reconocer —y lo hago con gusto— que mi viejo compinche de broncas estudiantiles, Papito Serguera, resultó ser uno de los abogados más audaces y valientes con que contó el Movimiento 26 de Julio en Santiago de Cuba durante la lucha contra Batista. Esto ocurrió en El gallito, donde se hacían licuados, frente al bar El Baturro y el cine Oriente, todos lugares muy importantes para la pequeña burguesía santiaguera.

Fue la tarde en que los esbirros dieron caza y mataron a Frank País a plena luz del día en la calle Padre Pico de Santiago de Cuba. Papito se dio a la tarea de localizar al teniente coronel José María Salas Cañizares, que acababa de vaciarle él mismo la Thompson en la cabeza y el pecho al joven revolucionario, para que lo autorizara, como representante de la familia País, a sacar el cadáver de la morgue y organizarle un servicio fúnebre público. Después Papito se alzó con Raúl en la Sierra Cristal y obtuvo sus grados de comandante del Ejército Rebelde. Fue nuestro más vehemente fiscal al principio de la Revolución y fusiló en abundancia.

Pero aquella tarde tenía una misión.

Papito sabía que el coronel acostumbraba a tomarse un batido de trigo y leche en un cafetín al fondo de una calle muy inclinada que desemboca en el puerto de Santiago, la calle Enramada. La calle, que era el centro comercial de la ciudad, estaba desierta a las 3 de la tarde y Papito vio desde lejos el Buick Roadmaster negro erizado de antenas de comunicación por microonda y con matrícula oficial. Afuera, recostado al maletero, estaba un solo hombre, con uniforme de policía. Papito lo reconoció. Otro asesino. Candado. El chofer de José María. Papito se le acercó a Candado y le preguntó:

“¿El coronel está allá adentro?”

Candado, inmutable, lo observó de arriba abajo pero sin tomarse mucho trabajo en su checo visual, y por toda respuesta se limitó a asentir con un apenas perceptible movimiento bascular de su cabeza. Papito entendió los dos significados de ese movimiento. Que, efectivamente, el coronel estaba adentro y, que, sí, podía pasar a verlo.

El coronel iba por su tercer vaso de batido de trigo. Dos vasos usados se acumulaban a su derecha. Estaba sentado en una banqueta giratoria y era el único cliente. El empleado encargado de preparar los batidos leía una revista de historietas. Los dos en absoluto silencio. Había unas monedas sobre el mostrador, las que indicaban el propósito del alto oficial de pagar por su consumo. El teniente coronel procedió a su vez con un rápido y apenas perceptible chequeo visual que le hizo concluir a Papito que aquel hombre no era ningún cobarde y que, peor aún, parecía contener a duras penas una sonrisa de burla.

“Coronel, permítame presentarme. Yo soy el doctor Jorge Serguera Riverí. Represento a la familia de Frank País. Ellos me han comisionado para que le solicite autorización. Quieren retirar el cadáver de la morgue. Y quieren organizarle un servicio fúnebre”.

Sin apartar la vista de su vaso, hizo una pregunta:

“¿Qué funeraria?”

“La funeraria Bernabé”.

Dejó reposar el vaso sobre el mostrador. Se mantuvo sin mirar a Papito. Entonces asintió. Volvió a tomar el vaso. Quedaba la mitad del batido.

Papito consideró conveniente confirmar el resultado de la negociación.

“Entonces, coronel, doy por entendido que usted me autoriza a recoger el cadáver y a poder celebrarle un funeral”.

El teniente coronel José María Salas Cañizares giró por primera vez sobre su banqueta y miró fijamente a Papito mientras volvía a asentir. Entonces giró de nuevo a la posición anterior de la banqueta.

Papito había casi ganado la puerta y estaba a punto de salir del local cuando el vozarrón autoritario de José María lo detuvo en seco. Volvió a enfrentarse con el rostro de piedra de aquel hombre, que finalmente lo miraba de lleno y que le preguntó:

“¿Cómo tú me dijiste que tú te llamabas?”

“Jorge Serguera Riverí”, dijo Papito.

“Papito, ¿no?”

Papito no respondió.

“Así que entonces tú eres Papito. El famoso Papito”.

El oficial trasladó el vaso a la mano izquierda y entonces le apuntó repetidas veces con el índice y le advirtió:

“Pues tú eres el próximo”.

No respondió.

“Él es el próximo”, escuchó Papito que el coronel le decía al empleado.

Muere Papito Serguera

El emblemático comandante del Ejército Rebelde, ex embajador cubano en Argelia y conocido como el fiscal de la Revolución, Jorge "Papito" Serguera Riverí, falleció a las 5 de la madrugada de hoy en La Habana. Serguera, quien peleó en el Segundo Frente (es decir, era un hombre de Raúl Castro) y fue un gran amigo del Che Guevara, fue presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) y jefe del INRA en Camaguey. Había sido tildado como uno de los censores del llamado "quinquenio gris", a comienzos de los 70. Serguera, quien hace algunas semanas habría sido operado por problemas al colon, permanecía retirado hasta que a fines de 2006 fue entrevistado, conversación que fue ampliamente divulgada por internet. Su breve aparición desató una serie de especulaciones en la escena cubana sobre una posible reedición de aquel quinquenio. Sin embargo, no pasó de eso. En sus respuestas, ciertamente audaces, Papito no evitó ninguna pregunta, y -sin eludir responsabilidades- dejó claro que él cumplía órdenes para actuar como lo hizo.

Sólo en diciembre pasado, Papito Serguera publicó en España el libro Che Guevara: La clave africana, donde analiza la figura del argentino-cubano, la guerrilla en Africa y la memoria histórica. El mismo destaca que "este libro no debió ser publicado, probablemente no debió ser escrito, pues mucho de los eventos narrados forman parte de los secretos del Estado cubano". El texto, que lleva un subtítulo más directo: Memorias de un comandante cubano, embajador en la Argelia postcolonial, "me salió de golpe, primero como reacción impulsiva y luego como necesidad de exteriorizar el modo en que vi los hechos de que se me hizo responsable de distinta manera y con diversas razones", escribió Serguera, quien tenía 76 años y era abogado de profesión.

Foto principal: Mediados de los 60, Papito Serguera con Faustino Pérez (de lentes). Celia Sánchez detrás. Un escolta recostado al árbol. Fidel Castro en los alrededores.