jueves, 8 de enero de 2009

La disidencia en la agenda

La Presidenta Michelle Bachelet tiene programado hacer un viaje que ninguno de los tres gobernantes que vinieron después de la dictadura de Pinochet, se atrevió a hacer. A mediados de febrero y con motivo de la Feria del Libro de La Habana, que en esta versión tendrá a Chile como país invitado, Bachelet desembarcará en la capital cubana para romper con un tabú de la política chilena. Ello después de 36 años de que el Presidente Salvador Allende hiciera su último viaje a la isla. Y lo hace en un escenario cambiado, con Fidel Castro alejado del ejercicio público y con Raúl Castro con el control cabal del país y de las riendas del poder. Sin embargo, voces de la derecha y de la Democracia Cristiana (oposición y coalición gobernante, respectivamente) han exigido que la Presidenta marque en su agenda reuniones con la disidencia cubana interna. Unos encuentros que sólo podrían tener algún efecto en el escenario político interno chileno, y ninguno en el juego cubano.

Son los gobiernos (de países europeos y latinoamericanos) que han mantenido negociaciones y conversaciones tranquilas y alejadas de las cámaras y de toda estridencia, los que han podido conseguir beneficios para los disidentes y su difícil apuesta. Por el contrario, aquellos que quisieron asumir una postura de enfrentamiento con La Habana y que, haciendo oídos sordos a las exigencias oficiales cubanas, se encontraron con la discrepancia política, se estrellaron en un muro y todos sabemos como terminaron. Estoy pensando en Aznar, de España, y en Fox, de México. En ambos casos, concluyeron sus gobiernos abiertamente desprestigiados, y sus esfuerzos en pro de la disidencia cubana, tuvieron un precio demasiado alto para sus supuestos beneficiarios. Fox quedó trasquilado tras el escándalo de la cumbre de Monterrey de 2002, cuando le pidió a Fidel que se fuera después del almuerzo para no encontrarse con Bush ("me acompañas a la comida y de ahí te regresas", dijo el mexicano en las grabaciones reveladas por Castro). Aznar, como aliado incondicional de Bush en su guerra en Irak, quedó como embustero cuando culpó a ETA de los atentados de marzo de 2004, pese a que todos sabían que los responsables eran otros. Mientras que la disidencia cubana recibió un fuerte remezón en abril de 2003, cuando 75 de los suyos fueron sentenciados a condenas de prisión de hasta 25 años.

Otra cosa es el doble rasero de los mismos políticos que exigen reuniones con la disidencia cubana, pero que callan cuando los gobiernos realizan visitas o firman acuerdos comerciales con países no-democráticos, como es el caso de China (un socio demasiado importante para molestar), sin pedir ningún tipo de contacto con los grupos de oposición interna.

miércoles, 7 de enero de 2009

Un resumen, por favor

Raúl Castro no tiene paciencia, ganas ni tiempo para escuchar las largas intervenciones de Hugo Chávez, de la misma forma como no los tenía en los años en que su hermano, Fidel, se mandaba aquellos discursos de antología, por su extensión y por su fuerza. Quien fuera jefe de despacho de Raúl, vicecanciller y representante cubano ante Naciones Unidas, Alcibíades Hidalgo, escribe de estos detalles sabrosos del Presidente cubano en su última columna publicada el fin de semana en el diario La Tercera, de Chile. Alcibíades, quien vive en Estados Unidos desde 2002, sostiene que Raúl Castro no escuchaba "las interminables conferencias de su propio hermano, cuando éste ocupaba el cenit del escenario político cubano. A la menor oportunidad, su silla en las muchas tribunas del poder absoluto en la isla quedaba vacía durante horas, bajo el pretexto de asuntos de la más suma importancia. Las cotidianas apariciones televisivas del Comandante en Jefe no contaron nunca entre su fiel y muy cautiva audiencia con el segundo hombre de la Revolución, quien se acostumbró desde entonces a ordenar un resumen, mientras más breve mejor, de lo que dijo el Comandante", sostiene Hidalgo. Para ver la crónica pinche aquí.

lunes, 5 de enero de 2009

¿El regreso de la Primera Dama?

Al menos desde los tiempos de la Presidencia de Manuel Urrutia, en los primeros meses tras el triunfo revolucionario, que Fidel Castro detestó la figura pomposa y tradicionalista de la Primera Dama. Un cargo por añadidura, heredado de la etapa anterior y que no tenía nada que ver con un proceso de transformaciones como se estaba echando a andar en Cuba. Un odio que se agudizó en Fidel con la actuación de Esperanza Llaguno, la mujer de Urrutia, quien -según se decía entonces- llevaba los pantalones en la sociedad conyugal y en el Palacio Presidencial. La al parecer desagradable presencia de Llaguno no hizo otra cosa que acelerar la maniobra para deshacerse cuanto antes de ese Jefe de Estado (apodado como Cucharita, porque no pinchaba ni cortaba), con la estrategia de la renuncia con elástico de Castro como primer ministro, y con su titular en Revolución del 17 de julio de 1959: "FIDEL RENUNCIA".

Con Urrutia fuera, y con la señora Esperanza lejos, Castro se encargó de que el cargo de la Primera Dama quedara escondido en algún cajón de la etapa prerrevolucionaria. No había lugar para una figura tan burguesa, decorativa y paternalista (¿o maternalista?) como esa. Eso sí, puso a Vilma Espín, las esposa de su hermano Raúl, como referente femenino revolucionario al frente de la Federación de Mujeres Cubanas, la cual encabezó hasta su muerte, en junio de 2007. Es lo que más se ha parecido a la figura de la Primera Dama que existió en la etapa fidelista de la revolución.

Hasta ahora. Espín, quien murió a los 77 años víctima de cáncer, no alcanzó a ver a su esposo convertirse oficialmente en el Presidente cubano, después de más de casi cinco décadas esperando su turno, para llegar a la cumbre del poder. Quizás, de haber estado viva y en condiciones, podría haber reinaugurado el sitio ceremonial de Primera Dama. Sólo este fin de semana Raúl Castro se abrió a los recuerdos personales de su vida en común con Vilma. Algo que ni siquiera se permitió cuando se dio a conocer la muerte de su esposa: ninguna línea del comunicado oficial mencionó el vínculo sentimental y legal que había unido al número dos del gobierno cubano con Espín. Por el contrario, la noche del sábado, después de un recorrido por Santiago de Cuba, Raúl visitó brevemente el Rancho Club, donde el 26 de enero de 1959 contrajo matrimonio "y al que no había vuelto desde entonces", según afirmó Granma.

Pero a falta de esposas, buenas son las hijas. Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba y uno de los rostros amables de esta etapa de la historia cubana, ha aprovechado su carisma para aparecer frecuentemente ante los medios. Y ahora comienza a despuntar como una posible Primera Dama. Uno de los primeros indicios de esto lo entregó la Presidencia de Panamá al distribuir una foto –fechada el 4 de enero– donde Mariela aparece conversando de buena gana con la esposa del Presidente Martín Torrijos, la Primera Dama Vivian Fernández, durante la visita del gobernante centroamericano a La Habana.

domingo, 4 de enero de 2009

Hagan su casita, que se puede construir

"No prohibir, decirles, bueno aquí se puede construir, tiene tanto (de área), y deje este ancho para que por aquí pase una calle un día, y por ahí una acera, y que hagan su casita con lo que puedan". Con estas palabras el Presidente cubano Raúl Castro ordenó el domingo que se autorice a la población a levantar sus casas en forma privada sin tener que esperar que lo haga el Estado, como una forma de enfrentar el gran déficit habitacional que vive Cuba. Castro hizo estas declaraciones en Santiago de Cuba donde visitó el nuevo barrio "La Risueña", donde se han levantado unas 100 "petrocasas", viviendas producidas con derivados de petróleo y fabricadas en Venezuela.

Cuba enfrenta una grave crisis habitacional, agudizada este año por tres poderosos huracanes que afectaron a medio millón de viviendas y dejaron pérdidas por US$ 10.000 millones. Según Raúl Castro el país tardará entre tres y seis años para recuperarse de estos daños. El programa gubernamental aprobado hace tres años y medio para la construcción de 50.000 casas anuales está absolutamente sobrepasado, y se ha ido reajustando a casi la mitad.

"Aquí lo que hay que hacer es cientos de miles de casas, por eso quiero el árido y la fábrica de cemento y vamos a hacer de verdad la base industrial para desarrollar la vivienda, ¡ya está bueno, vamos a hacerla de verdad!", dijo Raúl Castro.

Es Raúl el que está al centro

Y pasaron los 50 años de la Revolución Cubana. Medio siglo de un torbellino que cambió a Cuba, a América Latina, a Estados Unidos y al mundo, y que durante todo este tiempo era sinónimo de Fidel Castro. Pero todo ya es pasado. Y la demostración de eso estuvo en los festejos del 1 de enero: no mucho que destacar, una celebración plana y un discurso central gris. Es el tiempo de Raúl Castro, de la inercia y de la espera.

Por más que algunos hayan querido creer que existía la posibilidad de una vuelta atrás, no hay caso. Fidel se ha retirado plena y definitivamente, dedicado ciento por ciento a su convalecencia, a la reflexión y al recuerdo. Ya no le queda espacio para la acción, pese al deseo contrario de sus más convencidos seguidores y a la aspiración contenida de sus más furibundos enemigos. Todos ellos tendrán que resignarse a sentarse a ver pasar las imágenes del pasado, con una mezcla de melancolía e impotencia.

Los años de la dupla castrista, la de Fidel-Raúl, aquella que montó una estructura y un mecanismo engrasado con el cual resistir a los elementos humanos y divinos, con el cual enfrentarse a las fuerzas naturales y enemigas, ya no existe. Por más que el octogenario líder revolucionario intente saber lo que pasa a costa de telefonazos o navegaciones interminables por internet (las haga él o algunos de los hombres que conserva de su team), él ya está fuera. Y Raúl se ha quedado solo en la parte más alta de la cúpula del poder; ha salido de las sombras, donde le gustaba estar, hasta ahora; ha debido colgar intermitentemente su uniforme verde olivo para ponerse la chaqueta y la corbata, todo para cumplir con su nueva función de Presidente cubano.

La comprobación definitiva de que la Revolución ya había dejado de llamarse Fidel la exhibió el propio diario Granma, en su edición del mismo día 1 de enero. Pese al mensaje del aún primer secretario de Partido Comunista de Cuba de apenas 16 (sí, dieciséis) palabras, la señal estaba en la foto que ilustraba la portada. Son los comandantes guerrilleros victoriosos desde la sede de la alcaldía de Santiago de Cuba celebrando el triunfo el 1 de enero de 1959. Sin embargo, el protagonista de esa imagen –sacada quizás de qué polvoriento archivo- no es el Comandante en Jefe. No. Es Raúl, al centro de la imagen, con la mano en alto, mientras Fidel sólo observa la escena como un actor secundario.

El hermano ha asumido el relevo en su totalidad, tomando las medidas para mantener el status quo, y ha comenzado a dar los pasos para preparar a aquellos que asumirán el mando cuando llegue el momento de su propia ausencia.

sábado, 3 de enero de 2009

Gesto por gesto, paso a paso

Se trata de un nuevo llamado del Presidente cubano al diálogo con Estados Unidos, pero esta vez algo más contenido. En una entrevista dada a conocer ayer por la televisión cubana, pero que fue grabada el 31 de diciembre, Raúl Castro, junto con creer que Barack Obama es "un hombre sincero", dijo que "estamos dispuestos a hacerlo (a discutir) cuando sea, cuando lo decidan ellos (Estados Unidos), sin intermediarios, directamente. Pero no estamos apurados, no estamos desesperados y, por supuesto -ya lo dijimos y lo dijo Fidel también desde hace años-: no discutimos con garrote y zanahoria. Ya eso pasó, ya eso era otra etapa". Pese a esto Castro señaló que Obama podrá "hacer mucho, podrá dar pasos positivos", pero no cree que cambie la política de hostilidad de Estados Unidos. "Ojalá me equivoque en mi apreciación", dijo.

"Nuestra política está definida: el día que quiera discutir, discutimos, en igualdad de condiciones, como ya he dicho, sin la más mínima sombra a nuestra soberanía y de igual a igual. Y como suele suceder o solía suceder que a cada rato venía alguien a pedir que hiciéramos un gesto, como también recibí una carta de un ex presidente que sugería que se aproximaban cambios ante las elecciones presidenciales en Estados Unidos y que era bueno que Cuba hiciera algunos gestos, con la misma amabilidad que me escribió le contesté: La época de los gestos unilaterales se acabaron; gesto por gesto", afirmó Raúl, sin aclarar a que ex presidente se refería.

viernes, 2 de enero de 2009

"EE.UU. siempre será agresivo y traicionero"

Después de tres o cuatro propuestas de Raúl Castro para negociar con Estados Unidos, formuladas en los últimos meses, el Presidente cubano parece haber puesto el freno al llamar a "los dirigentes del mañana" para que "no se reblandezcan con los cantos de sirena del enemigo (por Washington) y tengan conciencia de que por su esencia, nunca dejará de ser agresivo, dominante y traicionero".

Castro, en su discurso con el que Cuba conmemoró los 50 años de revolución y 20 días antes de que llegue a la Casa Blanca Barack Obama, dijo que el riesgo de que el socialismo cubano se derrumbe y "autodestruya" existe, y que se debe estar alertas ya que "todas las administraciones norteamericanas no han cesado de intentar forzar un cambio de régimen en Cuba, empleando una u otra vía, con mayor o menor agresividad".

El silencio de Fidel Castro para una fecha tan importante y simbólica disparó las alarmas y las especulaciones sobre su real estado de salud. El diario Granma publicó un escueto mensaje del líder de la Revolución Cubana fechado a las 7 de la tarde del miércoles 31: "Al cumplirse dentro de pocas horas el 50 Aniversario del Triunfo, felicito a nuestro pueblo heroico".