viernes, 26 de agosto de 2011

Huid despavoridos, que ahí
viene el glorioso Ejército Rojo

Desde la izquierda, en una excursión organizada por la UNEAC a la ciudad de Cienfuegos en 1980: Miguel Barnet, Pablo Armando Fernández, Norberto Fuentes y Nelson Herrera Ysla.

Por Norberto Fuentes


El discurso de Miguel Barnet por el 50° Aniversario de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) es, desde cualquier perspectiva, una mentira.

La UNEAC como sociedad de socorros mutuos (“El objetivo principal desde su creación (…) y el Congreso de Escritores y Artistas de 1961 —dice Miguel—, fue el de unir en un corpus coherente y dinámico a los escritores y artistas cubanos que vivían en un status de desamparo social y en muchos casos en el olvido”) queda establecida desde este enunciado del segundo párrafo, aunque no creo que fuera la intención primaria de sus palabras, y mucho menos que nos diéramos cuenta de la humillación implícita. Sólo se trata de cubrir con una viscosa mermelada de santidad las bondades de la institución.

Las huestes de pasadores de hambre reivindicados, que Miguel cita en su discurso (él, no; él era un niñito bien, del Vedado, creo), vinieron a la Revolución a pedir. Lo que pasa con individuos como yo, es que somos de razas diferentes. Yo —al menos— si me sumé a la Revolución, fue para combatir, y sobre todo para no perderme la experiencia, algo equivalente al paso del cometa Haley, solo dable a observar una vez en la vida. Y —me apresuro a declarar—, no existo como artista porque una institución me recuerde. Existo —y esa debe ser la norma— mientras pueda reivindicar que soy el autor de una obra. Cuando tú te pones a recoger artistas tirados por los mugrientos portales para proporcionarles un baño y un plato de potaje, no creo que por eso su obra adquiera mayor relevancia. Puede que mi metáfora parezca un poco exagerada, pero no está muy alejada de la propuesta del discurso de Barnet. Léanlo otra vez. Además de que todavía está por conocer uno de esos desamparados con una obra de relevancia entre las inmundicias de su hábitat. Si por lo menos nombrara uno.

El olvido. Qué curioso. No otra cosa le pidió Fidel Castro a Gabriel García Márquez en relación conmigo después de la Causa Número 1 de 1989. Le dijo que no me llamara más y que lo ayudara a hacer todo lo posible porque se me olvidara. Coño, si ésa es la clave. El olvido como táctica. Y después que te tengan tan olvidado como el nombre del primer indio que atisbó las carabelas de Colón, ya tú sabes —cuchilla con uno. Que ya en ese momento es el olvido como estrategia.

Henry Miller o Hemingway (con toda el hambre que ambos reclaman haber pasado en París) debieron ser rescatados por los brazos maternales de la UNEAC, de haber sido cubanos. Si bien no tendríamos hoy los Trópicos o El sol siempre se levanta, a ellos no les hubiera fallado el cheque mensual y en última instancia la UNEAC, o vaya usted a ver si el Partido, se ocuparía de hacerlos recordar por decreto.

Además de que cuentan los beneficios indudables de parte del Estado. Es decir, la puesta en marcha del mecanismo de domesticación. Vayamos al grano. ¿Se concibe un Alexandr Solshenitzin con su cheque mensual garantizado por una institución equivalente de su país? Peor aún: ¿bajo tales condiciones de mantenimiento se hubiese escrito alguna vez El Archipiélago Gulag? Una de las grandes tragedias de la sociedad artística criolla es el profundo conocimiento de la miseria en Cuba que tiene Fidel Castro. Su empeño —sin duda noble en los inicios—, de convertir el país en una creche tuvo su origen en ese conocimiento. Y es encomiable la maestría con que enseña el muñeco y lo agita ante los ojos de los intelectuales para recordarles que hay algo más temible que la censura: el hambre.

De todas maneras, había un grupito de tipos más avispados, que la Revolución no los hallaba tirados por los supuestos portales del olvido y que Fidel también supo cómo lidiar con ellos. Comprándolos, por supuesto. A casi todos los nombró en las embajadas cubanas de medio mundo (de cualquier manera había que llenar esos puestos dejados vacantes por los batistianos) y así, sin salirse del presupuesto, los alejaba de Cuba, y con el poquito de dólares que les metía en el bolsillo, los comprometía además con unas incipientes labores de inteligencia, que se supone se produzcan desde las embajadas. De ahí surgieron los Guillermo Cabrera Infante y los Heberto Padilla. Por cierto, ni una sola mención al affaire Padilla en toda la alocución de Barnet, pese a ser el más notorio de los escándalos en el mundo artístico cubano de toda su historia y haberse producido de inicio a fin bajo los auspicios de la UNEAC.

El realismo socialista. Tal es el único problema que parece haber detectado Barnet mientras revisaba la historia de la UNEAC en preparación de su discurso. Aunque quizá se está aproximando a una verdad. No tiene la menor idea de por dónde está navegando pero hay algo por ahí. Menciona el realismo socialista como un lugar común seguro y permite que su discursito escape con el buen tono de una crítica plausible. Pero suelta como al descuido que la implantación del realismo socialista en nuestros predios amenazaba. Lo que no sabe aún es que realmente había una fuerza que entraba en el juego y que no creía en ninguno de los postulados de las generaciones anteriores de artistas. Los futuros escritores cubanos se hallaban en ese momento abriendo los grasosos huacales de armamentos soviéticos y checos acabados de llegar al tiempo que se disputaban los ejemplares de Los hombres de Panfilov y La carretera de Volokolamsk, las novelas soviéticas con que la Imprenta Nacional de Cuba comenzaba a inundar el país. Fidel abasteciéndonos de armas y de libros. Fusiles M-52, metralletas Ppsha y realismo socialista a granel. Pero eso es asunto para otra crónica.

viernes, 22 de abril de 2011

Las cuentas pendientes de Washington


Publicado el 19 de abril de 2011 en la edición global de El País

El 19 de abril de 1961 dos aviones estadounidenses B-26 eran derribados en Cuba, en unos combates que podrían considerarse ya el comienzo del fin de la batalla en Playa Girón o Bahía de Cochinos. Uno de esos bombarderos caía por la acción de un Sea Fury y dos T-33 cubanos y el otro por el fuego de las baterías antiaéreas desplegadas en el central azucarero Australia, donde Fidel Castro tenía instalado su comando. Los B-26 formaban parte de la Brigada 2506, organizada por la CIA e integrada principalmente por exiliados cubanos, para entrar en Cuba y tratar de ganar a toda velocidad una cabeza de playa que les permitiera solicitar la intervención norteamericana. Pero la intentona de 1961 terminó en fracaso. Después de tres días de enfrentamientos los invasores no lograron su objetivo más inmediato (la cabeza de playa), el apoyo prometido por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) no llegó nunca por la reticencias del presidente John F. Kennedy, y la mayoría de los brigadistas fue capturada.

Los dos B-26 eran pilotados, entre otros, por cuatro norteamericanos, miembros de las Guardia Nacional de Alabama y que habían sido reclutados por la CIA en vista de su experiencia al frente de esos aparatos. Se trataba de Thomas Willard Ray, Leo Francis Baker, Riley W. Shamburger y Wade C. Gray. Los cuatro eran de la ciudad de Birmingham y forman parte del centenar de miembros de la Brigada 2506 que murieron a consecuencia del fallido desembarco en Cuba.

A 50 años de esa batalla, los brigadistas que fallecieron en esa operación no están en cementerios de EE UU. Unos porque cayeron al mar y sus cadáveres nunca fueron recuperados. Los otros siguen en Cuba por no haber sido nunca reclamados por las autoridades de Washington o por no haberse abierto una instancia de negociación al respecto con el régimen de La Habana. El Gobierno estadounidense nunca ha buscado vías para repatriar los cuerpos de aquellos que envió a pelear, a diferencia de lo que ha hecho por los combatientes muertos o desaparecidos en la guerra de Vietnam.

Por el contrario, la Administración Kennedy sí negoció con las autoridades cubanas tras los sucesos de Playa Girón la entrega de casi 1.200 hombres capturados durante la fallida invasión. Cerca de 60 fueron enviados a Estados Unidos por estar heridos o enfermos y 1.113 fueron canjeados a cambio de 53 millones de dólares en alimentos y medicinas, a fines de 1962. Incluso los exprisioneros fueron recibidos por el propio JFK en un acto en el Orange Bowl, de Miami, Florida.

Pero por los muertos no se hizo nada o casi nada. Ni siquiera sus familiares recibieron alguna pensión especial por el fallecimiento de sus esposos, padres o hijos, como reconoce el expresidente e historiador de la Brigada 2506, Esteban Bovo. Y sobre el tema de haber buscado una negociación para repatriar los muertos responde: "Nada se puede negociar con ese señor", en referencia a Fidel Castro y en abierta desavenencia con los acuerdos que sí alcanzó el gobernante cubano con la Administración Kennedy.

Este veterano explica que, de los 104 brigadistas muertos a consecuencia de los hechos de 1961 (que incluye a quienes fallecieron en los entrenamientos en Guatemala, en la travesía hacia Cuba y quienes murieron en un bote que estuvo 15 días a la deriva tras huir, después de la batalla), y aparte de aquellos cuyos cuerpos no fueron recuperados, muchos fueron enterrados en el mismo lugar donde cayeron; otros fueron sepultados en el cementerio de Jaguey Grande, cerca del central azucarero Australia, y no pocos fueron depositados en fosas comunes en el cementerio Colón, de La Habana.

Entre este último grupo se encuentran cinco brigadistas que, tras ser capturados por haberse infiltrado en Cuba en las semanas previas al desembarco de Playa Girón, fueron fusilados el mismo 19 de abril de 1961, y otros cinco invasores que fueron ejecutados el 5 de septiembre del mismo año por orden de un tribunal cubano. Asimismo, en el camposanto habanero se encuentran nueve brigadistas que murieron asfixiados cuando eran trasladados a la capital cubana en camiones cerrados.

Sin embargo, los casos que mejor reflejan el destino de los muertos de la Brigada 2506 son precisamente los de los cuatro norteamericanos de Alabama muertos cinco décadas atrás. Uno de los B-26, donde iban Riley W. Shamburger y Wade C. Gray, se estrelló en el mar, por lo que sus cuerpos nunca fueron hallados. Pero el otro bombardero cayó en tierra. Thomas Willard Ray y Leo Francis Baker habrían sobrevivido al derribo, pero fueron muertos por los milicianos, aparentemente al haberse resistido a su captura. Como sea, sus familias debieron realizar una larga lucha por recuperar sus cadáveres y por conocer las circunstancias en que habían muerto, algo de lo que nadie les informó durante años.

Así, tuvieron que pasar casi dos décadas para que la viuda y los dos hijos de Thomas Pete Ray pudieran enterrar el cadáver de su padre. Sólo en 1972 la CIA reconoció que Ray pertenecía a su plantilla. Tiempo después la familia se enteró que el cadáver del aviador estaba en un congelador en el Instituto de Medicina Legal de La Habana. Fue entonces cuando la hija de Ray, Janet Ray Weininger, reclamó el cuerpo a las autoridades cubanas, tras lo cual fue repatriado a Alabama, en diciembre de 1979.

Catherine Baker ha tenido menos suerte. Después de décadas de hacer preguntas y de golpear puertas, la esposa de Leo Francis Baker vino a obtener algunas respuestas en 1982. Sólo ese año el Departamento de Estado le comunicó que su esposo había muerto en Bahía de Cochinos y que su cuerpo estaba sepultado. Tras años de requerimientos de la viuda, el aparato diplomático estadounidense había actuado y le había solicitado a las autoridades cubanas información por el caso de Baker. La respuesta no se hizo esperar: la descripción del miembro de la Guardia Nacional de Alabama coincidía indudablemente con los de un cuerpo identificado con el número 425-E y enterrado en la manzana 5, segunda clase, fila 10, tumba 18 del cementerio de Cristóbal Colón, en La Habana. Sin embargo, no habría funeral en Birmingham. No era posible exhumarlo, ya que el cuerpo fue arrojado en algún momento a una fosa común, por lo que sería muy difícil distinguir sus restos de los de otros combatientes.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Otro mercader en camino

Por Alvaro Alba

El semanario ruso Ogoniok es todo un símbolo de la prensa rusa. Aparece por vez primera en 1879 y fue una de las publicaciones estandarte de la perestroika. En número reciente divulgó la lista de los 10 extranjeros más afamados en Rusia, convertidos a su vez en símbolos nacionales. Entre ellos están el Príncipe de Novgorod Riurik, que era nórdico y el pintor de íconos Teófanes el Griego. La germana Catalina II (Sophie Friederike Auguste von Anhalt-Zerbst); el danés Vitus Bering, explorador naval ruso cuyo nombre lleva el estrecho que separa Rusia de América, una isla y un mar en esa zona. También el español José de Ribas que llegó a ser Almirante de la Flota Rusa y fundador de la ciudad de Odessa en el Mar Negro y su compatriota Ramón Mercader del Río, el asesino de Lev D. Trotski. Este último ha ocupado un lugar relevante en la historia contemporánea soviética y ahora es un referente en la Rusia actual para castigar a los desertores.

Un Mercader es la sentencia que ha tomado el Kremlin para castigar al (o los) que se encargó (encargaron) de entregar la información a Washington sobre la amplia red de espías ilegales rusos que fueron expulsados de Estados Unidos en junio pasado. La prensa rusa ha sido explícita sobre la identidad de los individuos. El primero que se mencionó fue un tal coronel Sherbakov, vicejefe de la sección K del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) encargado del contraespionaje en esa institución y el también coronel Alexander Nicolaevich Poteev, de la sección C, que controla a los ilegales del espionaje ruso. La investigación interna comenzó en cuanto fueron detenidos los espías y todavía continúa. En la fiscalía se abrió un caso bajo el artículo 275 del Código Penal - traición a la Patria, cuya pena máxima son 20 años de cárcel. Bajo ese mismo artículo fue condenado (en ausencia) el general del KGB Oleg D. Kalugin, que vive en Estados Unidos. Tanto Sherbakov como Poteev abandonaron Rusia días antes de la detención de la red rusa. Y es que la sentencia a muerte ya había sido dictada por el primer ministro Vladimir V. Putin. El ex coronel de la KGB declaró a la prensa que la detención fue resultado de una traición y agregó que los traidores siempre terminan mal.

Las numerosas deserciones de agentes rusos a Occidente preocupa al Kremlin. Ocupa Rusia un nada halagüeño primer lugar en la lista de desertores al adversario. En la Duma piden los diputados una sesión cerrada del comité de seguridad y que comparezcan los jefes de las instituciones de seguridad, tanto exterior (SVR) como el Servicio Federal de Seguridad (FSB). Los analistas pronostican una profunda transformación en la estructura del SVR, que bien podría ser adsorbida por el FSB para ser una sola entidad, como en la época soviética. Así tienen bajo un mismo techo toda la seguridad. Un Comité de Seguridad Federal como verdadera heredera del KGB.

De cara a las gradas rusas los funcionarios del espionaje afirman que no importa que el desertor se haga operaciones cosméticas para cambiarse el rostro o el sexo; de todos modos la mano de Moscú (o de Mercader) le alcanzará. Oficialmente fue en 1959 la última vez que el Kremlin reconoció la autoría de un asesinato en el extranjero. El líder nacionalista ucraniano Stepan A. Bandera murió tras recibir varios disparos con balas que contenían cianuro. Pero en 1978 el comentarista radial búlgaro de Radio Europa Libre y la BBC, Georgui Markov, quien residía en Londres, recibía un pinchazo con una sombrilla envenenada. Los médicos forenses encontraron en el cuerpo platino e iridio. Más reciente, en el 2004, dos diplomáticos rusos fueron condenados en Qatar acusados de dinamitar el coche del exiliado presidente de Chechenia Zelimjan Yanbardiyev. En el 2006, Alexander V. Litvinenko, ex agente del contraespionaje ruso ingirió una taza de té con un ex colega en un café londinense para fallecer días después por sobredosis de polonio en el cuerpo.

Los ejemplos sobran en cuanto a los asesinatos ordenados por el Kremlin, que datan de la época de los zares y se incrementa con la instauración del sistema soviético y esa práctica no se ha perdido con la Rusia actual. Ramón Mercader del Río se ha convertido en el símbolo de la venganza del espionaje ruso. No importa lo lejano que esté el objetivo (sea en Ciudad México, Bujumbura, la capital de Burundi o Katmandú) ni el arma (piolet, cianuro, polonio, iridio o un coche-bomba) ni la nacionalidad del enviado. Y según las reglas de la Lubianka cada desertor tiene un Mercader.

Guajiros en Caracas

El diario español El País publicó hoy un reportaje con los documentos del Departamento de Estado, filtrados por Wikileaks, sobre la presencia cubana en Venezuela, un tema que por años han esquivado las voces y creíbles en Caracas. Estas son las frases más decidoras de esos cables norteamericanos:

"Delicados informes indican que los lazos de inteligencia entre Cuba y Venezuela son tan estrechos que sus agencias parecen rivalizar para conseguir la atención del gobierno bolivariano".

"El impacto de la penetración de Cuba en los servicios de inteligencia venezolanos podría afectar directamente a los intereses de Estados Unidos, ya que los servicios de inteligencia venezolanos figuran entre los más hostiles hacia Estados Unidos, pero les falta la destreza que los cubanos pueden aportar".

"La Dirección de Inteligencia y la Dirección de Contrainteligencia del MININT (Ministerio del Interior cubano) son servicios muy profesionales y capaces. Son muy eficaces penetrando en las tramas de la isla y persiguiendo a las personas que ellos creen pueden ser terroristas. De hacerse notar que para el Gobierno de Cuba, los grupos de oposición son terroristas financiados por Estados Unidos".

"Mientras el impacto económico de los cubanos que trabajan en Venezuela puede ser limitado, sus servicios de inteligencia tienen mucho que ofrecer a los hostiles servicios de inteligencia venezolanos".

Para ver el reportaje íntegro pinche aquí.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Dos islas bajo amenaza

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, se vio obligado a llamar a una importante aliada en el Congreso estadounidense y explicarle por qué elogió hace poco a Fidel Castro. Netanyahu se refirió en buenos términos a Castro luego de que éste -en una entrevista con The Atlantic- criticó al Presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, por negar el Holocausto, y dijo que Israel tiene derecho a existir como Estado judío. El primer ministro declaró entonces que las palabras de Castro mostraban "un profundo conocimiento de la historia del pueblo judío y del Estado judío". El Presidente israelí, Simón Peres, incluso le envió a Castro una carta de agradecimiento por sus comentarios (ver aquí) y donde explicó que tanto Israel como Cuba son, de alguna manera, islas marcadas y aisladas por vecinos hostiles.

Pero el elogio de Netanyahu molestó a la representante cubanoamericana Ileana Ros-Lehtinen, quien desde enero encabezará el influyente Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara. La oficina de Netanyahu dijo que "en respuesta a algunas preguntas", éste llamó a la congresista de Florida para decirle que sus elogios se habían limitado a las declaraciones de Castro sobre Israel y el Holocausto.

Lo cierto es que las diferencias entre Israel y Cuba desde la década de 1960 han estado marcadas por la lógica de la Guerra Fría y las alianzas (o por los enemigos) regionales de cada uno, por lo que los comentarios de uno y otro lado bien podrían abrir la puerta a mejorar sus contactos. Ambos países no tienen relaciones diplomáticas desde 1973, cuando Fidel Castro anunció la ruptura de los vínculos, en una conferencia en Argel, como muestra de solidaridad con el pueblo palestino y con su líder Yasser Arafat.

Sin embargo, la simpatía que expresa Fidel por los judíos bien podría estar anclada en su niñez. En vista de que sus padres no estaban casados, y que él y su hermano aún no habían sido bautizados, durante parte de su asistencia a los colegios católicos de Santiago de Cuba, los Castro fueron llamados "judíos".

martes, 26 de octubre de 2010

Los electores cautivos

Por Norberto Fuentes

El próximo cambio de consideración, o por lo menos bastante serio, de la política cubana, debe ocurrir en Miami y no en La Habana, y será dentro de muy pocos días, si un candidato republicano al Congreso es derrotado. Pero si el voto tradicional cubano logra imponerse otra vez y el aspirante republicano por el Distrito 25 de la Florida, David Rivera, se hace con el escaño, entonces la conducta política de Cuba seguirá el mismo curso de los últimos cincuenta años. Y los viejitos que mandan en la isla respirarán tranquilos —¡otra vez!—. La verdad actual, sin embargo, es que hay inquietud en el Puesto de Mando fidelista. El contendiente demócrata —Joe García— es de las pocas figuras de su partido que encabezan el favor público en su carrera en las presentes elecciones. Pero en el caso de Miami, por la abrumadora mayoría de votantes cubanos en los bolsones electorales que además diseñaron los republicanos, un tema de política internacional —Cuba, Fidel Castro (y ahora su hermano Raúl)— se convierte en el asunto principal de la campaña; se trata, pues, no que están perdiendo las casas por la maltrecha economía americana o la maldad de los bancos, y que la economía individual es insostenible, o cualquiera de los acuciosos temas locales; no, el problema es un tirano allende los mares que disfruta de su poder omnímodo, y si hay que luchar por las viviendas, más se interesan por las que perdieron en Cuba hace cincuenta años, y no de que en cualquier momento se les puede aparecer el sheriff en la puerta de la que querían comprar aquí, con orden de tirarle todos los trastos al medio de la calle. Esos bolsones electorales son huesos duros de roer. El Distrito 25 fue concebido en 2000 para beneficio de Mario Díaz-Balart, uno de los vástagos de la dinastía republicana fundada por el otrora líder de las juventudes batistianas, Rafael Díaz-Balart, y se asienta fundamentalmente en los pantanos de los Everglades, donde al decir de los vecinos «hay más cocodrilos que electores».

Fidel no es ajeno a esto, desde luego, y siempre —como tiene que estar haciendo ahora mismo— apuesta al bando que le rinde todas las ganancias: los intransigentes republicanos. El enemigo, el supuesto enemigo de siempre. Ellos disponen del discurso más conveniente. Para empezar, hablan el mismo lenguaje. No me crean a mí. ¿Ustedes no han oído a David Rivera? Bueno, traten de aguantarle un discurso por lo menos cinco minutos. Se traba con el bloqueo y su único contraargumento es calificar a su adversario de esbirro comunista. Si las cosas le salen bien a Joe García —y los sondeos de opinión así lo indican— no sólo va a ganar un político joven pero sazonado, sino que se va producir un inevitable salto de calidad en el que es el enclave más importante de los Estados Unidos en relación con el Caribe —Cuba en primer lugar—, y al menos la cuenca atlántica del continente. Y aunque García, que lleva en la lidia unos veinte años (empezó muy joven, apenas obtenido su título de abogado, como un animoso prospecto del Partido Demócrata), prefiere dedicarse a los apremiantes asuntos locales (para lo cual el cargo fue diseñado desde la época de los Padres Fundadores), él entiende la paradoja que establece la vocación de Miami por volcarse hacia un archipiélago de países vecinos, no sólo Cuba. En ellos vive la mayoría de los parientes de la actual población de esta ciudad y desde aquí surge una porción considerable de su sustento.

Es lógico a su vez que esto se convierta en una especie de dictado de una micropolítica exterior americana y que se produzca e influya en una región que, pese al habitual desdeño gringo, sigue siendo su traspatio, con todo lo que esto tiene de valor estratégico. Y en lo que a Cuba respecta, García quiere aprovechar cualquier instersticio para traspasar el sórdido muro de la política de fortaleza sitiada erigido por Fidel desde por lo menos Bahía de Cochinos ¡en abril de 1961! No se dispone a cercarse él mismo dentro de una empalizada en el condado de Dade y deja esos menesteres a los gobernantes cubanos.

En fin, que se avecinan momentos de gran incertidumbre para Fidel si no se las arregla para que David Rivera gane esta contienda. De no lograrlo, va a romperse el dañino monopolio republicano de la región, que es el que Cuba ha fomentado con delectación y entusiasmo de orfebres desde sus centros de inteligencia y actuando en una ciudad que sigue dominando emocionalmente. Esperemos por la respuesta de La Habana a Joe García. No sólo quebraría el monopolio, sino que le va a acabar de desestabilizar el discurso. Y algo peor, como lo demuestra la secuela de boberías con que Fidel Castro se ha conducido en las últimas semanas. Votar de nuevo a favor de un David Rivera es hacerlo a favor de un obstinado condotieri que ha decidido librar la batalla contra un poder que no existe. Porque Fidel Castro ya no existe, ¿verdad? Extraño que un discurso de ese tipo pueda, por inexplicable simpatía, atraer otro igual. ¡Ciudadanos, no voten de nuevo en el vacío! Y es de desear que por una vez no elijan a sus enemigos.

lunes, 25 de octubre de 2010

El Che dibujado

Una nueva versión en cómic de la vida de Ernesto Guevara llega este 27 de octubre a las librerías españolas. Se trata de Che. Una biografía gráfica (Ediciones B), de los estadonunidenses Sid Jacobson y Ernie Colón, autores de la conocida crónica en viñetas de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Más detalles.